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La familia católica es tan importante para la evangelización como los misioneros

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Susan Wills - publicado el 03/10/14 - actualizado el 26/02/19

El arzobispo Joseph Naumann habla de sus expectativas de cara al Sínodo de la familia

Joseph F. Naumann, arzobispo de Kansas City (Estados Unidos), es un partidario decidido e innovador del reforzamiento del matrimonio y de las familias. Como sacerdote y como obispo desde hace ya 17 años, ha subrayado, entre otras cosas, la correcta preparación al matrimonio, la formación a la planificación familiar natural (PFN) y el enriquecimiento de los programas para parejas casadas, además de haber predicado y escrito ampliamente sobre la sabiduría y la belleza de la enseñanza de la Iglesia católica sobre la apertura a la vida.

Ante el Sínodo extraordinario de la familia (5-19 octubre), el arzobispo Naumann consintió ser entrevistado por la edición inglesa de Aleteia sobre el estado del matrimonio y de los programas de PFN a nivel diocesano, sobre lo que hace falta para reforzar el matrimonio y la familia y sobre las esperanzas para el Sínodo.

– En general, ¿qué están haciendo las diócesis católicas en Estados Unidos para preparar a las parejas al matrimonio y formarlas en los métodos de planificación familiar natural basados en la ciencia moderna?

Casi todas las diócesis ha llevado a cabo un esfuerzo concertado a nivel de preparación al matrimonio. La Iglesia católica invierte más tiempo, energía y recursos que cualquier otro grupo de fe en Estados Unidos para ayudar a las parejas a prepararse no sólo a la ceremonia nupcial, sino a una vida en la que poner en práctica los votos matrimoniales. No podemos en ningún caso estar satisfechos o conformes con nuestros esfuerzos, porque vemos a demasiados matrimonios católicos fracasar, sobre todo en los primeros años.

La cultura influencia a nuestros jóvenes católicos con una actitud tóxica hacia los compromisos de por vida y del amor de sacrificio. En nuestra cultura, el amor se considera como que la otra persona me da placer o me realiza, más que como una lucha por sacrificar diariamente la vida por el bien del cónyuge.

En particular, hay que reforzar nuestra promoción de la planificación familiar natural. Cada vez más diócesis están aumentando los esfuerzos en este sector, pero la enseñanza de la Iglesia sobre la generosidad ante la apertura a la vida es extremadamente contracorriente. Debemos motivar a las parejas a desafiar los asertos y los prejuicios culturales que dicen que es mejor esperar a tener hijos y /o limitar el número de hijos a un máximo de dos. Cada vez más diócesis están incrementando el componente de la PFN en sus programas de preparación al matrimonio. Es esencial que las parejas casadas que ayudan en los cursos de preparación al matrimonio vivan las enseñanzas de la Iglesia.

– ¿Puede indicar algún signo de esperanza, algún paso adelante realizado en los últimos años?

Algunas diócesis han pedido en la preparación al matrimonio más que una simple sesión introductoria a la PFN. Alguna diócesis requiere que las parejas sigan todo un curso de PFN. Hay resistencia ante esto, pero las diócesis que han emprendido este camino refieren que cinco años después, la gran mayoría de las parejas practica aún la planificación familiar natural.

En la archidiócesis de Kansas City, tenemos la bendición de tener una doctora que se ha dedicado a difundir la PFN. Tiene una presentación muy eficaz sobre los más recientes datos científicos sobre el cerebro que se refieren al impacto negativo de la contracepción en una relación de pareja. Un alto porcentaje de parejas de novios, tras haber asistido a su presentación, titulada “Una receta para una vida larga y feliz”, ha decidido seguir un curso de PFN completo.

– ¿Qué más puede hacerse y por qué?

La Iglesia debe animar y sostener a las parejas que se esfuerzan en vivir la enseñanza de la Iglesia sobre la generosidad en la apertura a la vida.

