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​“El Estado Islámico sólo es la punta del iceberg”

AP
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Entrevista al geógrafo experto en Siria Fabrice Balanche

Tras la adopción por parte de la ONU de una resolución para responsabilizar a los estados de la partida de sus nacionales a Siria e Irak, la coalición internacional se organiza.
 
Aleteia ha pedido un análisis al geógrafo Fabrice Balanche, profesor de la Universidad Lyon 2 y director del Grupo de Investigación y de Estudios sobre el Mediterráneo y Oriente Medio, con motivo de su intervención en la Universidad Católica de Lyon sobre el tema de los cristianos probados por el Estado Islámico.
 
“Tengo la impresión de que los cristianos de Oriente están realmente viviendo sus últimas horas, porque el Estado Islámico (EI) no es más que la punta del iceberg”, afirma.
 
¿Queda algún rayo de esperanza para el pueblo cristiano de Oriente Medio? Si finalmente el pseudo-califato fuera neutralizado, ¿los cristianos de Oriente podrían algún día recuperar la sensación de seguridad?
 
Yo tengo la impresión de que los cristianos de Oriente están realmente viviendo sus últimas horas, porque el Estado Islámico no es más que la punta del iceberg.
 
Es el resultado de un proceso de exclusión de las minorías no sunitas, no árabes, porque los kurdos también son apuntados; sobre todo cristianos, que son numéricamente los más débiles y por tanto los más susceptibles de ser excluidos, incluso en países como el Líbano: acabo de pasar allí dos semanas y puedo deciros que la situación también es muy tensa.
 
En el fondo, el EI no es más que el wahabismo auténtico promovido por Arabia Saudí, del que el wahabismo es el cemento ideológico.
 
La población, desde la escuela, está muy fuertemente islamizaday “wahabizada”.
 
Tras el 11 de septiembre de 2001, los Estados Unidos pidieron a los saudíes que reformaran su programa para acabar con un sistema escolar que consideraban una máquina de producir extremistas.
 
Pero los religiosos, encargados de la educación, se opusieron. Hoy constatamos en la población saudí, pero también en muchas otras poblaciones musulmanas, una simpatía real por el Estado Islámico.
 
No se trata por supuesto de toda la población, pero sí de una parte no despreciable, que desde la primera infancia en la escuela nada en el mito del califato, en la ideología de la edad de oro del islam, a la que absolutamente hay que volver.
 
Todo lo que dice el califato se encuentra en los manuales escolares. La dhimmitude -es decir, el menosprecio de los cristianos y los judíos– es generalmente bien aceptada por las poblaciones musulmanas. Por eso no se mueven mucho cuando los cristianos son reducidos de nuevo a este estado, o expulsados.
 
El Estado Islámico controla alrededor de un 25% de Siria y el 40% de Irak, es decir, prácticamente la superficie del Reino Unido (237.000 kilómetros cuadrados). ¿El hecho de que estos territorios estén mayoritariamente situados en zonas desérticas juega en su contra?
 
Desafortunadamente no, en la medida en que, precisamente, se trata de vastos espacios, es mucho más difícil de controlar el fenómeno únicamente por ataques aéreos.
 
Los objetivos son muy móviles y se funden en la población, y no dudan en utilizar a los demás como escudos humanos, esto es un hecho.
 
Si se bombardea Raqqa y se alcanza a mujeres y niños, esto llevará a la población a sentir más simpatía por los yihadistasy a suscitar el rechazo por parte del mundo musulmán de esta coalición, que aparecerá como una nueva cruzada.
 
Es cierto que hay países musulmanes en esta coalición, como Arabia Saudí, los Emiratos y Qatar, pero están desacreditados por las personas que apoyan el Estado Islámico.
 
Esto sólo puede funcionar si se tienen tropas terrestres que retoman los territorios tras los ataques aéreos

. Los americanos son más bien reacios a esta idea, pero ya se habla de enviar consejeros militares tras las tropas iraquíes y kurdas.
 
Los Estados Unidos van a apoyarse en ellos. Si los kurdos iraquíes son bastante pro-americanos, este no es el caso de los kurdos sirios pertenecientes al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).
 
Los americanos, por tanto, van a tener que contar con el ejército sirio, porque los “rebeldes moderados” a los que el presidente Obama quiere proporcionar armas son muy difíciles de identificar, por no decir inexistentes.
 
No habrá, por tanto, elección: habrá que escoger entre el PKK y el ejército de Bashar al-Assad. Está obligado, en definitiva, a aliarse en el terreno con sus tradicionales enemigos.
 
¿Ankara va a cerrar finalmente sus fronteras a los yihadistas, ahora que sus residentes han sido liberados?
 
El descontrol en el caso de tres presuntos yihadistas franceses –entre ellos el buen hermano de Mohamed Merah- que aterrizaron en Marsella en lugar de en París es revelador de la mala voluntad turca. Los servicios de inteligencia turcos claramente lo hicieron a propósito.
 
Yo fui a Turquía el pasado junio y pude constatar que es un verdadero colador. Los yihadistas se pasean libremente por las calles y van a hacerse curar a los hospitales turcos.
 
Hay que saber que los turcos siempre han usado a los yihadistas contra el régimen de Assad y contra los kurdos.
 
Por otra parte, Erdogan teme mucho una reacción violenta si se une a la coalición: sabe que habría grandes riesgos de atentados, especialmente porque hay muchos turcos en las filas de los yihadistas. Erdogan ha ido demasiado lejos en las peligrosas relaciones con ellos.
 
En conclusión, ¿esta coalición internacional sería verdaderamente una?
 
Será muy difícil erradicar este cáncer en Irak y en Siria, porque los intereses de los aliados regionales –Turquía, Arabia Saudí, Qatar- difieren de los de los Estados Unidos.
 
Todos utilizan al Estado Islámico de una manera u otra: los turcos lo usan contra los kurdos, los saudís contra Assad y contra Irak, Qatar contra Arabia Saudí.
 
Del mismo modo, el régimen de Assad ha dejado prosperar el movimiento porque dividía a la oposición; así, era Assad o el caos.
 
Los Estados Unidos no quieren entrar en Irak como lo hicieron en 2003, y Francia tampoco. Sin embargo, no es pulsando unas pocas teclas como cambiarán el juego. La situación parece en consecuencia destinada a persistir en la región, el pseudo-califato no se extinguirá en seguida.
 
La contribución de los países aliados se limitará a una contribución financiera y al envío de algunos aviones. No hay que olvidar que todos los ejércitos del Golfo están constituidos por mercenarios, muchos de ellos pakistaníes, que no están dispuestos a morir por los países que los emplean.

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