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Turkson explica por qué Francisco tiene resonancia mundial

Alberto Pizzoli

Aleteia Team - publicado el 24/09/14

Antes de hablar, el Papa ha dado testimonio con su vida

Una de las características de Perter Turkson es que no pierde el humor ni siquiera ante las críticas. Como cuando le cuestionan haber decidido entrar al seminario siendo demasiado joven -tenía 13 años- y él responde que “si hubiera esperado vivir más experiencias para decidir si me comprometía con el celibato … ¡nunca habría tomado esa decision!” Nacido en Wassaw Nsuta, Ghana, en 1948, de padre católico y carpintero y madre metodista, y con nueve hermanos, se destacó como estudiante en el seminario, por lo que fue enviado a Nueva York a estudiar filosofía y teología.

Doctor en Sagradas Escrituras por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, tuvo un veloz ascenso en la Iglesia; fue nombrado arzobispo de la diócesis ghanesa de Costa Cabo en 1992, y cardenal por Juan Pablo II en 2003. Fue designado al frente del Pontificio Consejo Justicia y Paz por Benedicto XVI en 2009. Días atrás estuvo en el país para exponer en el Encuentro Anual de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) y en un congreso internacional que organizó el Consejo para la Libertad Religiosa (CALIR).

– Francisco no cambió nada en materia de enseñanzas sociales de la Iglesia -como tampoco en otros aspectos doctrinales-, pero sus palabras están teniendo una especial resonancia en el mundo. ¿A qué lo atribuye?

Lo que pasa es que la manera de presentar esas enseñanzas sociales adquiere con él un contexto y un carácter algo distintos. Ante todo, hay que tener en cuenta su deseo -dicho antes de ser Papa- de una Iglesia que sepa ir a las periferias existenciales. Que sepa comprender la situación de los excluidos.

Con ese objetivo y eligiendo la imagen de San Francisco, se pronuncia por una Iglesia pobre para los pobres, por la simplicidad de la vida, acaso bajo influencia de su formación jesuita. Ahora, tanto él como sus predecesores inmediatos se insertan en la tradición de la Iglesia. Después del Concilio Vaticano II -que impulsó una apertura eclesial-, todos los pontífices intentaron profundizar la presencia en lo social: Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI. Pero Francisco, antes de abrir la boca, dio testimonio. Por ejemplo, eligió Santa Marta para vivir en vez del Palacio Apostólico. Fue una sorprendente señal para el mundo.

– Además de los gestos, pronunció palabras fuertes. Denunció, por ejemplo, la “tiranía del dinero” y la “dictadura de una economía sin rostro “.

Es cierto. Esas palabras tuvieron una gran resonancia. Porque Francisco dice la verdad, que cuesta ser aceptada en las circunstancias actuales. Por ejemplo, cuando afirmó que si un pobre muere no es titular en los diarios, pero sí lo es si sube uno o dos puntos la Bolsa. ¿Qué es entonces más importante? Con ello quiso provocar una reacción ante el modo de ver las cosas. Este concepto fue incluso asumido por presidentes como Barack Obama, que lo citó en un discurso ante el Congreso, al señalar que si el gobierno de su país no sabe ayudar a los pobres a superarse, algo está fallando y decepcionando a muchas personas.

Ahora bien, estas desigualdades son algo que está a la vista, pero que reclaman soluciones. Por eso, el Papa con sus gestos y palabras invita a la humanidad a buscar respuestas. Y lo hace a partir de una valoración positiva de la empresa y los emprendedores, de su creatividad e innovación, a quienes exhorta a emplear esa experiencia para ayudar a los pobres.

– Sin embargo, los sectores más conservadores de Estados Unidos, específicamente miembros del Tea Party, lo acusaron de tener ideas marxistas.

El propio Papa les respondió con humor diciendo que, si él hablaba como marxista, ello estaba revelando que Marx y Lenin habían sabido interpretar la Biblia. Porque lo que él predica es lo que dice la Biblia, que nos invita a tener una apertura hacia los pobres.

Y la Biblia invita a una solidaridad que ayuda a superar entre todos la pobreza. Por otra parte, es cierto que la doctrina social de la Iglesia siempre parte de la fe católica, cristiana. Pero es una fe cristiana en diálogo con la cultura, con el pensamiento histórico-filosófico. Una fe que interpela a la razón. Y las dos crean una doctrina que puede ser escuchada por todos, sean cristianos o no, creyentes o no, porque su sujeto es la persona humana, todas las personas con su misma dignidad.

– Tampoco faltan quienes acusan al Papa de ser un poco injusto con el capitalismo porque consideran que ese sistema sacó a mucha gente de la pobreza. Aunque el francés Thomas Piketty, en su reciente libro “El Capitalismo del Siglo XXI”, dice que aumentó la desigualdad.

