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¿Qué es exactamente la misa y por qué tengo que ir?

Solange PARADIS/CIRIC
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La misa es la renovación del sacrificio de la cruz, el momento de la entrega total de Cristo por mí, por eso es justo que yo esté allí

¿Por qué la mayoría de los cristianos no va a misa hoy? Sencillamente por una fe muy incipiente; o porque, aun entre los mismos cristianos, no se le ve el significado.
 
Muchos que van a misa no ponen atención a lo que está aconteciendo y van literalmente por inercia, algunos dicen que van ‘cuando les nace’,… Pero ir a la misa no es cuestión de impulsos o de llenar un hueco de tiempo que no se sabe cómo llenar.
 
Uno no va al cumpleaños de un ser querido porque ‘toca’ o porque ‘me nace’, sino por amor. Y si uno va al cumpleaños del ser querido no es para quedarse mirando el techo; por el contrario, se va a participar con alegría.
 
Pero claro, reconocer el valor de la misa requiere -lo mismo que el amor- un proceso. Comúnmente se dice que nadie ama lo que no conoce, por tanto esfuérzate por conocer la misa; busca todos los medios para conocerla.

¿Qué es la misa?

Comencemos por recordar las palabras con las cuales Jesús instituyó la eucaristía en la Última Cena: "Hagan esto en memoria mía" (Lc 22, 19).
 
Es evidente que la frase está en imperativo. Jesús no está pidiendo un favor, está ordenando algo: que celebremos la Eucaristía en su memoria. ¿Para qué? Para recibirlo a Él, para recibir los beneficios de la redención, para reforzar nuestra comunión con Él, para tener vida espiritual, etcétera.
 
No me imagino a alguien desatendiendo una instrucción tan clara de Nuestro Señor.
 
Y Jesús también dijo: "Yo soy el pan vivo bajado de cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.  El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él" (Jn 6, 35-58).
 
San Pablo preguntará a los Corintios: "La copa de bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?"(1 Cor 10, 16).
 
Y además nos dice san Pablo: “Quien come el Cuerpo de Cristo indignamente, come su propia condenación” (1 Cor 11, 27).

La Santa Misa es la renovación del mismo y único Sacrificio de la Cruz bajo las especies de pan y vino como en la Última Cena, y que Cristo instituyó con las  palabras "Haced esto…".
 
Jesús, la última vez que celebró  con sus apóstoles la cena pascual antes de su Pasión, quiso instituir la Sagrada Eucaristía. De esta manera quería quedarse para siempre en la historia humana.
 
Así haría presente en todos los tiempos su Sacrificio de la Cruz, que iba a ofrecer  horas después, dándonos a la vez su cuerpo y su sangre como alimento para la vida sobrenatural de nuestra alma.
 
En la Última Cena Cristo instituyó el convite pascual, por medio del cual el Sacrificio de la Cruz se vuelve continuamente presente cuando el sacerdote, que representa a Cristo, realiza la acción que el mismo Señor cumplió y ordenó a sus discípulos que hicieran en su memoria.

¿Por qué tengo que ir a misa?
 
Jesucristo no ha muerto por la humanidad en general, sino por cada hombre en particular, por ti y por mí concretamente. La muerte de Jesús en la Cruz es el momento de su entrega total por mí. Me tiene presente a mí en concreto. Por eso Él quiere y es justo que yo esté allí.

Los elementos litúrgicos de la misa son el altar, los ornamentos sacerdotales, el cáliz, el vino de uva, la patena, las hostias (pan ázimo o sin levadura), el leccionario (libro de las lecturas), el libro para la oración de los fieles, el misal, el tabernáculo, el ambón, las vinajeras, los paños litúrgicos (corporal, purificador, palia), los cirios, el mantel, el crucifijo, la sede.

Este artículo es la primera parte de una Guía para vivir la misa. Mañana podrás leer en Aleteia la segunda parte, sobre las partes, gestos y posturas de la celebración.

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