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Un sacerdote no puede efectuar ceremonias que contradigan la concepción cristiana del matrimonio

© Chris Howey/SHUTTERSTOCK
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Un sacerdote argentino presidió una ceremonia que se asemejaba a un matrimonio. Actitudes pastorales no deben hacer incurrir en confusiones. El recuerdo del cardenal Bergoglio.

La escena había impresionado. Con fotografías bien claras, un sacerdote católico de la diócesis argentina de Santiago del Estero, desde un altar, preside una celebración en la que se ve, en primera fila, a una pareja de contrayentes. Pero ambos eran varones, uno de ellos transexual y vestido de blanco. La noticia rápidamente se difundió y se habló en no pocos medios de “casamiento trans” celebrado en una Iglesia, quizá el “primero en Sudamérica”.

Inmediatamente, el obispado de Santiago del Estero aclaró que por más que la ley civil argentina autorice uniones entre personas del mismo sexo, como lo hace a través de la denominada ley de Matrimonio Igualitario impulsada por el gobierno de Cristina Kirchner en 2010, “en la Iglesia no hay otra ley más que esta”, en referencia al Código de Derecho Canónico y el Catecismo. “Es decir”, continuaba, “únicamente se entiende por matrimonio el acto de la voluntad, por el cual el varón y la mujer, naturalmente concebidos como tales desde el seno materno, se entregan y aceptan mutuamente en alianza irrevocable”.

La ceremonia presidida por el sacerdote tras la unión civil, que no se trataba de una celebración matrimonial, había causado gran revuelo y confusión. Ante este escenario, el Obispado emitió un segundo comunicado en el cual aclara que los sacerdotes no pueden “efectuar ceremonias de cualquier tipo que contradigan la concepción cristiana del matrimonio” ya que “podrían dar la impresión de que se celebran nupcias sacramentales válidas y como consecuencia inducirían al error sobre la concepción cristiana del matrimonio”.

Este segundo texto aclara que ni siquiera con “pretexto pastoral” se debe incurrir en la confusión. “La íntima comunidad de vida y amor conyugal, que ha sido fundada por el Creador y provista de leyes propias, se establece sobre la alianza del matrimonio, que es un vínculo sagrado que no depende del arbitrio humano, sino que el mismo Dios es el autor del matrimonio”, explica.

El documento, que lleva la firma del Obispo de Santiago del Estero monseñor Vicente Bokalic y de su auxiliar monseñor Ariel Torrado Mosconi, insiste, asimismo, “que toda persona deberá ser acogida con respeto, compasión y delicadeza” y que “se evitará todo signo de discriminación injusta”. Todos los bautizados, profundiza, serán invitados a “fundamentar su vida de fe en la Palabra de Dios que nos ofrece la salvación y nos llama a la conversión. Para vivir, perseverar y crecer en la fe debemos recurrir a la oración, los sacramentos y la caridad”.

“Actuando de este modo, la Iglesia católica profesa la propia fidelidad a Cristo y a su verdad; al mismo tiempo se comporta con espíritu materno hacia todos sus hijos, en particular con los que están en las periferias existenciales”, sintetiza el mensaje llamando al respeto a la ley de Dios y a la compasión con cada persona”.

Ley de matrimonio para personas del mismo sexo

Desde 2010, las personas del mismo sexo pueden contraer matrimonio  civil en toda la Argentina. El debate parlamentario en aquella ocasión contó con algunas irregularidades que enturbiaron un debate que se había dado en todo el país y que llevaron a la aprobación de la ley de “Matrimonio igualitario”. Entre las irregularidades, por ejemplo, senadores que habían adelantado su rechazo fueron invitados por el Poder Ejecutivo a un viaje a China y no pudieron participar de la votación.

El laicado argentino, que procuró una movilización social para mostrar la representatividad del rechazo a esta ley finalmente aprobada, contó con el contundente apoyo del entonces Arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio. Este apoyo y rechazo a la nueva ley, explícito en numerosas ocasiones, se contiene de especial manera en la carta que a la manifestación ciudadana en contra de ley envió el 5 de julio de 2010. En ella, al igual que en la carta de los Obispos de Santiago del Estero, se afirma la necesidad primaria de respetar al matrimonio y la familia, y de al hacerlo, de que “no haya muestras de agresividad”. Ante la tergiversación intencionada de grupos políticos en torno las actitudes pastorales del Papa Francisco, reproducimos fragmentos de sus  palabras de entonces:

“No es lo mismo el matrimonio (conformado por varón y mujer) que la unión de dos personas del mismo sexo. Distinguir no es discriminar sino respetar; diferenciar para discernir es valorar con propiedad, no discriminar. En un tiempo en que ponemos énfasis en la riqueza del pluralismo y la diversidad cultural y social, resulta una contradicción minimizar las diferencias humanas fundamentales. No es lo mismo un padre que una madre. No podemos enseñar a las futuras generaciones que es igual prepararse para desplegar un proyecto de familia asumiendo el compromiso de una relación estable entre varón y mujer que convivir con una persona del mismo sexo.

“Tengamos cuidado de que, tratando anteponer y velar por un pretendido derecho de los adultos dejemos de lado el prioritario derecho de los niños, que deben ser los únicos privilegiados, a contar con modelos de padre y madre, a tener papá y mamá.

“Te encargo que, de parte de  Ustedes (la misiva estaba dirigida al director del Departamento de Laicos), tanto  en el  lenguaje  como en el corazón, no haya muestras de agresividad ni de violencia hacia ningún hermano. Los cristianos actuamos como servidores de una verdad y no como sus dueños. Ruego al Señor que, con su mansedumbre, esa mansedumbre que nos pide a todos nosotros, los acompañe en el acto”.

 

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