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Tres actitudes que ayudan a educar a los niños en la sinceridad

© Sylvie Bouchard/SHUTTERSTOCK

Revista Ser Persona - publicado el 12/11/14

Cuando hagan algo malo, mejor que preguntar exaltado "¿quién ha sido?" ayuda más compartir los sentimientos, describir la situación y ayudarles a colaborar a solucionarlo

Toñito juega con su pelota en la sala de su casa a sabiendas que su mamá se lo ha prohibido. De pronto, la pelota da en un espejo cuyo cristal se rompe con estrépito. Atraída por el ruido, acude la mamá, y dirigiéndose a  Toñito se entabla un diálogo entre ellos:

–¿Qué pasa?—dice la mamá.

–¡Nada!–, responde Toñito.

–Pero… ¡¿quién hizo esto?! ¿Y el espejo roto? – insiste la mamá.

–Pues ¡Se cayó y se rompió…!—vuelve a responder Toñito.

Para el niño en su imaginación, existe la posibilidad de que el vidrio de un espejo salte en pedazos por su cuenta, dejando el marco en la pared, y supone que así lo puede explicar; pero ignora que la pelota en su mano, más que los trozos en el suelo, lo delata. Ya tiene capacidad para mentir, pero le falta la experiencia del mal, esa que le dará la capacidad para cubrir con apariencia de verdad lo que es falso. 

Esa capacidad, que al adquirirla poco a poco, le irá impidiendo vivir con la sencillez y la trasparencia que existe en la vida del hombre honesto.

Y nacerá el hombre astuto, ese que como dice la canción: “juega siempre a no perder y pierde todo al ganar”; pues al no conducirse por el camino de la verdad y la prudencia, desarrolla tal habilidad al mentir, que termina engañándose a sí mismo. Dejando de sentir el verdadero respeto y amor al prójimo; se engaña a sí mismo, engaña a los demás, y pretende hacer posible lo imposible… engañar a Dios.

Deja de reconocer a los demás como personas y a sí mismo como tal. Se cierra a la auténtica coexistencia desde su intimidad, en una tragedia personal.

Es verdad que aprendemos a mentir desde pequeños, casi por intuición, pero en el proceso de crecer y madurar en el juego correcto de nuestra libertad, debemos y podemos vencer esta inclinación, aceptando que se encuentra íntimamente relacionada con nuestros defectos, los cuales debemos enfrentar y superar, porque no van con nuestra dignidad de personas y de esta manera  allanar el camino hacia la autenticidad y la sinceridad.

¿Que cuesta? ¡Vaya si no, en más de una ocasión! Pero el costo es ínfimo si lo comparamos con el valor que la verdad tiene entre los hombres.

Pero sigamos el diálogo entre la madre y el niño:

–¡Toñito, fuiste tú!– insiste la madre.

–¡No, fue la pelota!–  replica el niño.

Vaya con Toñito, sigue tratando de evadirse, pero ignora que la pelota  no tiene los atributos de la inteligencia y voluntad con que él nació, que no es un ser libre y por lo tanto, no la puede hacer responsable de lo sucedido.

Toñito deberá aprender, ayudado por la comprensión y el cariño de sus padres, a decir siempre la verdad y ser de una sola pieza, que lo malo no es cometer errores o tener vergüenza, que lo malo es no rectificar callándonos las cosas.

Reflexionemos: ¿Qué debería avergonzarnos más: hacer algo malo o tener que decirlo? Lo primero, porque lo segundo implica una clara reivindicación del valor de la persona. Pero siendo así, entonces debemos enseñar a nuestros hijos a manifestar sus faltas y dejarse ayudar, como cuando se enferman y con tanta confianza piden nuestra ayuda.

Es muy común que los padres ante alguna acción  desagradable o incorrecta por parte de sus hijos, pregunten de manera amenazante: “¿quién hizo esto?”, para averiguar quién rompió el vidrio, quién derramo la mermelada en el suelo o quién rayó las paredes; para encontrar el nombre del culpable.

Esta pregunta no aporta nada a solucionar el problema, ya que usando esta pregunta los padres comunican que es urgente encontrar culpables y castigar, haciendo ver que importa más imponer el castigo que solucionar el problema, y aprovechar la situación para enseñar a vivir la virtud de la sinceridad, a través de lo que está ocurriendo.

La exaltada pregunta “¿Quién hizo esto?" no  da a los hijos información sobre los sentimientos y las buenas intenciones de los padres; de igual manera, no dice nada positivo  sobre el comportamiento que se espera de ellos en el futuro; se pierde la oportunidad de utilizar la situación como una circunstancia para enseñar, y  en cambio, se convierte en el preludio del castigo.

La variación de la frase: “¿Quién tuvo la culpa?”, tampoco ayuda, generalmente, si los hijos son pequeños,  se señalarán culpables unos a otros, y si son mayores, buscarán justificarse o ponerse a la defensiva, mintiendo y desencadenando situaciones de conflicto.

Una mejor actitud  por parte de los padres sería describir la situación y expresar los sentimientos al respecto: “veo roto el espejo y estoy muy enojada”

Igualmente útil es darles más información de manera que vean el error y entiendan por qué no se debe hacer: “La pelota rebota mucho, es por eso que no se debe usar dentro de la casa, sólo en el jardín”.  

Luego, sugerir la solución al problema causado, al tiempo que se busca la sinceridad y la aceptación de la responsabilidad, para dejarse ayudar:

–Quien haya sido, tiene que ayudarme a recoger, los vidrios rotos son peligrosos.

Toñito asiente con un movimiento de cabeza, y  ayuda a recoger. Con su actitud está viviendo la sinceridad, haciéndose responsable. Al final recibe un beso y aprende, en la recompensa amorosa, el valor de la verdad.

Cuando los padres comparten sus sentimientos, describen la situación y dan información de cómo colaborar a solucionarlo, están comunicando de manera correcta el mensaje de que creen que sus hijos son suficientemente  inteligentes para darse cuenta que hicieron algo incorrecto; por qué no  debe suceder de nuevo  y que es importante solucionarlo siendo sinceros y responsables. Con esto, les damos lecciones  muy valiosas y útiles.

La próxima vez que te descubras diciendo retadoramente: “¿Quién hizo esto?” detente un momento y cuestiona tus propios motivos.

¿Qué es más importante, encontrar al culpable y castigar, o enfocarte en lo que se necesita hacer, y aprovechar la oportunidad de formar en la sinceridad?

Tags:
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