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Pastoral de las Grandes Ciudades: Pasar de ser desconocidos a ser hermanos

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Claves del arzobispo de Madrid para evangelizar en la gran urbe

Madrid es una gran urbe. Es la capital de España. Un lugar donde conviven millones de personas y donde la Iglesia tiene una gran labor y como explica su arzobispo monseñor Carlos Osoro en su carta pastoral de esta semana, debe “ser Iglesia misionera en la gran ciudad”.

Para ello pide a sus diocesanos que se haga posible una manera de vivir conforme al Evangelio “pasar de “ser islas” o desconocidos a ser “imágenes de Dios” y añade, “que  provoque en todos los que la habitan pasar de ser “desconocidos” a ser “hermanos”.

En su carta pastoral, el arzobispo de Madrid pide buscar “lugares de encuentro” donde todos son reconocidos y tratados en la dignidad que todo ser humano tiene y le ha dado como estatuto de existencia en medio del mundo Dios mismo” y muestra las palabras del Beato Pablo VI: “La Iglesia existe para evangelizar”.

En esta evangelización de las grandes ciudades, monseñor Carlos Osoro pide a todos crear una “nueva ciudad de hermanos e hijos de Dios”. “Estamos llamados a “suscitar”, “consolidar”, “madurar”, “sanar”, “afianzar”, “promover”, “dar un nuevo estatuto a la historia de los hombres con el humanismo verdadero”, afirma el prelado que pide entregarnos a “purificar y elevar la dignidad del hombre”.

La vida y la Evangelización en la gran ciudad no es sencilla, pero monseñor Carlos Osoro no se rinde y pone como ejemplo a los primeros cristianos que vivían entre “paganos y entregados a toda clase de muerte, y otros, haciéndose dioses a su medida, que no daban salvación sino esclavitud, y que anunciaban el deseo de absoluto que estaba en sus corazones”.

Monseñor Osoro pide mostrar a Dios y no prescindir de Él: “Prescindir de Él es construir “vieja ciudad”: que es “deshonesta”, donde el culto al dios-poder tiene su vigencia o el culto al dios-dinero que esclaviza y utiliza, donde una imagen deformada de Dios deforma a Dios, al hombre y la convivencia entre nosotros, pues suscita eliminaciones, muertes, irracionalismos, fanatismos y fundamentalismos”.

La cercanía, la entrega y el atravesar los caminos de la vida de los hombres que viven a nuestro alrededor son algunas de las claves que ofrece monseñor Carlos Osoro, explicando que todos los lugares son buenos para el diálogo: “Los cristianos hemos de construirlos para establecer un diálogo abierto y una comunicación de hondura con todos los hombres: todo lo que hagamos por tener lugares de encuentro con los hombres que en la gran ciudad andan y viven mucha soledad, es misión de la Iglesia”.
 

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