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Los abuelos, mejor en casa

© Fotoluminate LLC/SHUTTERSTOCK

Revista Misión - publicado el 19/10/14

"Aprendí que una residencia, por muy lujosa que sea, no sustituye el cuidado afectivo en un hogar"

Si nos preguntaran ‘¿Dónde prefiere usted morirse?’ y nos dieran a elegir entre a) En el hospital, b) En una residencia o c) En casa, probablemente todos elegiríamos la última opción”. Esta es la opinión de Mamen Escofet, presidenta de la Fundación Sanesval, que se dedica a la atención de personas dependientes en Aragón.

“Esto quiere decir que estar en casa aporta una mejora a nivel emocional, y, si emocionalmente estás mejor, tu salud también lo está”, considera.

A pesar de ello, la residencia es el sitio más elegido por nuestra sociedad para que las personas pasemos en él los últimos años de nuestra vida.

Pero si la etapa de la vejez ya implica en sí misma numerosas complicaciones tanto físicas como psicológicas, estas se ven aumentadas si se vive lejos del entorno afectivo de la familia y del hogar que hemos construido a lo largo de los años.

Después de toda una vida ahorrando para tener una casa bonita, terminas en una residencia donde tu vida se reduce a lo que cabe en un armario de un metro y medio”, opina Escofet.

Para Catalina Hoffmann, CEO y fundadora de los centros de día Vitalia y una apasionada de la tercera edad, mantener a un anciano en el entorno familiar no resulta sólo beneficioso para él mismo, sino también para sus descendientes.

“Debemos valorar lo que significan los mayores en nuestras vidas; son quienes nos pueden dar los mejores consejos. Si tienes la suerte de tener uno en tu vida, busca herramientas para interactuar y compartir cosas con él”, afirma. Y, para muestra, un botón: en sus centros de día, abuelos y nietos juegan juntos a la Wii.

Cuando Hoffmann comenzó a trabajar en centros de la tercera edad, se dio cuenta de que faltaba formación para ayudar a los mayores a envejecer de forma sana y activa.

Tendemos a infantilizar la atención a los ancianos; una persona mayor no es un niño, tiene una historia y un talento vital que puede dar a la sociedad, pasa de ser el directivo de una empresa al abuelito al que sentamos al sol o ponemos a pintar patos”, explica Hoffmann a Misión.

Por eso, en lugar de etiquetar a las personas mayores en función de su edad o patología, ella propone tratarlas como únicas, con sus propias vivencias.

La incorporación de la mujer a la vida laboral es una de las causas de que nuestros mayores ya no puedan ser atendidos en el hogar.

“Los matrimonios que acogemos son muy reacios a ingresar en una residencia, porque han sido educados en la idea de que hay que tener una hija para que te cuide. En su época, como las mujeres no trabajaban fuera de casa, su papel era el de cuidar de los descendientes y los ascendientes. Pero, los que pertenecemos a la generación actual, ya no podemos esperar a que nuestros hijos lo hagan”, explica Escofet.

Esto supone un drama tanto para los mayores como para los propios hijos o sobrinos, para quienes tampoco es plato de buen gusto que sus padres o tíos vivan en un centro residencial.

Por eso, se pueden barajar otras opciones beneficiosas para ambas partes. Si la causa del ingreso en un centro es la necesidad de cuidados sanitarios por una situación de dependencia, se puede recurrir a un profesional que se desplace al hogar para prestar la atención adecuada.

En este caso, para Escofet lo importante es que quien esté atendiendo a una persona dependiente tenga una formación mínima, porque “se está cometiendo el error de contratar a personas sin formación ni experiencia. Por una mala asistencia, se pueden generar muchas complicaciones en la salud”, afirma.

En esta asistencia a domicilio, que ofrece una cobertura de hasta 24 horas, los profesionales realizan 
el trabajo técnico, y el cónyuge u otro familiar de la persona dependiente hace de cuidador cuando ellos no están. En opinión de Escofet, constituye el servicio más bonito por el componente afectivo que implica.

“Una vez, atendimos a un matrimonio de 90 años que vivía solo en una casa dentro de una cueva, en Tamarite de Litera (Huesca). La señora tenía úlceras por todo el cuerpo, por lo que necesitaba cambiar de postura con frecuencia.
Los hijos vivían fuera y no se hacían cargo de ellos, por lo que solicitaron nuestra ayuda. El marido decía que, si llevaba a su mujer a una residencia, ella se moriría”, recuerda Escofet.

Y continúa: “Cuando vimos las condiciones de la casa y las úlceras de la mujer, nos pareció imposible tratarla en el domicilio. Además, nuestros auxiliares tenían que desplazarse 20 km todos los días hasta el hogar. Pero lo hicimos, la cuidamos durante dos años y medio.

Enseñamos al marido a realizar los cambios posturales y a su mujer finalmente se le cura- ron las úlceras. Lo más bonito fue ver las demostraciones de cariño del matrimonio, los besos que se daban. Aprendí que una residencia, por muy lujosa que sea, no sustituye el cuidado afectivo en un hogar”, confiesa.

Sin embargo, existen ocasiones en las que el ingreso en un centro está justificado e, incluso, es recomendable. Es el caso de las estancias temporales, por rehabilitación intensiva de una enfermedad o por la imposibilidad temporal de la persona responsable de cuidar al mayor.

Esta opción también puede ser ventajosa para las personas dependientes que viven solas. A fin de cuentas, si no pueden salir de su casa por la falta de ayuda o por la existencia de barreras arquitectónicas, vivirán aisladas, con las consecuencias negativas que esto acarrea.

El hogar es importante, pero la persona lo es más, por lo que es mejor ir a un centro donde disfrutar de cierta vida social o poder salir con la silla de ruedas de paseo”, opina Escofet.

En cualquier caso, para Hoffmann, lo más importante es dar voz a nuestros mayores y respetar sus deseos, porque, al fin y al cabo, “saben muy bien lo que quieren”, sentencia.

Alternativas a la residencia

A pesar de que las ayudas públicas a la dependencia en España son muy escasas, los mayores pueden beneficiarse de algunos servicios, que varían en función de la comunidad autónoma:

  • Ayuda a domicilio, bien sea para realizar tareas domésticas, para el aseo personal del mayor, o bien para acompañarle en las actividades de la vida diaria.

  • Centros de día, que ofrecen, en régimen de media pensión, asistencia médica, atención psicosocial y rehabilitadora y actividades físicas y de ocio.

  • Pisos tutelados, que son apartamentos integrados en una residencia en los que la persona dependiente puede vivir sola o con su cónyuge, manteniendo la intimidad del hogar pero beneficiándose de los cuidados del personal y de las instalaciones y servicios comunes del centro.

  • Acogimiento familiar, con el que algunas comunidades autónomas, como Madrid, Navarra o Asturias, ofrecen a los mayores (que no pueden seguir residiendo en su hogar) la posibilidad de ser acogidos por otras familias con las que no tienen vínculo familiar alguno. La estancia puede ser temporal o permanente. 


Por Belén Manrique
Artículo publicado originalmente por la revista Misión

Tags:
ancianosfamilia
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