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Ni angelismo ni erotismo: el amor de verdad no es eso

Albert Palmer
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Un libro ayuda a entender cómo amarse en “cuerpo y alma”

Un “verdadero humanismo que abraza a todo el hombre, cuerpo y alma, para guiarlo al amor fecundo y procreador”. Esto debe ser el elemento guía del matrimonio según Ferdinando Mario Bombelli, autor de “Amarsi anima e Corpo. Per vivere bene la sessualità del matrimonio” (San Pablo). (Amarse cuerpo y alma. Para vivir bien la sexualidad en el matrimonio).

Bombelli, del Instituto Científico Universitario del Hospital San Rafael de Milán, indica que es necesario tomar distancia tanto del erotismo, tan enfatizado en nuestra época y que “puede volverse enemigo del amor” por “la exaltación excesiva de su elemento sexual genital que puede perturbar el equilibrado desarrollo del amor de los esposos”, como del angelismo”, “la negación del amor físico, que priva la relación conyugal de su componente esencial” y puede llevar a la “progresiva pérdida de la armonía entre los cónyuges”.

El secreto de la felicidad de los cónyuges encuentra, en cambio, sus orígenes “en una seria y constante preparación al matrimonio, que se realiza a través del conocimiento del propio y del otro sexo, la comprensión del valor amoroso positivo de la sexualidad, y la justa inteligencia del amor en orden a la jerarquía de sus elementos”.

En este contexto, el libro de Bombelli se presenta como “esencialmente una obra técnica y científica, pero profundamente humana en sus contenidos”, porque “rechaza la sexualidad sin amor, proponiéndose, al contrario, poner la sexualidad al servicio del amor”.

Los primeros capítulos están dedicados al amarse con el cuerpo. “Cuántas uniones no alcanzan una armonía completa porque los esposos mantienen una reserva mental sobre la decencia de los gestos físicos del amor”, escribe el autor.

Se analiza luego cómo amarse con el alma, o “desear para la persona amada todo el bien posible y comprometerse a buscarlo a base de esfuerzos positivos y, acaso, del sacrificio de los propios deseos, de las propias comodidades, de los gustos personales”; “significa aceptar todo del otro, así como es, con sus virtudes y sus defectos. Quiere decir continuar amándolo, a pesar de sus límites, y a querer su felicidad”.

Amarse con el alma quiere decir realizar conjuntamente, el uno por medio del otro, la plena madurez de las dos personalidades. Para él quiere decir volverse más seguro de sí mismo; para ella, más conciente y orgullosa de la propia feminidad; para ambos, confiar más en la vida”; “significa buscar colmar todos los gestos de la vida común con el vivo deseo de dar placer al otro, de anticipar y realizar sus deseos. Es desde esta preocupación del corazón, antes que nada, que la relación trae su propio beneficio, su propio valor, su propia dignidad”.

“Amarse con el alma quiere decir, finalmente, donarse totalmente el uno al otro, con el cuerpo y con el corazón. El alma debe respetar el lugar que el amor físico ocupa en el amor completo; debe consentir que salgan a la luz las posibilidades de placer, de gozo, de fecundidad que ello conlleva. Se trata, sustancialmente, de reconocerle su lugar, sin ignorarlo, sin sofocarlo, sino animándolo. Descubriendo de esa manera su sentido pleno, sus alegrías, al servicio del amor recíproco y la fecundidad generosa de la pareja”.

El libro de Bombelli se dirige a los jóvenes esposos que enfrentan el matrimonio “animados por las mejores intenciones, transportados por un amor fresco y ardiente que aún no ha exigido la intervención de la voluntad para ser realizado: el amor propio de la pareja que está de luna de miel”. “Bastarán pocas semanas o pocos meses de vida juntos para que los ojos de los esposos se abran respecto a ciertas realidades mucho menos poéticas de sus sueños. Y si, al inicio, adaptarse uno al otro será bastante fácil, más tarde el hábito de la vida a dos, el sobrevenir de un primer hijo y de las responsabilidades relacionadas modificarán profundamente la vida conyugal de la pareja e impondrán una adaptación recíproca, realizable sólo con enorme buena voluntad”.

También el amor conocerá una evolución, llegando a una especie de “nuevo matrimonio” porque la edad y las circunstancias de la vida transforman las personalidades de los esposos: “si han estado atentos a construir su amor, los vínculos que los unían al inicio del matrimonio se consolidarán con el pasar de los años; sin embargo, para que esta progresión sea constante, deberán de vez en cuando comprenderse en función de las nuevas circunstancias”.

“El secreto del éxito siempre es el mismo”, concluye Bombelli: “buscar lealmente comprender el punto de vista del otro y buscar la manera de adaptarse a él. Esfuerzo constante. Dulce esfuerzo, para quienes se aman verdaderamente.
Esfuerzo que ‘paga’ porque busca para la familia armonía y serenidad”.

 

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