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Papa Francisco a religiosos: Autentica fraternidad atrae la gente a la Iglesia

© ServizioFotograficoOR/CPP
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El Pontífice ilustró algunas “coordenadas fundamentales” a los religiosos italianos para ser capaces de fraternidad auténtica “que da testimonio y que atrae”

La Iglesia crece por atracción y no por proselitismo ha confirmado Papa Francisco a los participantes a la Asamblea de la Conferencia Italiana de Superiores Mayores (CISM), recibidos en audiencia esta mañana en la Sala Clementina del Vaticano. 

El Pontífice ante cien consagrados ha asegurado que “la vida religiosa ayuda la Iglesia a realizar la atracción que la hace crecer”. En sus palabras puso énfasis en el testimonio porque ante “un hermano o una hermana que vive plenamente esa vida -dijo – la gente se pregunta: "¿Qué pasa aquí?" ,"¿Qué lleva a esta persona más allá del horizonte mundano?". Esto es lo primero: ayudar a la Iglesia a crecer a través de la atracción. Sin preocuparse de hacer prosélitos: !atracción!”.

Ser discípulos 

El Obispo de Roma propuso la radicalidad del evangelio (Lc 14,33). Abandonar todo para ser discípulo, aunque deba caracterizar en formas diversas a todos los cristianos, para los religiosos asume la forma de testimonio de profecía. 

”El testimonio de una vida evangélica – continúo el Papa – es lo que distingue al discípulo misionero y, sobretodo, a los que siguen al Señor en el camino de la vida consagrada. Y el testimonio profético coincide con la santidad. La verdadera profecía nunca es ideológica, no está en contraste con la institución: es institución. La profecía es institucional, no sigue la moda: es siempre un signo de contradicción según el Evangelio, como lo fue Jesús”. 

Entretanto, aseguró que Jesús por ejemplo “era un signo de contradicción para las autoridades religiosas de su tiempo: jefes de los fariseos y de los saduceos, maestros de la ley. Y lo fue también para otras opciones y propuestas: esenios, zelotes, etc. Signo de Contradicción’’. 

Oración, adoración y compartir con el pueblo 

El Papa Francisco ha reflexionado sobre las palabras dichas por el Presidente los religiosos: “No queremos combatir batallas de retaguardia, de defensa, sino estar en medio de la gente", con la certeza de la fe en que Dios siempre hace que su Reino germine y crezca. 

”Esto no es fácil” explicó el Pontífice. “Requiere la conversión […] la oración y la adoración; y requiere compartir con el pueblo santo de Dios que vive en las periferias de la historia. Descentrarse. Todo carisma para vivir y ser fructífero está llamado a descentrarse, para que en el centro esté sólo Jesucristo”. 

En este sentido, recalcó que “no hay que guardar el carisma como una botella de agua destilada, hay que hacerlo fructificar con coraje, confrontándolo con la realidad actual, con las culturas, con la historia, como nos enseñan los grandes misioneros de nuestros institutos’’.

Fraternidad como modelo para la sociedad 

Luego continuó en su discurso hablando de la fraternidad que es “otro de los signos que la vida religiosa debe mostrar en una época – sostuvo el Obispo de Roma – en que la cultura dominante es individualista, centrada en los derechos subjetivos. “Es una cultura que corrompe” la sociedad y la familia. 

”La vida consagrada – prosiguió- puede ayudar a la Iglesia y a toda la sociedad dando testimonio de fraternidad, de que se puede vivir juntos como hermanos en la diversidad porque en la comunidad no se elige antes; uno se encuentra con personas diversas por carácter, edad, educación, sensibilidad … y sin embargo, se intenta vivir como hermanos”. 

El Papa Francisco es pragmático y asegura que no es “siempre posible” vivir en armonía perenne, “por supuesto… pero se reconoce que uno se ha equivocado, se pide perdón y se perdona. Y esto es bueno para la Iglesia, hace que circule en su cuerpo la linfa de la fraternidad. Y también es bueno para toda la sociedad’’.

Entretanto, esta fraternidad ”presupone la paternidad de Dios y la maternidad de la Iglesia y de la Madre, la Virgen María”.  Algo que debe ser cultivado todos los días con ”la oración, la Eucaristía, con la adoración, el Rosario. Así cada día renovamos nuestro "estar " con Cristo y en Cristo, y establecemos una relación auténtica con el Padre que está en los cielos y con la Madre Iglesia, nuestra Santa Madre Iglesia jerárquica, y la Madre María”. 

El Pontífice concluyó asegurando que con estas “coordenadas fundamentales”, también seremos capaces de fraternidad auténtica “que da testimonio y que atrae’’. 

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