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El gran desafío de la cultura cristiana: el hombre tecno-líquido

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Enrique Chuvieco - publicado el 15/09/14

Monseñor Raúl Berzosa: Más que una “globalización”, habría que hablar de una “universalización” de la solidaridad y de la esperanza

Zoja, Todorov, Bauman… son algunos de los autores barajados por el recientemente nombrado miembro del Pontificio Consejo para la Cultura el prelado Raúl Berzosa. Con su presencia en el órgano vaticano y, simultáneamente, pastorear una de las diócesis más pequeñas de España, certifica así una más de las luminosas paradojas que se dan en la Iglesia católica, de la que afirma “que es mucho más que una ong”, siguiendo al Papa.

Recuerda también de éste que las claves de una auténtica cultura de la inclusión tienen tres patas: “cultura del encuentro y de la acogida; cultura de la ternura y de la fraternidad; y cultura de la dignidad humana personal y colectiva. Ve con optimismo el empujón que dará a la familia el próximo Sínodo y anima a “releer personal y colectivamente, pero sin prejuicios ni ideologizaciones”, la Humanae Vitae, que acaba de cumplir 46 años de su aparición.

-¿Cómo ve la cultura actual de Occidente un miembro del Pontificio Consejo para la Cultura?…

Sin duda, no estamos en una época de cambios sino en un verdadero “cambio de época”. La cultura de hoy, más allá de los tópicos de la postmodernidad o de la ultramodernidad, la definiría como “tecno-líquida”, por un lado, y de la “antropología de la individualidad”, por otro. Todo ello dentro de la denominada “globalización”.

-¿A qué se refiere con antropología individualista?…

Es fruto de la globalización mal entendida que, como denuncia Luigi Zoja, supone “la muerte del prójimo”. Todorov habla “de un hombre desorientado”. Y Alain Touraine ha subrayado que “estamos solos en el teatro de la vida” porque “los sujetos sociales se han licuado”, es decir, se han vuelto en muchos casos irrelevantes; así, la familia, los partidos políticos, las asociaciones, etc. Se habla del “fin de las sociedades” en cuanto al hombre tecno-líquido.

-¿Qué significa cultura tecno-líquida?

Hablamos del hombre tecno-líquido (Z. Bauman) u homo-digitalus 2.0. El colmo son los “hikikomori” o  jóvenes que se cierran en una habitación con su ordenador y deciden no salir más. Una “sociedad insaciable”, siempre activa, siempre digitalizada, “tuitizada” y conectada en red,  en donde no se distingue entre el día y la noche, entre el día ordinario y el festivo, entre la casa y el trabajo; vivimos siempre “dependientes” de la “conectividad”. “Donde lo sólido tenía dimensiones espaciales bien definidas, ahora lo líquido no conserva formas duraderas sino siempre dispuestos a cambiarlas”.

El hombre líquido, en resumen, presenta estas características: narcisismo, velocidad, ambigüedad, buscador de emociones, necesitado de infinitas relaciones “light” (tecno-mediáticas y virtuales). El hombre líquido, en lo religioso y cultural, manifiesta “un saber sin fundamentos”, inmerso en una Babilonia plural de lenguajes y de formas, como si viviera en un laberinto sin centro ni periferias. La orientación le viene, o bien por aquello que utiliza la mayoría o por los deseos y necesidades del propio yo. La consecuencia es la tendencia a satisfacer las necesidades personales como el principal criterio de legitimación de elecciones en la vida, dejando a un lado las cuestiones propiamente morales.

-El contrapunto de lo anterior serían las corrientes subterráneas que forman una mentalidad, como afirmaba en su “Espiral del Silencio” la estudiosa alemana de la comunicación Noelle-Neumann… ¿cuales serían, a su juicio, esas convicciones latentes no expresadas por el público?…

Ante todo, cuatro convicciones, o cuatro puntos cardinales, que están volviendo a renacer y que vienen a ser los que nos repite una y otra vez el Papa Francisco: volver a redescubrir una sana e integral antropología; volver a recuperar un tejido social fuerte; volver a apostar por los más débiles y pobres; y una regeneración política más genuina y participativa para el ciudadano.

