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​¿Por qué en misa se pasa una cesta para recolectar dinero?

© Jim Pruitt/SHUTTERSTOCK

Patricia Navas - publicado el 17/11/14

En la colecta se recogen donativos para los pobres o las necesidades de la Iglesia como muestra de compartición de los bienes y expresión de lo que cada uno ofrece de sí mismo

Hay un momento de la misa, cuando se presenta el pan y el vino que van a convertirse en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que suele pasarse entre los asistentes una cesta, bandeja,… para recolectar dinero.

¿Qué sentido y origen tiene esta colecta? ¿Es obligatorio echar dinero? ¿No distrae de la celebración o incluso puede inducir a creer equivocadamente que se está cobrando un precio por asistir a misa?

El sentido de la colecta económica de la misa es la compartición de los bienes, según el Misal Romano.

“Se ofrecen dones materiales para los pobres a los que asiste la comunidad cristiana o para las necesidades de la misma parroquia”, explica a Aleteia el experto en liturgia Jaume González Padrós.

¿Es obligatorio?

Con el gesto de pasar la cesta en el momento del ofertorio, los cristianos están llamados a añadir a su aportación espiritual al sacrificio de la misa, su aportación material. Por supuesto, siempre libremente según la propia conciencia.

“Lo que se reclama es la conciencia de cada fiel –señala García Gutiérrez-. Todo cristiano debe tener conciencia de su obligación de colaborar con la Iglesia en sus fines y sostenimiento, es un mandamiento de la Iglesia”.

Echar dinero en misa cuando pasa la cesta “no es una obligación, sino que cada uno en conciencia decide cómo puede colaborar”.

En este sentido, aclara: “No es lo mismo un fiel que está en el paro que uno que cobra tres mil euros al mes. Cada uno debe descubrir en su conciencia en qué grado debe colaborar; o a lo mejor no puede…”.

Desde los primeros cristianos

La costumbre de “pasar el cepillo” se remonta a los orígenes de la Iglesia, aunque la forma ha ido variando con el paso del tiempo.

Los primeros cristianos llevaban a misa el pan y lo ofrecían para que el sacerdote lo consagrara. De hecho, todavía hoy, en las liturgias orientales, los fieles llevan el pan, y lo que no se usa en misa, se da a los pobres.

Más adelante, en lugar de pan, la gente ofrecía otros dones para los pobres y necesitados o para la Iglesia.
También en la actualidad se recogen productos varios en determinados lugares o momentos, por ejemplo una campaña navideña. En ese caso, esos dones se colocan en un sitio apropiado fuera de la mesa eucarística.

“Hoy en la sociedad occidental, resulta más cómoda una colecta económica para las necesidades de la parroquia y para los pobres que llevar la comida”, destaca el director del secretariado de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española, Luis García Gutiérrez.

Además de las habituales, también hay colectas especiales, determinadas por las conferencias episcopales para un fin determinado de Iglesia, caritativo, de evangelización, de formación de los seminaristas, etcétera, siempre vinculado a la acción evangelizadora y pastoral y caritativa de la Iglesia.

La colecta siempre se ha realizado en el mismo momento de la misa, cuando se presenta el pan y el vino, porque está vinculada a la presentación de los dones en la Eucaristía.

Según García Gutiérrez, una vez pasada la cesta no es correcto dejarla sobre el altar –donde sólo debe haber el pan y el vino- ni tampoco llevarla a la sacristía, sino que hay que depositarla a los pies del altar como expresión de lo que cada uno ofrece de sí mismo.

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