Las parejas que tienen más de dos hijos son a menudo objeto de burla, incluso por los miembros de su parroquia. Debemos subrayar en nuestras comunicaciones la belleza de las familias numerosas, remarcando la alegría de una vida familiar bien vivida.

Una pequeña cosa que estoy haciendo en Kansas City es ofrecerme a bautizar al tercero – o siguientes – hijo de una familia en la archidiócesis. Cada mes celebro el bautismo de los niños de estas familias como pequeño aliento a ellos para desafiar los prejuicios culturales por el modo en que están viviendo su matrimonio. Aunque alguna pareja decline mi ofrecimiento, espero que este pequeño gesto por mi parte le permita sentir el apoyo de la Iglesia.

Intento también subrayar en mi predicación y en mi enseñanza que lo más importante que la mayor parte de la gente puede hacer para mejorar el mundo, cambiar nuestra cultura y reforzar la Iglesia es vivir bien su propio matrimonio y formar bien a los hijos. Los matrimonios y las familias fuertes son el resultado de miles de decisiones aparentemente insignificantes que maridos y mujeres toman para amar con sacrificio al otro y a los hijos.

La obra más importante en que cada uno puede comprometerse es la formación de la próxima generación, y este es el papel de los padres cristianos. La Iglesia debe ayudar a las parejas casadas a comprender la importancia de su matrimonio no sólo para sí y sus hijos, sino también para el país y para la Iglesia. La familia católica es tan importante para la evangelización como los misioneros que van a tierras lejanas, pues transmite la fe a través de las generaciones.

La Iglesia necesita también proporcionar más programas de enriquecimiento del matrimonio para las parejas casadas. Esta es otra forma para demostrar a las parejas la importancia de su matrimonio para la Iglesia. Durante el Año de la Fe, en la archidiócesis ofrecimos muchas oportunidades de experimentar un retiro de un fin de semana para matrimonios titulado “Vivir en el amor”. Más de 500 parejas asistieron. Recibí muchas expresiones conmovedoras de gratitud de parejas que compartieron cómo estas convivencias habían reforzado y enriquecido la vida matrimonial.

– ¿Qué espera ver surgir – respecto a la preparación al matrimonio y a la formación a la PFN – en el Sínodo extraordinario?

Espero que el Sínodo será en primer lugar un aliento para cada matrimonio para darle a entender qué importante es su amor esponsal para la Iglesia. Este Sínodo y el Sínodo ordinario que seguirá en 2015 nos motivarán como Iglesia para hacer más para preparar a las parejas al matrimonio.

A veces en nuestros esfuerzos por formar bien a las parejas hemos disuadido sin querer a algunas parejas de celebrar su matrimonio en la iglesia. El Papa Francisco nos alienta a acoger a las parejas, da igual en qué estadio estén de la aceptación de la plenitud de la enseñanza católica y a guardar con cuidado la oportunidad de compartir con ellos la belleza del amor esponsal cristiano.

Por desgracia, muchas de las parejas que vienen a casarse a la Iglesia no han tenido buenos modelos en sus propias familias. Estas personas conocen en primer persona algunas de las heridas y disgustos que el divorcio provoca a las parejas y a sus hijos. A menudo esperan que su matrimonio sea totalmente distinto, mejor.

Espero también que el Sínodo ayude a inspirar a más parejas que viven la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y que experimentan su riqueza a ofrecerse voluntarias para asistir a parejas de novios. La Iglesia nos da de verdad una “Receta para una vida larga y feliz”, debemos sólo comunicar mejor nuestra espléndida visión de la nobleza del amor esponsal.


Nota biográfica: Monseñor Joseph F. Naumann, arzobispo de Kansas City (Kansas), es desde hace 15 años miembro activo del Comité de la Conferencia de los Obispos católicos de Estados Unidos (USCCB) para las Actividades Pro-Vida, y ha formado parte también del Comité de los Laicos, Matrimonio, Vida Familiar y Juventud.


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