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Asia Bibi no puede más

AsiaNews
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“Pierde la esperanza”, dice el marido de esta pakistaní condenada a muerte por una sentencia injusta

¡Cinco años de prisión en condiciones deplorables, cuatro de los cuales en una celda de condenada a muerte por una supuesta “blasfemia”! Todos los años robados a Asia Bibi, arrancada de su familia, de su marido y de sus cinco hijos, ¿quién se los devolverá? ¿Cómo acabará su caso? ¿Con su muerte en la horca?
 
Ashiq Masih, el marido de Asia Bibi, pudo visitarla por primera vez desde la confirmación de la pena de muerte por el tribunal de Lahore, con dos de sus hijas, el pasado viernes, 31 de octubre, en la cárcel de mujeres de Multan, a 350 kilómetros de Lahore, donde la familia ha encontrado refugio.
 
La encontró abatida, desamparada por el anuncio de rechazo, el 16 de octubre, de la apelación interpuesta por sus abogados.
 
“Ella enjuaga sus lágrimas”, confió tras su breve encuentro: unos treinta minutos y bajo estrecha supervisión.
 
Sus abogados quieren ahora llevar el caso al tribunal supremo. Si este rechazara el dossier, Asia podría ser ejecutada inmediatamente.
 
La causa de la joven agita e indigna con razón en todo el mundo. Es sin duda la única esperanza de hacer entrar en razón a las autoridades pakistaníes, un país sumido en la violencia del fanatismo islámico, el país donde –no lo olvidemos- Bin Laden encontró refugio, y donde a pocos parece importar la suerte de Asia Bibi.
 
La Unión Europea no puede dejar a Pakistán ejecutar a Asia Bibi, protesta en FigaroVox la periodista Anne-Isabelle Tollet, autora de Blasphème (Oh! Ediciones), dedicada a la causa de Asia Bibi.
 
Los jueces que se arriesgaran a declarar inocente a Asia Bibi se convertirían inmediatamente en blanco, explica recordando los asesinatos del ministro de las minorías religiosas, el católico Shahbaz Bhatti, y del gobernador musulmán de Punjab (los dos habían defendido a Asia Bibi).
 
Por eso, sólo el jefe del Estado pakistaní puede conceder un indulto presidencial para arrancar a Asia Bibi de la horca.
 
“El tiempo apremia –escribe Tollet-. Para hacerla salir del corredor de la muerte, el único medio sin duda reside en las presiones de las más altas instancias, políticas y morales, de la comunidad internacional”.
 
“El régimen pakistaní no ignora la magnitud que ha tomado el caso Asia Bibi –añade-. La Unión Europea es el primer socio económico del “país de los puros”. Dispone, por tanto, de la capacidad de ejercer una influencia sobre el presidente pakistaní Mamoon Hussain”.
 
“Este ha acogido con satisfacción la concesión del Premio Nobel a Malala –destaca-. Sería por tanto paradójico que acepte esta inadmisible condena a muerte quien condena más o menos la misma visión del islam en nombre de la cual los talibanes intentaron asesinar a la niña”.

También los estados deberían usar sus relaciones privilegiadas con Qatar para hacer a este país entrar en una mediación, sugiere la periodista.

La Santa Sede, finalmente, podría “asociar eminentes autoridades musulmanas a las medidas que considere más útiles; sin que su toma de posición a favor de Asia Bibi corriera el fuerte riesgo de alimentar la furia de los islámicos pakistaníes”.

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