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Papa Francisco: la oración de alabanza es difícil, pero da alegría

© Antoine Mekary / Aleteia
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Homilía hoy en la Domus Santa Marta

Es fácil rezar para pedir gracias, pero la oración de alabanza es muy difícil y, sin embargo, es esta la oración de la verdadera alegría: es lo que ha dicho Papa Francisco en la Misa de esta mañana en la Casa Santa Marta.
 
En el centro de la homilía del Papa, la Carta a los Efesios, en la que san Pablo eleva con alegría su bendición a Dios. Se trata de una oración de alabanza, observa, una oración “que nosotros no hacemos muy habitualmente: alabar a Dios, afirma, es gratuidad pura”, es “entrar en una gran alegría”.
 
“Nosotros sabemos rezar muy bien cuando pedimos cosas, también cuando damos gracias al Señor, pero la oración de alabanza es un poco difícil para nosotros: no es habitual alabar al Señor. Y esto lo podemos sentir mejor cuando hacemos memoria de las cosas que el Señor ha hecho en nuestra vida: ‘En Él, en Cristo, nos ha elegido antes de la creación del mundo’. Bendito seas Señor, ¡por qué me has elegido! Es la alegría de una cercanía paterna y tierna”.
 
“La oración de alabanza, prosiguió, nos lleva a esta alegría, a ser felices, ante el Señor. ¡Hagamos un esfuerzo por reencontrarla!”, exclama el Papa Francisco, pero “el punto de partida” es propio el “hacer memoria” de esta elección: “el Señor me ha elegido antes de la creación del mundo. ¡Pero esto no se puede entender!”.
 
“No se puede entender y no se puede imaginar: que el Señor me haya conocido antes de la creación del mundo, que mi nombre estaba en el corazón del Señor. ¡Esta es la verdad! ¡Esta es la revelación! Si nosotros no creemos esto, no somos cristianos ¡eh! Quizás estamos impregnados de una religiosidad teísta, ¡pero no cristianos! El cristianos es un elegido, el cristiano es un elegido en el corazón de Dios antes de la creación del mundo. También este pensamiento nos colma de alegría el corazón: ¡Soy un elegido! Y nos da seguridad”.
 
“Nuestro nombre, observó el Papa, está en el corazón de Dios, propio en las vísceras de Dios, como el niño está dentro de su madre. Esta es nuestra alegría de ser elegidos”. Es algo, destaca, “que no se puede entender solo con la cabeza. Ni tampoco solo con el corazón. Para entender esto debemos entrar en el Misterio de Jesucristo. El Misterio de su Hijo amado: ‘Él ha vertido su sangre en abundancia sobre nosotros, con toda sabiduría e inteligencia, haciéndonos conocer el misterio de su voluntad”. Y esto es un tercer comportamiento: entrar en el Misterio”.
 
“Cuando nosotros celebramos la Eucaristía, entramos en este Misterio, que no se puede entender totalmente: el Señor está vivo, está con nosotros, aquí, en su gloria, en su plenitud y da otra vez la vida por nosotros. Este comportamiento de entrar en el Misterio debemos aprenderlo todos los días. El cristiano es una mujer, un hombre, que se esfuerza por entrar en el Misterio. El Misterio no se puede controlar: es el Misterio. Yo entro”.
 
La oración de alabanza, concluye el Papa, es, antes que nada, una oración de alegría”, después “una oración de memoria: ‘¡lo que ha hecho el Señor por mí! ¡con cuánta ternura me ha acompañado, como se ha abajado, se ha inclinado como el papá con el niño para ayudarle a caminar’”. Y finalmente la oración al Espíritu Santo que nos dé “la gracia de entrar en el Misterio, sobre todo cuando celebramos la Eucaristía”.
 
 
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