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¿Cómo es posible que Dios haya creado el universo en seis días?

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Interpretación de los primeros capítulos del Génesis

Sigo siempre, con interés, los debates que hablan sobre ciencia y fe al servicio de la verdad, que es Dios. Me gustaría hacer una pregunta: ¿Es posible que Dios haya creado todo el universo en sólo seis días de 24 horas, y haber descansado el séptimo?

Respuesta del padre Francesco Carensi, profesor de Sagrada Escritura:

Cuando leemos los primeros capítulos del libro del Génesis, ¿qué esperamos? La fe y la ciencia se interesan por los mismos temas, pero según perspectivas distintas: la ciencia se interesa por el “cómo” suceden los fenómenos, la fe por el sentido y el “por qué”.

¿Es posible que pensemos que existen oposición entre las dos? ¿Pensamos que la búsqueda científica sea un obstáculo para la vida de fe, o que la fe limita la ciencia? Estamos de acuerdo con la afirmación de Wittgenstein: “Sentimos que, incluso después de que todas las proposiciones o preguntas científicas hayan encontrado una respuesta, nuestros problemas vitales no han sido aún tocados”.

La evolución de Darwin y la teoría del Big Bang constituían en el pasado un desafío para la Doctrina de la Iglesia. Hoy, tales hipótesis científicas son comúnmente aceptadas y ya nadie lee el texto del Génesis 1, sino para buscar en él una historia de salvación.

La creación es cosa de Dios, es el primer tiempo en que se manifiesta la acción divina. La vida en medio a la creación debe ser una liturgia continua, una acción de gracias a través del tiempo. La creación es un acto de potencia, belleza y armonía.

El protagonista de Idiota, de Dostoiévski, el príncipe Míchkin, no responde explícitamente, pero sus actitudes dejan entender que la belleza que salvará al mundo es el amor que comparte el dolor. El término hebreo tob, usado en el Génesis 1, indica tanto “bello” como “bueno”.

¿Por qué los judíos en la historia de la creación hablan de siete días? En Babilonia, los judíos tenían contacto con las tradiciones religiosas de aquel pueblo, los cuales tenían como figura principal al dios de aquella ciudad, Marduk. En honor a aquel dios, para hacer fiesta en el nuevo año, compusieron un poema, que cantando las alabanzas de Marduk, cuenta el origen del mundo.

Este poema nació como Enuma elish, y cuenta que los orígenes del mundo fueron la lucha de dos divinidades primordiales, una masculina y otra femenina, que fue la madre de los otros dioses.

Al final de esta lucha, Marduk derrota a su madre y la divide en dos, construyendo con las dos mitades de la diosa el firmamento y la tierra. Después de esta batalla los dioses decidieron crear al hombre, que fue hecho de barro mezclado con la sangre de un dios rebelde. El hombre es la mezcla de humano y divino, es creado para ser esclavo de los dioses.

Los sacerdotes judíos sienten el deber de responder a esta visión del mundo y crean así la historia del Génesis 1,1-2,4ª, en la cual el Dios de Israel crea solo, y no debe combatir contra nadie para crear el mundo. El hombre es creado como ser libre, y no como esclavo de los dioses. Dios no crea por necesidad, sino por amor; es un texto de gran esperanza. El texto usa el mismo lenguaje de los babilonios, el lenguaje del mito.

La presencia del número siete es recurrente: siete días, el primer versículo compuesto por siete palabras, el versículo 2 por 14 (7×2), el término “Dios”, se encuentra 35 veces (7×5), la expresión “cielo y tierra”, 21 veces (7×3). Por siete veces el verbo “crear”.

O sea, el esquema septenario, siete días, es usado por los sacerdotes para expresar la plenitud de la creación que alcanza su culmen en la creación del hombre, el sexto día (“era muy bueno”), y en el séptimo día, el reposo de Dios, del cual el hombre participa recordando que el primado de cada obra y actividad es de Dios. 

Artículo publicado originalmente por Toscana Oggi

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