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Papa Francisco: Europa dejar de ser una “abuela” y vuelve a dar vida

© European Union 2014 - European Parliament CC
https://www.flickr.com/photos/european_parliament/15875079582
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El Pontífice subrayó el gran patrimonio humano de Europa pero no tolera indiferencia: “No se puede tolerar que el Mediterráneo se convierta en un gran cementerio de inmigrantes”

En un discurso histórico, el Papa Francisco ante el Pleno del Parlamento Europeo en la sede de Estrasburgo invitó a una Europa desorientada a dejar de ser una “abuela” y volver a dar vida. “Por lo que los grandes ideales que han inspirado Europa parecen haber perdido fuerza de atracción, en favor de los tecnicismos burocráticos de sus instituciones”aseguró.

El Pontífice fue recibido con gran calidez por 751 parlamentarios de los 28 países miembros de la Unión Europa que representan los intereses de 500 millones de personas. 

El Papa Francisco les exhortó a trabajar por los derechos humanos, a repeler el egoísmo y el Individualismo que además dejan víctimas entre los más débiles remarcando la soledad de los ancianos y los jóvenes ante una crisis económica y social que hace perder los orígenes de solidaridad y subsidiaridad queridos por los padres fundadores. 

En en su alocución, el Papa es directo y habla del “cementerio” en el cuál se ha convertido el mediterráneo ante la indiferencia de la Unión Europa al dolor de los migrantes que buscan un futuro mejor escapando de la guerra y el hambre. 

El primer Sucesor de Pedro venido del continente americano invitó a los líderes europeos a volver a la firme convicción de los “los Padres fundadores de la Unión Europea, los cuales deseaban un futuro basado en la capacidad de trabajar juntos para superar”:  divisiones, favorecer la paz y la comunión entre todos los pueblos del Continente y del mundo. 

En este noble propósito político nacido después del 1946, el Papa rememoró que en el centro se “encontraba la confianza en el hombre, no tanto como ciudadano o sujeto económico, sino en el hombre como persona dotada de una dignidad trascendente”.

Entretanto,  confirmó que “los intereses económicos no pueden ir contra la dignidad de la persona que significa reconocer “derechos inalienables”.

En ese momento, la platea interrumpió el discurso del Papa Francisco en un aplauso apoteósico.

La soledad 

Hablando de un hombre relacional y "no adsoluto" denunció la soledad como una enfermedad continental. “Una de las enfermedades que veo más extendidas hoy en Europa es la soledad- lamentó el Pontífice – propia de quien no tiene lazo alguno. Se ve particularmente en los ancianos, a menudo abandonados”, también  en los “jóvenes sin puntos de referencia y de oportunidades”  y “en los numerosos pobres que pueblan nuestras ciudades” y en los “inmigrantes”. 

Sobre este último argumento el Papa Francisco le jaló las orejas a la Unión. “No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio. En las barcazas que llegan cotidianamente a las costas europeas hay hombres y mujeres que necesitan acogida y ayuda”. Además, surayó que la soledad que aqueja a las personas en Europa se ha agudizado “por la crisis económica”.

Desconfianza en las instituciones, egoísmo insostenible

El Santo Padre advirtió que en la Unión Europea, “ha ido creciendo la desconfianza de los ciudadanos respecto a instituciones consideradas distantes, dedicadas a establecer reglas que se sienten lejanas de la sensibilidad de cada pueblo, e incluso dañinas”. 

“A eso se asocian – continuó-  algunos estilos de vida un tanto egoístas, caracterizados por una opulencia insostenible y a menudo indiferente respecto al mundo circunstante, y sobre todo a los más pobres. Se constata amargamente el predominio de las cuestiones técnicas y económicas en el centro del debate político, en detrimento de una orientación antropológica auténtica”.

El ser humano usado y descartado

El ser humano corre el riesgo de ser reducido a un mero engranaje de un mecanismo que lo trata como un simple bien de consumo para ser utilizado, de modo que – lamentablemente lo percibimos a menudo –, cuando la vida ya no sirve a dicho mecanismo se la descarta sin tantos reparos, como en el caso de los enfermos terminales, de los ancianos abandonados y sin atenciones, o de los niños asesinados antes de nacer.

