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¿Es correcto explicar a los niños la sexualidad?

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Las “normas para la educación sexual en Europa” de la OMS ofrecen una educación sexual “sacada de contexto”, “casi extraña a la familia, una especie de adiestramiento

Cien mil firmas han sido recogidas en Citizengo.org para pedir el retiro del documento “Normas para la educación sexual en Europa” a cargo de la sección europea de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El documento pretende orientar y dirigir la enseñanza de la educación sexual a los niños desde la primera edad, de los 0 a los 4 años y así sucesivamente.

En las directrices sobre la sexualidad está la introducción de los comportamientos sexuales a partir de los primeros años, con temas como “el gozo y el placer de tocar el propio cuerpo, masturbación infantil precoz”, el “descubrimiento del propio cuerpo y los genitales”, el hecho que “el gozo del contacto físico es un aspecto normal de la vida de todas las personas”, “ternura y contacto físico como expresiones de amor y afecto”.

Hasta los 4 años se adquiere la “conciencia de la identidad de género”, destaca el documento, que invita a “hablar de las sensaciones placenteras del propio cuerpo”, y “expresar las propias necesidades, deseos y límites, por ejemplo en el “juego de los médicos”.

Desde el punto de vista emotivo, se incentiva “el concepto que las emociones se expresan de muchas maneras distintas”, los “sentimientos positivos hacia el propio sexo y el propio género (es bello ser una mujer – o un hombre)”, y la opinión de que “las propias emociones son correctas y que sea bueno expresarlas”.

El punto de vista de la Iglesia

En el documento Orientaciones educativas sobre el amor humano – Lineamientos de educación sexual a cargo de la Congregación para la Educación Católica, las directrices viajan en una dirección diferente respecto a la de la OMS.

En la visión cristiana del hombre – se lee – se le reconoce al cuerpo una particular función, pues contribuye a revelar el sentido de la vida y de la vocación humana. La corporalidad es, de hecho, el modo específico de existir y de actuar precisamente del espíritu humano”.

La prudencia del concilio

Al tratar la educación cristiana, “el Concilio Vaticano II ha señalado la necesidad de ofrecer “una educación sexual positiva y prudente” a los niños y jóvenes”.

Continúa la Congregación: “La educación sexual debe conducir a los jóvenes a tomar conciencia de las diversas expresiones y dinamismos de la sexualidad, de los valores humanos que deben ser respetados. El verdadero amor es la capacidad de abrirse al prójimo en una ayuda generosa, es dedicación al otro por su bien”.

El instinto sexual, en cambio, “si se abandona a sí mismo, se reduce a la genitalidad y tiende a apoderarse del otro, buscando inmediatamente una satisfacción personal”.

Dominio de los impulsos

El objetivo de una auténtica educación sexual es “favorecer un progreso continuo en el dominio de los impulsos, para abrirse a su vez a un amor verdadero y oblativo”.

Un problema “particularmente complejo y delicado, que puede presentarse, es el de la masturbación y sus repercusiones en el crecimiento integral de la persona”.

La masturbación, “según la doctrina católica, “constituye un grave desorden moral”, principalmente porque hace uso de la facultad sexual en un modo que contradice esencialmente su finalidad, no estando al servicio del amor y de la vida según el diseño de Dios”.

Contrario a científico

Si este es el punto de vista oficial de la Iglesia en materia de educación sexual, también entre los psicólogos se denotan más aspectos negativos que positivos en las sugerencias de la OMS.

“Es un documento incompleto y en algunos casos equivocado”, sentencia Emiliano Lambiase a Aleteia. Y los límites son múltiples. “No se basa en las más recientes investigaciones en el ámbito de la sexualidad infantil según las cuales – explica el psicólogo – dicen que es un ámbito aún por descubrir; a pesar de estas lagunas se decide de todas formas qué enseñar, en qué tiempos y de qué manera"

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No se hace referencia, además, a teorías científicas que justifican los puntos de vista sino que son realizadas algunas afirmaciones como si hubieran sido demostradas. Se decide, de manera arbitraria, cuáles son los principios que deberían regular el desarrollo global de la persona, decidiendo también los valores que deberían tener los niños y quién se los debería enseñar”.

El placer y el contacto afectivo

El psicólogo subraya los puntos críticos de algunos pasajes. Un comportamiento a incentivar, se lee en el documento de la OMS, sería “el gozo y el placer de tocar el propio cuerpo, masturbación infantil precoz”. “¿Para qué toda esta focalización en la libertad y en el placer de tocar el propio cuerpo? – se pregunta Lambiase – El placer del contacto físico, en la infancia, tiene un valor primariamente afectivo – a través del vínculo con los padres – y luego también de seguridad y consolación personal. El placer, por lo tanto, es un instrumento, no un fin”.

El génesis de las sensaciones placenteras

Y más: “Bellas y malas experiencias del propio cuerpo. ¿Qué da una sensación placentera?” “El placer parece ser una obsesión del documento, perdiendo todo el sentido del placer. No sabemos aún por qué nuestro cuerpo produce placer a partir de determinadas acciones – existen muchas investigaciones y publicaciones al respecto – y, sin embargo, queremos hacer de ellas un objetivo prioritario”.