Es lo mismo que se dice respecto de la globalización, que tiene aspectos positivos, lo cual es evidente. El capitalismo también los tiene. Ya a fines del siglo XIX el Papa León XII en su encíclica Rerum Novarum habló de la necesidad de los trabajadores de desarrollar su capital. Por lo tanto, el capitalismo no debe ser reducido al sentido actual de controlar el dinero y hacer todo con el dinero, sino que cada uno -en cierto sentido- tiene un capital que debe ser desarrollado. Lo que el Papa dice en Evangelli Gaudium es que muchísima gente no puede disfrutar de la alegría del Evangelio por obstáculos como la pobreza, la desigualdad.

Por eso, no se puede predicar el Evangelio sin prestar atención a lo que priva a la gente de su júbilo. Muchas organizaciones luchan contra la pobreza y la desigualdad. Por ejemplo, los Objetivos del Milenio de la ONU establecieron ocho metas para superar la pobreza en 2015 y ésta sigue existiendo. Debería hacerse otra cosa. Cuando algo es posible y no se hace, quiere decir que hay un problema ético. Y eso nos involucra a todos.

– Especialmente a partir de la crisis por la caída del Lehman Brothers la Iglesia viene denunciando los efectos negativos sobre la economía real de la globalización financiera. Benedicto XVI se pronunció a favor de una autoridad económica mundial.

Es verdad. Pero Benedicto XVI evocaba a Pablo VI, que fue el primero en proponer una autoridad que introdujera regulaciones en estas cuestiones para garantizar el bienestar de todos. De hecho, Benedicto XVI desarrolló esa idea en la encíclica Caritas in Veritate, que celebraba el aniversario de la Populorum Progressio de Pablo VI (y de la Solicitudo Reis Socialis, de Juan Pablo II). Pero durante su redacción se produjo la crisis financiera de 2008 que lo obligó a retocarla y a enfatizar la preeminencia del desarrollo sobre el sistema financiero.

– Más allá del principio de subsidiariedad que proclama (que el Estado no haga lo que los privados pueden hacer), la doctrina social de la Iglesia otorga un papel relevante al Estado. Pero este rol suele dejar mucho que desear en ciertos países. ¿Existe en la visión católica un concepto del Estado para todo el mundo o tiene en cuenta las características de cada nación?

Lo pongo en estos términos: es como si se pensara en un sistema democrático válido para todas las naciones del mundo. En cada país, ese sistema de gobierno cuenta con pequeños ajustes según sus características. El Estado debe ser siempre un árbitro entre los actores de la sociedad, uno de los cuales es el mundo de las finanzas. Si hay, digamos, un matrimonio, una alianza entre gobierno y finanzas, es un poco peligroso porque éstas, sobre todo representadas por los bancos, tienen la función de facilitar el desarrollo de la economía. Las finanzas son -o deberían serlo- el motor de la economía. Por eso, cuando las finanzas se desvirtúan o sufren un daño y no promueven la economía, todo se frena. Y me refiero a la economía en cuanto dadora de trabajo y, por lo tanto, a las implicancias que tiene su freno en los jóvenes, en las familias. En definitiva, cuando las finanzas facilitan el movimiento de dinero en la sociedad, promueven un crecimiento sano de la economía.


– Entonces, además de que a juicio de la Iglesia deberá establecerse una autoridad económica mundial, habrá que fomentar un cambio de mentalidad.

Desde ya. Quizá sea bueno que todos comprendan que las finanzas no son un objetivo en sí mismo, sino un motor de la economía. De hecho, en parte la actual crisis financiera, la especulación, es un nuevo intento de transformar las finanzas en un objetivo. Porque lo único que cuenta es ganar. Prima la avaricia. Y entonces las finanzas ya no facilitan el funcionamiento de la economía y, como dije antes, surgen los problemas y la gente sufre.

– ¿Se puede ser católico y liberal en lo económico a la vez?

Por una persona liberal en materia económica se entiende alguien que rechaza las regulaciones, que prescinde de la intervención del Estado. Alguien que coloca por encima de todo sus decisiones personales. Podemos discutir todas esas cosas. Pero consideremos otro factor: ningún hombre está solo en el mundo, existe una coexistencia política. Eso significa reconocer que mi vida es posible porque hay otros conmigo. Sin esos otros mi vida sería imposible. Las decisiones individuales que privilegian los liberales recaen sobre otros. Ello no está en consonancia, pues, con la coexistencia política, con la vida de solidaridad con los otros.

– Con todo, parecería que hoy hay muchos debates económicos saldados. Que no se trata tanto de teorías económicas, sino de cuestiones morales.

Luego de la última crisis financiera escribimos un documento llamado La Reforma del Sistema Financiero, donde identificamos y analizamos las causas de la crisis. Nos referimos a las causas técnicas, pero también a las morales. La especulación existe, pero detrás está lo moral: el deseo de tener sin considerar la forma de obtenerlo, si es producto de la corrupción, o si impacta mal en la gente. Las causas morales existen y son quizá las más fuertes.

Por Sergio Rubin. Artículo originalmente publicado por Valores Religiosos

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