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Estar o ser feliz, es la diferencia

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Revista Ser Persona - publicado el 01/10/14

“Dime que vida llevas y te diré que felicidad buscas”

El hombre equivocadamente rechaza la esperanza cristiana en su futuro para aferrarse a un presente en busca de la felicidad, apostando por el placer, los bienes prácticos, el bienestar, etc.

El hedonismo confunde la felicidad con el placer, el pragmatismo con el bien útil subjetivamente mirado; el activismo con lo que se hace; la sociedad del bienestar con la ausencia del dolor, de inseguridad, de riesgos, etc… Pero la felicidad no consiste en sentir, tener, estar, etc., sino en ser.

Siempre que el hombre alcanza o posee un bien, experimenta una vivencia favorable que puede calificase con el término de gozo, que puede dar lugar a tres situaciones distintas:

Estar contentos o ponernos alegres:

El gozo de experimentar el placer sensible. Podemos encontrarnos en una fiesta con alegre música, buena bebida, comida y estar contentos  o ponernos alegres bajo estos estímulos  placenteros, viviendo la virtud de la templanza y divirtiéndonos de cara a Dios. Estamos así en posesión de unos bienes sensibles que son necesarios para el espíritu, nos distraemos, divertimos y es tan bueno y necesario,  como cuando haciendo calor abrimos una ventana para que entre el aire fresco. Pero debemos tener conciencia de que estos bienes corresponden a una realidad  que de ordinario se caracteriza por su falta de permanencia; pues el placer sensible tiene un tono fugaz, transitorio, huidizo aunque se trate de placeres lícitos y alegrías válidas.

Quienes equivocadamente buscan la felicidad solo en los placeres sensibles, se crean un vacío peligroso que puede hundirlos en el abismo insondable  del egoísmo y los vicios. Existe una gran oferta mercadotécnica que propone estos sucedáneos de felicidad al margen de la virtud, sobre todo a los jóvenes.

Estar felices:

El gozo de haber logrado una meta con esfuerzo. Estamos felices porque hemos terminado unos estudios; logrado el noble amor de una persona; obtenido un triunfo deportivo; ayudado a otros a superarse, etc. Son contenidos de mayor valía que requieren poner en juego lo mejor de la persona como nuestros talentos y fortalezas, es así que obtenemos unas gratificaciones muy superiores al mero placer sensible. Se trata de actividades que pueden aprender a desarrollarse en cada uno de los ámbitos de la vida: el trabajo, el amor, la amistad y la educación de los hijos etc. Es un gozo que se sustenta en realidades concretas y de  mayor entidad. Este gozo nos debe llevar al encuentro con Dios en actos de gratitud y humildad, conscientes de que todo es por providencia divina.

Ser felices:

El gozo de sabernos hijos de Dios. Quien tiene fe sabe que Dios ha depositado  en el corazón del hombre el deseo de la felicidad como el motor de su vida, y quiere corresponder a este deseo comunicándonos su propia felicidad  si nos dejamos fielmente conducir por Él.

De esta manera, no propiamente estamos contentos o felices, sino que somos felices ya en esta  vida, para serlo en plenitud al ser elevados por nuestro Creador.

No importa ya el curso que tomen los acontecimientos, aun cuando nos encontremos con la cruz  la felicidad  contendrá una sensación de paz permanente, muy distinta y superior al simple placer sensible  y las alegrías de las satisfacciones por las cosas logradas.

Este  gozo no lo arrebata el dolor y el sufrimiento pues Dios permite  que descubramos su sentido positivo, tanto desde el enfoque sobrenatural que nos ofrece la oportunidad de aumentar los merecimientos de la vida eterna, como desde la perspectiva humana, porque  nos puede hacer más humanos, más maduros, interiormente fuertes, humildes y comprensivos con los demás.

Una vida plena de esperanza es lo propio de la alegría sobrenatural del cristiano.

Reflexiones basadas en los escritos del Padre Francisco Ugarte.

Por Alfonso Lira Ibarra en http://www.revistaserpersona.com

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