La masturbación espontánea

Es crítica la actitud del psicólogo sobre el “juego del doctor”, es decir, estar desnudos y tocarse. Dice el documento: “Expresar las propias necesidades, deseos y límites por ejemplo en el “juego del doctor”. “Esa que en realidad es una frase espontánea y ocasional de algunos niños debería ser un verdadero y típico juego, estructurado y de todos. ¿Siendo una fase natural y transitoria alguien ha considerado las consecuencias negativas de volverla un verdadero y propio ejercicio?”.

El niño y su cuerpo

Lambiase apunta con el dedo contra la indicación, según la cual “mi cuerpo me pertenece”. “Si es cierto que desde un cierto punto de vista es una actitud positiva en cuanto alimenta la defensa de sí de los abusos, también es cierto que el cuerpo es uno de los instrumentos principales con los que entramos en relación con los demás y, por lo tanto, es importante considerarlo precisamente en función de las relaciones y no de manera individualista y egoísta. La intersubjetividad prevé precisamente que no exista esta división tan clara entre el otro y yo. Lo dicen también los nuevos estudios de neurociencia sobre la conciencia”.

Evolución de la sexualidad

La sexóloga Noemi Grappone logra desgranar una nota al documento: focalizar la evolución sexual en términos de recorrido evolutivo. El texto de la OMS dice, de hecho, que la educación sexual influye en el desarrollo de la personalidad del niño.

Estudios de psicología de la edad evolutiva, se lee, han demostrado que los niños nacen como seres sexuales y que su sexualidad se desarrolla a través de diversos estadios vinculados al desarrollo infantil en general y a las relativas tareas de desarrollo.

Educación extensiva

“En particular – subraya Grappone – se habla de educación sexual extensiva como proceso que se desenreda a lo largo de todo el arco de la vida puesto que la necesidad de educación sexual no se agota en la pubertad. Las varias fases evolutivas están caracterizadas por diferentes pero igualmente importantes tareas evolutivas conectadas a la sexualidad”.

Los primeros seis años de vida

El desarrollo del comportamiento sexual, de las emociones y cogniciones relativas a la sexualidad inicia en el vientre materno y continúa a lo largo de la vida de un individuo.

Por regla general, escribe la OMS, “se puede decir que durante los primeros seis años de vida los niños pasan de prisa de la completa dependencia a una independencia limitada. Adquieren conciencia del cuerpo. Los niños tienen sensaciones sexuales incluso en la primera infancia. Entre el segundo y el tercer año de vida descubren las diferencias físicas entre el hombre y la mujer”.

Gratificación y autoestimulación

Sensaciones, añade la sexóloga, que se manifiestan a través de la masturbación y la autoestimulación y también en el cuerpo de las amigas o amigos, el “juego del doctor”.

Por un lado esta “práctica” – incentivada por el documento – es juzgada en varios frentes como muy discutible, por otra, aclara Grappone, “los niños, al explorarse, se satisfacen por la propia estimulación táctil, produciendo un comportamiento calmante y gratificante como sucede cuando la mamá los abraza y acaricia”.

El respeto de género

En esta fase del crecimiento, entre los 0 y los 4 años, los niños deben también adquirir “la actitud “de respeto por la equidad de género”, o sea que hombres y mujeres tienen los mismos valores. Las injusticias correlacionadas al género y las disparidades de poder obstaculizan las interacciones humanas constructivas y armónicas y, por lo tanto, el logro de la salud sexual”.

Paridad de género “no significa que hombres y mujeres se vuelven la misma cosa, sino que el acceso a las oportunidades y a las opciones en la vida no están condicionadas por la pertenencia a un determinado sexo; subrayando que respecto a la sexualidad y a la salud sexual hombres y mujeres tienen experiencias y necesidades diferentes”.

El ser hombre y mujer

Para el psicólogo de la edad evolutiva Ezio Aceti, cuando se examina la equidad de género, es necesario partir de una premisa: la sexualidad es el primer factor ontológico, genético.

“Nacemos hombres y mujeres y sobre este nacimiento maduran características fisiológicas y psicológicas diferentes. La educación y la cultura – prosigue Aceti – intervienen para que el ser hombre o mujer sea respetado, estamos frente a una verdad de la naturaleza. Luego pueden haber niños con genitalidad masculina pero tendencias femeninas, pero la persona es siempre amada”.

No es un adiestramiento

Aceti luego entra en la materia del documento al que reconoce el valor de haber evidenciado que la sexualidad “debe educarse durante la vida”, al mismo tiempo ofrece una lectura de la educación sexual “sacada de contexto”, “casi extraña a la familia, como si fuera un adiestramiento.

Pero se adiestran los animales y no los niños”, afirma el psicólogo. “La educación es transformar en algo más un dato de la naturaleza. No es equivocado que un niño quiera acariciarse, es un instinto, lo hace sin malicia. Pero debe ser educado y es necesario intervenir para orientar comportamientos diversos, evitando que se obsesione con la propia genitalidad. Debe encaminarse a través de la educación sexual, en la correcta dirección".

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