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​Los “padres huérfanos” en busca de sus hijos yihadistas

© Al Furqan
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900 jóvenes franceses adoctrinados por grupos islamistas han ido a Oriente Medio dejando atrás a sus afligidas familias

Se llaman Adela, Celia, Mohammed o Raquel, tienen 14, 15, 16 años, son franceses de familias cristianas, judías, musulmanas o ateas y tienen un punto en común: adoctrinados por internet, forman parte de la yihad en Irak y en Siria.
 
Esta es la lucha que explica la antropóloga del hecho religioso Dounia Bouzar en su última obra, Buscan el paraíso, se encuentran el infierno (Ils cherchent le paradis, ils ont trouvé l’enfer), de ediciones Epreuves. Una lucha larga, contra-reloj, que a veces se libra ante la indiferencia de las autoridades, como explica a Radio Vaticano.
 
“Familias cristianas, judías, ateas o incluso magrebíes acudían a la policía o al asistente social –relata-. La gente lo tomaba a la ligera, diciendo “También nosotros hemos tenido crisis de adolescencia, periodos punk, es la adolescencia…”, o les decían a los padres: ‘Tu hijo se ha convertido, acepta que cambie de religión, es la libertad, dale autonomía’”.
 
“Pero los padres se desesperaban porque sabían bien que dejar el colegio en nombre de Dios, dejar la música en nombre de Dios, dejar la pintura en nombre de Dios y dejar de ver a sus antiguos amigos en nombre de Dios no era una conversión”, continúa.
 
“Veían que el niño ya no era él mismo, pero también sentían claramente que estaban doblemente solos en el mundo –prosigue la experta-. Alguien les había quitado a su hijo, un enemigo invisible.
 
“Y las autoridades decían que era sólo un cambio de religión, sólo una crisis de adolescencia. Algunos podían llegarles a decir incluso: “os inquietáis demasiado, no seáis padres angustiados” –lamenta Bouzar-. Así, esto fue muy lejos”.
 
La percepción ha cambiado
 
Sin embargo, esta actitud ha cambiado y los gobiernos están tomando medidas ante este fenómeno. Como explica en su libro, estas familias han ido a ver al ministro del Interior de Francia, quien ha entendido la situación y les ha ofrecido una línea telefónica y un servicio (el Centro de Prevención de las Derivas Sectarias ligadas al Islam, CPDSI) al que acudir para saber si su hijo está bien o está en peligro.
 
Las familias son entonces las interlocutoras. Pueden expresar sus dudas -¿el niño quiere hacerse el interesante?, ¿es una crisis de adolescencia?, ¿se ha convertido?, ¿se ha alistado?– y pedir que se le cierren las fronteras, diciendo “es mi hijo, impídanle salir, está en peligro”.
 
En opinión de Bouzar, se ha evolucionado mucho, se ha ganado enormemente en la prevención, pero se trata de un fenómeno muy rápido y muy reciente y hay que proteger a los niños “comunicando los signos de ruptura”.
 
“Ahora tenemos regularmente entre cuatro y cinco nuevas familias que vienen a nuestra asociación –indica-. Los padres han comprendido que un hijo que se autoexcluye, que excluye a los demás, no está en una religión. Religión viene de “religere” (acoger) y la palabra “secta” viene de cortar y separar”.
 
“Los padres acuden cuando ven los primeros signos de ruptura”, afirma, añadiendo que muchos son de clases sociales medias o altas.
 
“Creo que las clases populares tienen miedo a que se fiche a su hijo, se le discrimine, que ya no pueda volver a ser visto como un ciudadano normal” –explica-. Las clases populares nos llaman poco o cuando es demasiado tarde, cuando el hijo ya se ha escapado”.
 
En este sentido, la experta destaca la necesidad de sensibilizar a las clases populares para prevenir que estos niños o jóvenes acaben en el infierno de la yihad.

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