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Dios, Escocia y la independencia

La boa y el elefante - publicado el 19/09/14

Esta pasada noche he seguido, hasta bien entrada la madrugada, los resultados de los primeros "councils" escoceses tras un emocionante día de votaciones. La tendencia parecía llevar al NO a la victoria, hecho que se confirmó pocas horas después. Escocia rechaza separarse de Reino Unido y apuesta por revisar una relación que, probablemente, es mejorable.

Todos estos días he estado dándole vueltas a este asunto y a la asociación que muchos hacen entre independencia y fortaleza, entre independencia y felicidad, entre independencia y libertad. Analizando otros aspectos de la vida, también recordaba la importancia y valor que se le da a un hijo cuando se independiza o cómo, en ciertos sectores, se reivindica la valía de la mujer independiente. El cúlmen de los recuerdos fue reproducir mentalmente el famoso anuncio publicitario de la cadena IKEA y su "república independiente de mi casa".

Tiene su miga, sobre todo por la contra que hace al concepto "dependencia". Me pregunto por qué es malo "depender de"… Es verdad que cuando somos niños somos dependientes de nuestros padres, de aquellos que nos cuidan, y que el objetivo es ir creciendo para ser capaces de ser autónomos y vivir por nosotros mismos. Eso es claro. Pero ¿podemos ser totalmente independientes? ¿No puede ser que ese anhelo lo hayamos llevado más allá de ciertos límites y nos haya llevado a separarnos demasiado del prójimo, de Dios? ¿Qué hay de malo en querer seguir dependiendo de mi esposa, de mis hijos, del Padre del cielo? Sí, digo dependiendo: que mi vida depende de ellos. ¿Qué hay de malo en eso?

Como cristiano considero que debo andar con tiento en cuanto a lo que se refiere a todas las "independencias" del mundo. Creo en un Dios que se hizo dependiente y cuya encarnación fue puesta en manos de una joven de Nazaret. ¡Si eso no es una declaración de dependencia…! Jesús dependió de su madre y de su padre y, posteriormente, puso su vida en manos de aquellos que quisieron juzgarlo y crucificarlo. Yo no quiero independizarme de ese Cristo sufriente, no quiero.

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