Responsabilidad de los parlamentarios para proteger la vida 

Luego , realizó un apelo a los “parlamentarios” a preocuparse de la fragilidad de los pueblos y de las personas. “Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura, lucha y fecundidad, en medio de un modelo funcionalista y privatista que conduce inexorablemente a la «cultura del descarte” sostuvo. 

¿Cómo dar esperanza al futuro a las nuevas generaciones? 
El Papa Francisco habló de dar esperanza a las nuevas generaciones. Al respecto, realizó una metáfora de Europa y el célebre fresco de Rafael que representa la Escuela de Atenas. “En el centro están Platón y Aristóteles. “Me parece una imagen que describe bien a Europa en su historia, hecha de un permanente encuentro entre el cielo y la tierra, donde el cielo indica la apertura a lo trascendente, a Dios, que ha caracterizado desde siempre al hombre europeo, y la tierra representa su capacidad práctica y concreta de afrontar las situaciones y los problemas” afirmó.

Europa abrirse a la dimensión trascendente 

“Una Europa que no es capaz de abrirse a la dimensión trascendente de la vida es una Europa que corre el riesgo de perder lentamente la propia alma y también aquel «espíritu humanista» que, sin embargo, ama y defiende” constató. 

Entrentato, señaló que la cristiandad no atenta contra los ideales de la Unión Europea que persigue también  “la paz, la subsidiariedad, la solidaridad recíproca y un humanismo centrado sobre el respeto de la dignidad de la persona. Por ello, quisiera renovar la disponibilidad de la Santa Sede y de la Iglesia Católica”. 

A este respecto, también pidió de no “olvidar aquí las numerosas injusticias y persecuciones que sufren cotidianamente las minorías religiosas, y particularmente cristianas, en diversas partes del mundo”.

Lamentó que el silencio es complice de los extremismos de la violencia. “Comunidades y personas que son objeto de crueles violencias: expulsadas de sus propias casas y patrias; vendidas como esclavas; asesinadas, decapitadas, crucificadas y quemadas vivas, bajo el vergonzoso y cómplice silencio de tantos”. 

Diversidad 

Por otro lado, resaltó que “Europa es ‘una familia de pueblos’, que podrán sentir cercanas las instituciones de la Unión si estas saben conjugar sabiamente el anhelado ideal de la unidad, con la diversidad propia de cada uno, valorando todas las tradiciones”. 

En tal caso, recordó que la Unión Europea está construida “sobre los principios de solidaridad y subsidiariedad, de modo que prevalezca la ayuda mutua y se pueda caminar, animados por la confianza recíproca” 

El Papa Francisco invitó al Parlamento Europeo a “mantener viva la democracia de los pueblos de Europa” pero saliendo del “reino de la idea, de la mera palabra, de la imagen, del sofisma…” Y pidó, más bien “mantener viva la democracia” sin caer en “este momento histórico, que “desplazada” los derechos de las personas “ante las presiones de intereses multinacionales no universales”. 

Derechos humanos y la dignidad de la persona 

En este sentido, remarcó la importancia de los derechos humanos como resultado de un camino de “sufrimientos y sacrificios” que ha contribuido a la conciencia del “valor de la persona, única e irrepetible”. 

El Papa lamentó las “demasiadas situaciones en las que los seres humanos son tratados como objetos, de los cuales se puede programar la concepción, la configuración y la utilidad, y que después pueden ser desechados cuando ya no sirven, por ser débiles, enfermos o ancianos”.

Entretanto, cuestionó que no hay dignidad cuando las personas no pueden expresar su “pensamiento” o profesar su “propia fe religiosa”. No hay dignidad ante la tiranía, la discriminación, cuando se pasa hambre o todavía peor no hay trabajo, que “le otorga dignidad” a la persona. 

Individualismo, no confundir con derechos fundamentales 

Asimismo, habló de un uso no correcto de los derechos humanos que se confunden con los “derechos individuales” desligados de un “contexto social”. En un tipo de individualismo que “se desconecta de los demás y del bien común de la sociedad”. 

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