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«Aquí me siento más útil», decía Manuel García Viejo

© Rafael Armada y Javier Sánchez / Hermanos de San Juan de Dios f

Aleteia Team - publicado el 14/10/14 - actualizado el 15/02/18

El sencillo testimonio de un religioso que lo dio todo

El Hospital de San Juan de Dios en Lunsar es un hospital modesto. Durante el verano de 2012 los rayos X estaban estropeados debido a un fallo producido en el generador eléctrico y faltaban medicamentos en el dispensario al que suele acudir gente con dificultades para pagar los tres euros que cuestan los sueros necesarios para realizar una operación. A esa gente y a ese hospital dedicó sus últimos doce años Manuel García Viejo, que cumpliendo su deseo –“Seguiré en Sierra Leona hasta que pueda quedarme”– permaneció al frente del sanatorio hasta que fue evacuado por el rápido deterioro de su salud que le provocó el ébola. En ese hospital de Lunsar estuvo un equipo de Mundo Negro en el verano de 2012. Allí conocimos a Manuel. Lo que sigue recoge algunas impresiones y parte de la conversación de aquel encuentro.

Manuel se sentía útil. Quizá esa tranquilidad de sentir que ocupaba el lugar que le correspondía favoreció el desarrollo de una personalidad afable. El Hermano de San Juan de Dios era uno de los pocos médicos en Lunsar. Cuando llegó a Sierra Leona acababa de terminar la guerra y se encontró que del hospital que debía atender solo quedaban las paredes. “Estaba desvencijado. Estuvieron aquí 700 soldados de Naciones Unidas y casi fueron peores que la propia guerra. El dispensario quedó completamente deshecho”. Manuel y sus compañeros lo rehabilitaron gracias a una ayuda que recibieron de la Unión Europea.

“Lo mejor de trabajar aquí es el ambiente que encuentras. Me gusta trabajar con la gente y la de aquí es maravillosa. La gente aquí es muy amable, generosa y agradecida, pero también muy pobre. Al menos a mí siempre me ha gustado ese contacto en el trabajo. Lo mismo me pasaba en Ghana. Incluso te afianza la vocación. Te hace sentir útil. Desde luego más que allí (en España), donde hay más profesionales. Aquí hay mucha necesidad, así que uno encuentra que es más útil”.

García Viejo había estado veinte años en Ghana y llevaba ya diez en Sierra Leona. Sentía simpatía por sus gentes y se molestaba al escuchar opiniones negativas sobre los africanos: “Muchas veces no son ideas ciertas. Se trata de personas que no tienen recursos, con dificultades para comer y para vivir… A veces se les juzga como perezosos porque no trabajan, o se dice que solo piensan en tener hijos. A lo mejor aisladamente hay casos pero casi siempre hay una causa objetiva para que alguien se comporte de una manera determinada”.

Al contrario que a muchos misioneros, su sueño no era vivir en África. “Cuando entré como hermano de San Juan de Dios no pensaba en venir a África, pero luego, cuando estaba estudiando, había ya hermanos en Monrovia y Ghana . Éramos muy pocos médicos en la orden y lo normal es que viniéramos donde hacía falta”.

Poco a poco el gusanillo fue creciendo: “Es que había mucha necesidad. Cuando vienes lo haces un poco para ver qué pasa, pero después te empieza a gustar. Ahora te dices: me voy a quedar aquí hasta que pueda”.

“Mientras me encuentre bien, ¿qué hago yo en España? Aquí también se disfruta de la vida. Si estuviéramos aquí mal… Pero no. Es una vida sencilla, sin complicaciones. Una vida con problemas como los tienen todos. El trabajo tiene sus dificultadesporque hay muy pocos medios y te ves obligado a resolver muchas cosas por tu cuenta. Pero aquí no hemos venido a solucionar todos los problemas de esta gente, sino a darles una ayuda. Hacemos lo que podemos. Nada más”.

“A este hospital siempre han venido médicos voluntarios. Por ejemplo venía un pediatra todos los años, lo que aquí es un lujo. Ahora también llegan pero se ha cortado un poco porque con la crisis los médicos ya no tienen tanta libertad para venir a estos sitios. Si un médico viene de vacaciones en verano ya no le cubren la plaza. Tenemos más problemas para encontrar gente”, nos dijo Manuel cuando salió el sempiterno tema de la crisis.


“La gente siempre ha usado la medicina tradicional. En parte porque no tienen muchos recursos y la medicina es muy cara. A veces vienen de la tradicional, que usan como primer estadio. Otras veces acaba convirtiéndose en el último, cuando ya no podemos darles una solución. En general sí vienen aquí y confían. Cuando llegan aquí se les atiende. Si una operación es urgente la afrontamos, porque la gente es muy pobre y tiene muy pocos recursos. Con los niños, afortunadamente, no hay problema de pago porque hay un programa de apadrinamiento en Barcelona que permite pagar todos los tratamientos de los niños ingresados. Por el momento se mantiene, aunque nos han dicho que la gente se está dando de baja por la crisis. Cuando hay que pagar aquí el dinero va siempre al padre, luego para la madre y por último para los niños. Para mí la importante debería ser la madre, que es la que carga con los hijos”.

Manuel García Viejo era hermano de la Orden de San Juan de Dios, médico especialista en Medicina Interna y diplomado en Medicina Tropical. Llevaba más de 30 años en África, entre Ghana y Sierra Leona.

Entrevista: Luis Esteban Larra y Rafael Armada. Artículo originalmente publicado por Mundo Negro

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