Aleteia logoAleteia logo
Aleteia
miércoles 20 octubre |
San Cornelio, el centurión
Aleteia logo
home iconEspiritualidad
line break icon

​Las tres bolas de oro de san Francisco

© Guillermo Vasquez / Flickr / CC

Carlos Padilla Esteban - publicado el 04/10/14

¡Tenemos que despojarnos de tantas cosas para que Él pueda llegar a nosotros y habitar!

No sé muy bien si es posible vivir sin preocupaciones, sin agobios, sin miedos. Nos pide san Pablo: «Nada os preocupe». Y miro mi alma enferma, herida y agobiada. Y pienso que no es posible. ¡Tantas angustias y preocupaciones!

¿Cómo va a ser posible cuando el corazón busca lo que no tiene, anhela lo que sueña, espera lo que no llega y sufre? ¿Cómo mirar el infinito bebiendo la finitud de un día y no quedarnos insatisfechos al comprobar los límites?

Y ahora escucho: «La paz de Dios custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús». Y el corazón se calma. La paz de Dios nos calmará.

Ojalá no me preocupara nunca. Pero me preocupo. Organizo, analizo, me preparo, controlo. Y todo se escapa de mi control. Y lo sé. Sé con certeza que me preocupo muchas veces en vano. Que no merece la pena. Que la vida es mucho más que mis miedos, que mis inseguridades, que mis pesares.

Pensamos en lo que ocurriría si perdiéramos todo lo que poseemos, si no tuviéramos lo que nos da seguridad, si dejáramos de lograr lo que parece ser un éxito continuado. Nos quedaríamos vacíos en medio del camino. Alzaríamos los brazos al cielo, hundidos. Nos sentiríamos de verdad pobres de Dios. Sin nada que defender, sin nada que guardar.

Pienso en san Francisco. Al final de su vida lo había perdido todo. Sólo tenía su pobre hábito franciscano. Se encontraba en el monte Alvernia entregado a Dios. Pensaba que ya lo había entregado todo. Pero aún guardaba tres bolas de oro en su corazón. El oro por haber sido fiel en la pobreza, la castidad y la obediencia.

Esos méritos aún le pesaban en el alma. Se tuvo también que despojar de ellos. Y de sus sueños y planes con respecto a su obra. Esa comunidad franciscana que no seguía todos sus anhelos. Entonces se encontró vacío ante Dios.

Rezaba: «¿Quién eres Tú, Señor de infinita bondad, sabiduría y omnipotencia, que te dignas visitarme a mí, que soy un gusano vil y abominable? Señor mío, yo soy todo tuyo. Tú sabes bien que no tengo otra cosa que el hábito, la cuerda y los calzones, y aun estas tres cosas son tuyas; ¿qué es lo que puedo, pues, ofrecer o dar a tu majestad? Entonces Dios me dijo: – Busca en tu seno y ofréceme lo que encuentres. Busqué, y hallé una bola de oro, y se la ofrecí a Dios; hice lo mismo por tres veces, pues Dios me lo mandó tres veces; y después me arrodillé tres veces, bendiciendo y dando gracias a Dios, que me había dado alguna cosa que ofrecerle».

Ya vacío deja el Señor impresas en su cuerpo sus propias heridas. Tenemos que despojarnos de tantas cosas para que Él pueda llegar a nosotros y habitar. A veces tendremos que entregarle cosas muy buenas, pero que se convierten en bolas de oro que nos pesan. Porque estamos orgullosos. Porque nos sentimos buenos, dignos, salvados.

Y por eso tenemos que entregárselo todo. Para vivir libres, despreocupados, en su paz. Porque nos preocupamos temiendo dejar de poseer, no recibir, no alcanzar. Tememos acontecimientos terribles que a lo mejor no llegan a ocurrir.

Tenemos demasiadas bolas de oro en el corazón. Bolas que pesan y nos hacen dejar de mirar al cielo, a lo alto.

Nos movemos temerosos entre la vida y la muerte. La salud y la enfermedad. La pobreza y la riqueza. El amor y el desamor. El recuerdo y el olvido. Existimos en ese margen incierto entre la plenitud y el vacío. Nos movemos entre el ayer y el mañana con desparpajo de hombres arrojados a esta vida. Nos convertimos en cuidadores, en buscadores, en navegantes. Servimos, usamos, nos movemos buscando que la vida tenga sentido.

Pero a veces, mirándonos a nosotros mismos, nos ofuscamos con lo que vemos. Queremos más, queremos todo, no queremos perder nada. Mirar sin levantar los ojos es lo mismo que caminar a ciegas. Es mirar sin ideales, sin sueños, sin esperanza. Es caminar sin buscar a Aquel que le da luz a nuestra oscuridad y norte a nuestra desorientación cotidiana. 

Tags:
almasantos
Apoye Aleteia

Usted está leyendo este artículo gracias a la generosidad suya o de otros muchos lectores como usted que hacen posible este maravilloso proyecto de evangelización, que se llama Aleteia.  Le presentamos Aleteia en números para darle una idea.

  • 20 millones de lectores en todo el mundo leen Aletiea.org cada día.
  • Aleteia se publica a diario en siete idiomas: Inglés, Francés, Italiano, Español, Portugués, Polaco, y Esloveno
  • Cada mes, nuestros lectores leen más de 45 millones de páginas.
  • Casi 4 millones de personas siguen las páginas de Aleteia en las redes sociales.
  • 600 mil personas reciben diariamente nuestra newsletter.
  • Cada mes publicamos 2.450 artículos y unos 40 vídeos.
  • Todo este trabajo es realizado por 60 personas a tiempo completo y unos 400 colaboradores (escritores, periodistas, traductores, fotógrafos…).

Como usted puede imaginar, detrás de estos números se esconde un esfuerzo muy grande. Necesitamos su apoyo para seguir ofreciendo este servicio de evangelización para cada persona, sin importar el país en el que viven o el dinero que tienen. Ofrecer su contribución, por más pequeña que sea, lleva solo un minuto.

Oración del día
Hoy celebramos a...





Top 10
1
VENEZUELA
Ramón Antonio Pérez
Cuando la vida surge del atroz abuso a joven discapacitada
2
Henry Vargas Holguín
¿Cuál es el pecado contra el Espíritu Santo?
3
Francisco Vêneto
Los pasajeros aplauden a los pilotos después de un vuelo de 36 ho...
4
Aleteia Brasil
¡Cuidado con las oraciones de sanación y liberación!
5
Ary Waldir Ramos Díaz
El Papa a los poderosos: “Quiero pedirles en nombre de Dios…”
6
THERESA
Maria Paola Daud
¿Santa Teresa de Ávila fue la inventora de las papas fritas?
7
Felipe Aquino
¿Hay pecados tan graves que no puedan ser perdonados?
Ver más
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.