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Sínodo: «La ley natural es muy importante pero sólo salva Jesucristo»

Jeffrey Bruno
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Entrevista a Rodrigo Guerra López, laico mexicano del equipo de expertos que participan en la asamblea de obispos sobre la familia

El Papa Francisco tiene ante el sínodo sobre la familia una idea profundamente unida a la realidad y al mismo tiempo profundamente arraigada en el Evangelio. Lo afirma el único mexicano laico participante en el grupo de expertos que acompañan a los obispos estos días en Roma, Rodrigo Guerra López, en la segunda parte de la siguiente entrevista a Aleteia.

¿Cuál es la dirección que el Papa quisiera darle al Sínodo?

Tengo la impresión de que hay que mirar con atención en los últimos días, tres intervenciones metodológicas de Francisco que insinúan una cierta dirección.

El viernes 3 de octubre el Papa nos habla de la frecuente resistencia a la salvación que experimentan quienes buscan cumplir de manera moralista un conjunto de preceptos creados desde una “fiebre intelectual y teológica”.

El decía: “no creen en la misericordia ni en el perdón: creen en los sacrificios” (…) “Quieren que todo esté bien acomodado, bien ordenado, todo claro. Este es el drama de la resistencia para la salvación. También nosotros, cada uno de nosotros tiene este drama dentro de sí”.

El sábado 4, durante la vigilia de oración por las familias, el Papa dice que es necesario buscar lo que hoy el Señor pide a toda su Iglesia, prestando oídos a los latidos de este tiempo y percibiendo el “olor” de los hombres de hoy, hasta quedar impregnados de sus esperanzas y angustias.

Enseguida, de manera particularmente dramática, afirma: “para los padres sinodales pedimos, ante todo, el don de la escucha: escucha de Dios, hasta sentir con Él el grito del pueblo; escucha del pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama.” En otras palabras, durante el Sínodo será importante sentir con el pueblo, para sentir con la Iglesia.

Finalmente, el domingo 5 de octubre, durante la misa de apertura del Sínodo en la Basílica de San Pedro, Francisco recuerda que estas asambleas episcopales no tienen como objeto ser un escenario para apreciar quién es más inteligente sino que su finalidad es cultivar y guardar mejor la viña del Señor, para cooperar con el sueño de Dios. “La viña del Señor es su sueño” y “el «sueño» de Dios es su pueblo”.

Además, advirtió de la tentación de la codicia del poder.  Para satisfacer esta codicia, los malos pastores cargan sobre los hombros de las personas fardos insoportables “que ellos mismos ni siquiera tocan con un dedo”.

Finalmente, apuntó que todos podemos tener la tentación de apoderarnos de la viña a causa de la codicia: “El sueño de Dios siempre se enfrenta con la hipocresía de algunos servidores suyos”, dice Francisco. Podemos «frustrar» el sueño de Dios si no nos dejamos guiar por el Espíritu Santo.

¿Por qué llama usted a estos mensajes del Papa Francisco “intervenciones metodológicas”?

Desde mi particular punto de vista, el Papa desarrolla y profundiza de manera original algunas de las mejores intuiciones en cuanto al método de san Juan Pablo II y de Benedicto XVI. Así mismo, está acostumbrado a pensar la realidad desde la fe y a vivir la fe desde la realidad.  Esto es muy propio del “camino” de la Iglesia en América Latina.

En efecto, Francisco reconoce que la acción pastoral que abraza y se une al drama que vive el Pueblo de Dios es un lugar especial para la aprehensión de la verdad que el Señor nos desea comunicar hoy.

A nadie que conozca a fondo el pensamiento de Karol Wojtyla-Juan Pablo II esto le puede parecer extraño. Tanto sus obras filosóficas (Amor y Responsabilidad; Persona y Acción) como su extraordinario magisterio pontificio, fueron desarrollados precisamente en esta clave.

¿Y de Benedicto XVI?

Su insistencia sobre la primacía de la gracia y el peligro de las diversas modalidades de gnosticismo y neopelagianismo.  Esto motiva a Francisco una y otra vez a señalar que

Jesucristo es una realidad que nos precede, más grande que nuestras teorías sobre de Él.

La reducción del cristianismo a un conjunto de conceptos o de normas es una tentación grande en todos los tiempos. Esta reducción suele traducirse en una postura intransigente, aparentemente ortodoxa, pero ajena a la caridad paciente y misericordiosa propia de Jesús.

Entonces, ¿cómo resume la visión del Papa Francisco?

Insisto, Él mira la realidad desde la fe, reconoce la misteriosa presencia de Jesucristo en toda circunstancia, y afirma valientemente la fuerza y originalidad del evangelio en el contexto del cambio de época. Fieles al evangelio y unidos al Papa, con toda seguridad los padres sinodales podrán hallar en el Sínodo un momento de  profundización doctrinal y creatividad pastoral a la altura de las circunstancias.

¿Cómo puede ayudar este enfoque a afrontar los nuevos desafíos que viven hoy el matrimonio y la familia?

Los matrimonios y las familias que sufrimos los efectos del pecado, aun cuando no nos expresemos en un lenguaje elaborado, intuimos que sólo Jesucristo puede sanar nuestras heridas.

La ley natural es muy importante como parámetro objetivo para la vida moral. Pero la ley natural no salva. El único que salva es Jesucristo.

La tentación del encono, la división y la violencia entre los hermanos, entre los esposos y al interior de la familia sólo es superable a través del amor y del perdón, confiando en la misericordia de Dios e ingresando a un camino de purificación que transforme la vida paulatinamente.

¿No pecar es más fruto de la gracia que un esfuerzo titánico de la voluntad?

La voluntad humana está llamada a cooperar, a dejarse ayudar. Quien no se deja ayudar, sino que prefiere hacer las cosas por su cuenta y riesgo, termina endureciendo el corazón. Quiera Dios que hoy todos nos dejemos ayudar y acojamos con docilidad la gran llamada de atención que nos dirige Francisco, y a través de él, Aquel que misteriosamente lo sostiene en su ministerio. 

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