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El Papa Francisco invita a plantearse: ​¿Estoy resbalando hacia la corrupción?

© Mazur/catholicnews.org.uk
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En la homilía de este viernes alerta de los que se comportan como enemigos de la cruz e invita a preguntarse: “¿Tengo mundanidad dentro de mí?"

También hoy hay “cristianos paganos” que “se comportan como enemigos de la Cruz de Cristo”, advirtió este viernes el Papa Francisco en la Misa en la Casa Santa Marta. El Pontífice afirmó que es necesario guardarse de la mundanidad que nos lleva a la corrupción.
 
El Papa comenzó por las palabras de san Pablo a los filipenses y habló de dos grupos de cristianos, presentes hoy, como en el tiempo del Apóstol de los Gentiles.
 
“Los dos grupos -dijo- estaban en la Iglesia, todos juntos, iban a misa los domingos, alaban al Señor, se llamaban cristianos”. ¿Cuál era la diferencia? ¡Los segundos “se comportan como enemigos de la Cruz de Cristo! Cristianos enemigos de la Cruz de Cristo”.
 
Son, destacó Francisco, “cristianos mundanos, cristianos de nombre, con dos o tres cosas de cristiano, pero nada más ¡cristianos paganos!”. El nombre cristiano pero la vida pagana”. O, añadió, “por decirlo de otra manera: paganos con dos pinceladas de barniz cristiano, aparecen como cristianos pero son paganos”.
 
“¡También hoy hay muchos! También nosotros debemos estar atentos a no resbalar hacia ese camino de cristianos paganos, cristianos de apariencia”, advirtió, y habló de la tentación de acostumbrarnos a la mediocridad”.
 
“La mediocridad de los cristianos, de estos cristianos, es la ruina, porque el corazón se entibia, se convierten en tibios –afirmó-. Y a los tibios el Señor les dice una palabra fuerte: ‘¡Porque eres tibio te vomitaré de mi boca!’. Es muy fuerte. Son enemigos de la Cruz de Cristo. Toman el nombre, pero no siguen las exigencias de la vida cristiana”.
 
Pablo, prosiguió, habla de la “ciudadanía” de los cristianos. “Nuestra ciudadanía”, observó, “está en los cielos; la suya es terrena, son ciudadanos del mundo, no de los cielos”. “Ciudadanos del mundo. ¡El apellido es mundano! Guardaos de estos”, advirtió.
 
Francisco observó que todos, también él, debemos preguntarnos: “¿Tengo algo de estos? ¿Tengo mundanidad dentro de mí? ¿Qué es el paganismo?”.
 
“¿Me gusta vanagloriarme?¿Me gusta el dinero?¿Me gusta el orgullo, la soberbia?¿Dónde tengo mis raíces, de dónde soy ciudadano? ¿Del cielo o de la tierra? ¿Del mundo o en el espíritu mundano?”, planteó.
 
“Nuestra ciudadanía está en los cielos y de allí esperamos, como Salvador, al Señor Jesucristo”, aseguró.
 
“¿Y ellos? –prosiguió el Papa-. Su suerte final será la perdición. Estos cristianos barnizados terminarán mal. Pero, ¿a dónde te lleva esa ciudadanía que tienes en el corazón? La mundana a la ruina, la de la Cruz de Cristo al encuentro con Él”.
 
El Papa indicó así algunos signos “en el corazón” que muestran que se “está resbalando hacia la mundanidad”. “Si amas y estás cogido al dinero, a la vanidad y al orgullo”, advirtió, “estás yendo por ese mal camino”. Si, sin embargo, eres humilde, servidor de otros, vas por buen camino, tu carta de ciudadanía es buena: es la del cielo. La otra, al contrario, “es una ciudadanía que te llevará al mal”.
 
Jesús, recordó Francisco, pedía mucho al Padre que salvase a sus discípulos “del espíritu del mundo, de esta mundanidad que te lleva a la perdición”.
 
El Papa dirigió la atención a la parábola del administrador de los bienes que engaña a su señor, narrada en el Evangelio de hoy:
 
“¿Cómo llegó este administrador del Evangelio al punto de robar, de engañar a su Señor?¿Cómo llegó?¿de un día a otro? ¡No! Poco a poco. Un día un poco de aquí, otro día, otro poco de allá y así se llega a la corrupción. El camino de la mundanidad de estos enemigos de la Cruz de Cristo es así ¡te lleva a la corrupción! Y después se termina como este hombre ¿no? Robando abiertamente…”.
 
El Papa retomó por tanto las palabras de Pablo que pide permanecer “firmes en el Señor” sin permitir que el corazón se debilite y “termine en la nada, en la corrupción”.
 
“Es una gracia bella que hay que pedir, dijo, permanecer firmes en el Señor. Allí está la salvación, allí estará la transfiguración en gloria”.
 
“Firmes en el Señor, concluyó, y en el ejemplo de la Cruz de Cristo: humildad, pobreza, mansedumbre, servicio a los demás, adoración, oración”.

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