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​¿Qué hacer ante guerras lejanas? Fe y oración, nunca conformismo

© Al Furqan
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Celebradas en la Universidad de Comillas unas jornadas sobre la reconciliación como un aspecto clave de la fe cristiana

Las imágenes y noticias de guerras en distintos puntos del mundo impactan, pero a menudo están muy lejos y es fácil pensar que uno no puede hacer nada ante ello y acabar cayendo en el conformismo.
 
“Nos replegamos en nuestras comunidades, en las iglesias, extrañándonos de un mundo demasiado grande en el que poco se pude hacer”, constató el fundador de la Comunidad de San Egidio, Andrea Ricardi en las 11ª jornadas anuales de la Facultad de Teología de la Universidad de Comillas de Madrid, los pasados 30 de septiembre  y 1 de octubre.
 
Pero, advirtió Riccardi, “una Iglesia que no se mide con los problemas de la guerra y la paz es una iglesia introvertida”.
 
En este sentido, el historiador y ex ministro italiano afirmó que “a lo largo del siglo XX todos los papas han sido profetas y trabajadores de paz, pero muchas veces han sido abandonados por los fieles, que no creen que la paz tenga que ver con su misión”.
 
Los fieles se dejan llevar por sus pasiones y están intimidados por el conformismo. Sin embargo, la paz es nuestro carisma cristiano”, sentenció.
 
Citando al Papa Francisco, que habla de una tercera guerra mundial aunque librada a capítulos, Riccardi señaló que “hoy se rehabilita la guerra como método de solución de conflictos, hemos olvidado la historia y sin ella nos convertimos en prisioneros de las pasiones de un momento. Es fácil el recurso a la violencia y el terrorismo para hacer valer los propios derechos”.
 
Para Riccardi, la primera respuesta está en la fe: “En el mundo belicoso, el problema de la fe es definitivo”. 
 
En este sentido, la comunidad de San Egidio, que ha mediado en numerosos conflictos de todo el mundo, trata de ponerse en marcha con fe, desde la palabra de Dios.
 
A nuestras comunidades en todo el mundo les pedimos, como primera obra, encontrarse para rezar. La oración es el grito de quien no se ha resignado al odio y a la guerra”, explicó.
 
La paz se irradia y la resistencia a la violencia es decisiva. El carisma del cristiano es la pacificación”, añadió en una entrevista a Religión Digital.
 
Riccardi afirmó que “en estos momentos existen 26 focos de conflictos activos, pero quizás la mayor amenaza a la paz sea la violencia ciega del terrorismo del Estado Islámico”.
 
En su opinión, los yihadistas son “un desafío a los países europeos y un desafío global, incluso para las religiones, porque vehicula la idea de que las religiones son instrumentos de violencia”.
 
Sobre la manera de detener su violencia, aseguró que “el fanatismo religioso se detiene en nombre de Dios”, y añadió que “el pecado del fanatismo es poseer a Dios, porque el verdadero creyente es el que se deja poseer por Dios”.
 
Sobre el jesuita Dall’Oglio, secuestrado desde hace más de un año en Siria, dijo: “Temo por él y rezo por él y por los dos obispos también desaparecidos desde hace tiempo. Circulan malas noticias y parece que podría haber sido asesinado”.
 
Por su parte, el secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Luis F. Ladaria, explicó lo que significa teológicamente la reconciliación para el cristiano, destacando que en definitiva es un regalo, una gracia.
 
 “Hablar de gracia y de gratuidad se ha convertido en algo insólito, lo que cada cual es y posee se considera fruto de sus obras y su trabajo (…) –constató-. La palabra gracia no está de moda, ni siquiera en el lenguaje de muchos cristianos”.
 
Sin embargo, “la reconciliación es una dimensión del estar agraciado, que nos hace ver la hondura del don de Dios”, “en la reconciliación de Dios en Cristo opera el amor que él nos tiene”.
 
Ser agraciado y reconciliado son dos características fundamentales del cristiano, que no se yuxtaponen ni se ponen al mismo nivel, insistió a lo largo de su exposición.
 
“También la reconciliación es gracia, no se basa en el esfuerzo, es gratuito”, “somos agraciados y reconciliados –prosiguió-. Sólo en su mutua relación se pueden entender estas dos características del ser cristiano”.
 
“En cuanto reconciliados somos radicalmente agraciados –añadió-. En la plenitud de nuestro agradecimiento alcanza la reconciliación todo su sentido y su última finalidad”.

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