Aleteia

7 consejos para vivir una vida plena a los 93 años

© TheArches
Comparte
Comenta

Se precisa un verdadero acto de fe para creer en el valor de tu vida cuando muchos alrededor tuyo ven las cosas de forma distinta

1. Dar – El espacio que se ocupa cuando uno envejece es más chico, y estoy constantemente eliminando las cosas que una vez consideraba que eran indispensables. Hace poco, me desprendí de algo que después precisé. Pero pensé que la persona que lo recibió iba a darle buen uso, y que Dios se ocuparía de mí. Pocos días después recibí de otra persona exactamente lo mismo que había dado. Así decidí que dar es un estilo de vida que no envejece nunca, y el céntuplo es siempre nuevo.

2.- Nuevas amistades – Todos se preocupan por los niños cuando empiezan la escuela y se deben encontrar con nuevos compañeros, pero nadie piensa que una nonagenaria que entra en una casa para ancianos debe recomenzar desde cero. Tuve que aprender a escuchar a personas que pueden pensar de modo muy distinto y comprender cuánto cada uno quiere ser amado.

3.- Oración – Cuando se envejece es más fácil tener tiempo para rezar. Trato de estar al día sobre todo lo que ocurre y tengo una lista de intenciones por las cuales rezar. Se podría pensar que a los 93 años he logrado amortiguar  los defectos de mi carácter, pero me encuentro cometiendo los mismos errores que traté de corregir durante toda mi vida. Aprendí a recomenzar y ponerme a vivir bien el momento siguiente.

4.- Salud–  Soy consciente de que mi viaje se acerca a su fin, por lo cual es maravilloso estar todavía en condiciones de ir a hacer gimnasia, de comer bien, de lograr ponerme las gotas oftálmicas y tomar todos los medicamentos como me han recetado. Tengo una relación cercana con aquellos que están en el más allá, en el Paraíso. Les confío distintas intenciones a cada uno y les pido  que me ayuden y me den fuerza cuando las cosas se ponen un poco más difíciles. Se precisa un verdadero acto de fe para creer en el valor de tu vida cuando muchos alrededor tuyo ven las cosas de forma distinta.

5.- Armonía – No tengo necesidad de mucha ropa o muebles, pero trato de mantener ordenado lo que tengo. Con mi vista ya escasa, no estoy segura si los colores combinan, y podría pensar: “¿Qué importa?”. Pero luego pienso que también a los 93 años, debo tratar de ser una expresión de la belleza de Dios en la manera que me visto y en la armonía y orden de mi apartamento.

6.- Learning – Siempre quise aprender nuevas cosas, entonces trato de estudiar los documentos del Santo Padre y mirar el DVD sobre el catecismo o sobre otros temas. Sé que no trabajaré nunca más como enfermera, pero forma parte de mi vocación el estar al día sobre los desarrollos de mi profesión: tal vez algo que leo puede ser útil para otras personas. Amo la sabiduría y le rezo a menudo al Espíritu Santo para que me ayude a no decir palabras inútiles.

7.- Conexiones – En el pasado trataba de mantenerme en contacto con otras personas enviando cartas o usando el teléfono. En cambio, ahora, los tiempos han cambiado, y si a los 50 años saqué el carné de conducir, ahora tuve que aprender a usar el email para poder tener noticias y permanecer en contacto con todos. Estoy aprendiendo poco a poco, porque hasta ahora sé mover el mouse ¡sólo en una sola dirección!

¿Mi conclusión? Sí, es un poco difícil tener la edad de 93 años, pero esto no significa que no se puede tener una vida plena y satisfactoria.

Por Agatha O’ Donnell.
Artículo originalmente publicado por Movimiento de los Focolares

Comparte
Comenta
Newsletter
Recibe Aleteia cada día