Aleteia logoAleteia logo
Aleteia
domingo 28 febrero |
Santos Mártires de Alejandría
home iconEspiritualidad
line break icon

3 pasos para iniciarse en la santidad

© Esparta Palma / Flickr / CC

Carlos Padilla Esteban - publicado el 01/11/14

Reconocer mi pobreza y la santidad como regalo de Dios, tener una relación de amor con Jesús y darle mi sí

La santidad a la que aspiramos es la santidad de los pequeños, de los niños que confían. Es la santidad del amor cotidiano, de los gestos de entrega sencillos.

Decía el Padre José Kentenich: «¿Qué entendemos por las pequeñas virtudes? Son virtudes extraordinariamente grandes, pero que se practican en la vida diaria, que hacia afuera jamás llevan el sello del heroísmo. Es lo cotidiano, lo ordinario. En la Familia hablamos de la santidad de la vida diaria. Hacer lo ordinario extraordinariamente bien»[1].

Una santidad de los pequeños gestos. Una santidad que consiste en hacer las cosas ordinarias extraordinariamente bien. Una santidad del amor que se entrega con libertad y con paz en el día a día.

Ser santos hoy no nos lleva a alejarnos del mundo. No, muy al contrario. El mundo de hoy necesita santos vivos y cercanos a los que poder tocar. A veces ponemos tan lejos la santidad de nuestras vidas que no creemos en la santidad humana de los que están más cerca.

Hemos vestido la santidad de perfección y no admitimos entonces los defectos en los santos. Ni los errores. Ni las caídas. Hemos dibujado una santidad de blanco y oro, de perfecciones inalcanzables y así nos hemos eximido de la obligación de ser santos.

Santa Teresita quería ser subida por el Señor como en un ascensor. La verdadera santidad pasa por dejar que Jesús nos tome en sus brazos. Pero no podemos ser santos sin intimidad con Él.

Una persona rezaba: «Gracias por ser roca rota, Señor. Tú lo sabes todo, Tú sabes cuánto te quiero. Estate siempre a mi lado. Que vea tu rostro, tus ojos, diciéndome que me amas muchísimo. Te entrego mi ancla. Ánclame en tu corazón para siempre y que los que más sufren puedan anclarse siempre en mí. Tú me velas».

Es imposible avanzar sin un amor personal a Él. Hace poco me contaban de unos cristianos que confesaban que ellos nunca le rezaban a Jesús. Me sorprendió la respuesta. Sin esa conversación cercana y personal con Jesús no crece nuestra vida interior. Es el amor del amigo que si no se cultiva se enfría.

Jesús es ese amigo desconocido para muchos. Un auténtico extraño en sus vidas. ¿No nos acompaña en todo lo que hacemos? ¿No volvemos hacia Él la mirada cada vez que nos sentimos solos? ¿No nos anclamos en Él? Sin profundidad en la mirada, sin profundidad en el encuentro, no podemos aspirar a la santidad.

La santidad siempre nos va a quedar grande. Porque es una gracia de Dios. Porque Dios nos reviste de su amor. Pero todo comienza con el reconocimiento de nuestra pobreza. Cuando asumimos que solos no podemos.

Una persona rezaba en Schoenstatt en la celebración de los cien años: «En esta tierra santa veo mi propio barro. Me veo tan pequeño, tan impuro. Tú arrodillada ante mí. Yo arrodillado ante ti. Veo tanto amor. Tanto respeto. Tiemblo. Me supera tanto amor. Es pobre mi corazón. Pobre y herido. Roto. La voz quebrada. ¡Cómo no alzar las manos y soñar!

 Es fácil soñar. Basta con ver lo que no veo. Oler lo que no huelo. Sentir lo que no toco. Todo tan fácil. Tan imposible. Sonrío. El alma quieta. Abierta. Como un cántaro. Como un cáliz al pie de tu herida. De mi herida. Me veo diminuto en este Santuario tan pequeño. Perdido a tus pies. Callo y pronuncio mi sí. Es lo que cuenta. A tus pies como un niño. A tus pies como un pobre.

Es difícil entenderlo todo. Muchas cosas no las entiendo. Pero pronuncio mi sí. El que te doy cada día. Gracias. Como un niño. Como el sol se eleva ante mí. Vuelvo a decir que sí. Me callo. Cojo el cáliz. Cojo la cruz. No me da miedo la vida».

Ser santos no tiene que ver con la perfección. Más que nada porque no podemos ser perfectos. Porque nos queda grande. Porque nuestra torpeza tiene poco que ver con una vida perfecta y sin manchas.

Aspiramos a la santidad como un don de Dios que pedimos cada día. Es el deseo que crece en el corazón. De nosotros depende. Queremos ser santos. Pero si no damos nuestro sí nada cambia. Dos caminos: o seguimos igual o nos ponemos en marcha. O nos arrastramos por la vida pensando que estamos cansados o seguimos caminando sin miedo a lo que haya de venir.


[1] J. Kentenich,
Conferencia 1963
Tags:
almasantidad
Apoye Aleteia

Usted está leyendo este artículo gracias a la generosidad suya o de otros muchos lectores como usted que hacen posible este maravilloso proyecto de evangelización, que se llama Aleteia.  Le presentamos Aleteia en números para darle una idea.

  • 20 millones de lectores en todo el mundo leen Aletiea.org cada día.
  • Aleteia se publica a diario en siete idiomas: Inglés, Francés, Italiano, Español, Portugués, Polaco, y Esloveno
  • Cada mes, nuestros lectores leen más de 45 millones de páginas.
  • Casi 4 millones de personas siguen las páginas de Aleteia en las redes sociales.
  • 600 mil personas reciben diariamente nuestra newsletter.
  • Cada mes publicamos 2.450 artículos y unos 40 vídeos.
  • Todo este trabajo es realizado por 60 personas a tiempo completo y unos 400 colaboradores (escritores, periodistas, traductores, fotógrafos…).

Como usted puede imaginar, detrás de estos números se esconde un esfuerzo muy grande. Necesitamos su apoyo para seguir ofreciendo este servicio de evangelización para cada persona, sin importar el país en el que viven o el dinero que tienen. Ofrecer su contribución, por más pequeña que sea, lleva solo un minuto.

Oración del día
Hoy celebramos a...





Top 10
1
Kathleen Hattrup
El hombre que besó la frente del Papa dice que la Virgen lo curó ...
2
MEXICO
Pablo Cesio
México: El hombre que llegó a su propia misa de cuerpo presente
3
BABY
Aleteia Team
El bebé que nació agarrado al DIU
4
DEMANDE EN MARIAGE
Edifa
No te cases sin haberte hecho estas tres preguntas
5
SINDONE 3D
Lucandrea Massaro
El Hombre de la Sindone, reconstruido en 3D: ¡Son verdad los Evan...
6
Redacción de Aleteia
El cuerpo intacto de Santa Bernardita: Lo que dijeron los médicos...
7
ALICE BATTENBERG
Adriana Bello
La monja de la realeza
Ver más
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.