-En buena parte de manifestaciones culturales, como el cine, late un pesimismo vital, envuelto en denunciar situaciones límites… ¿Qué factores debe reunir una creación cultural para ofrecer esperanza sin caer en el moralismo o el voluntarismo?…

Se pide ante todo profundizar en el misterio del ser humano y redescubrir el potencial que con el que el Creador nos ha hecho, por ser su imagen: ante todo, personas auto-inteligentes, libres, capaces de comunión fuerte y de ser muy creativos. No se trata de re-inventar o re-ideologizar a la persona, sino del triple movimiento que en su día nos propuso el Papa Benedicto XVI: “asumir, purificar, elevar”.

-Usted es de los pocos obispos españoles que está en el Pontificio Consejo de Cultura, ¿en qué enfoques trabajan para fomentar una cultura a la altura del hombre?…

Estoy comenzando en dicho Consejo. Valoro, en lo que conozco de él, ante todo el hacer realidad, de forma valiente y creativa, la propuesta del Vaticano II: diálogo sincero con la cultura para que ésta no se “endiose” o, por el contrario, “se fragmentarice”. La fe abre puertas y ventanas en sentido horizontal y vertical a la cultura y le aporta la dimensión de universalidad (catolicidad).

-El papa Francisco habla de la cultura del descarte favorecida por los planteamientos económicos actuales, ¿qué puede y debe hacer la Iglesia y los católicos para fomentar la cultura de la inclusión y del trabajo?…

Remito a las mismas palabras y frases del papa Francisco, que tienen una fuerza impresionante y que se sintetizan en tres claves: cultura del encuentro y de la acogida; cultura de la ternura y de la fraternidad; y, finalmente, cultura de la dignidad humana personal y colectiva. En este último sentido, el Papa Juan Pablo II nos venía hablando no tanto de una “globalización” sino de una “universalización” de la solidaridad y de la esperanza, que respeta la idiosincrasia de las personas y de los pueblos.

-En otro sentido, Francisco aclara también que la Iglesia no es una ONG y no se la puede reducir porque su naturaleza y finalidad son otras, con lo que previene a cierto catolicismo embarcado en conseguir un reino social de Dios en la tierra, ¿cuál es su opinión?…

No sería bueno menospreciar o despreciar la labor de algunas ONGs, tan significativa y acertada. Pero dicho lo cual, ciertamente el cristianismo no es una ONG de la caridad, aunque ésta sea la cara más benévola y valorada para algunos creyentes y no creyentes. La Iglesia es la Iglesia del Señor Jesús. Y es la “reunión-respuesta” (“ekklesia”) de los que se ha encontrado con Jesucristo en su vida y, convertidos, desean enseñar a los demás el “arte de vivir en el amor de Dios”, como expresaba Benedicto XVI. Por lo tanto, por un lado, no puede haber separación entre Jesucristo-Iglesia-Caridad y, por otro lado, la iglesia es mucho más que una ONG.

-En el anterior sentido, Benedicto XVI aludía a que siempre será necesaria la libertad para adherirse al bien, por lo que nunca los hombres conseguiremos una sociedad sin conflictos. Lo denunciaba también T.S. Eliot cuando dijo que perseguimos sistemas perfectos (el siglo XX es un buen ejemplo) que no requieran las decisiones personales. ¿Le parece que esta perspectiva está ajustada a la realidad?…

Lo que aquí se está denunciando, en el fondo y por lo expresado antes,  es que estamos hablando de un “déficit de antropología” completa. Sólo la antropología cristiana “salva y nos libera” de los conceptos de hombres antagónicos y dramáticos que hemos experimentado en el siglo XX: ni individualismos ni colectivismos; ni optimismos antropológicos ni pesimismos. Remito a E. Mounier y a su “personalismo  social o fraternal”. Es un buen resumen para entrar en el s. XXI evitando los errores del siglo anterior.

-El 25 de julio pasado se cumplieron 46 años de la “Humanae Vitae”, que tanto revuelo creó en la Iglesia y para la que vivimos de espaldas sus indicaciones buena parte de los católicos, máxime en los tiempos actuales de crisis económica. ¿Cómo y en qué términos podría un católico valorarla para que suponga un bien para su vida?…

No cabe duda de que el Papa Pablo VI, y el contenido fundamental de la Humanae Vitae, han sido proféticos y lúcidos. Y siguen siendo válidos para hoy. Invitaría, ahora que están más calmadas las aguas y con una cierta perspectiva, a que se volviera a releer, personalmente y en colectivos, pero sin prejuicios ni ideologizaciones, el pensamiento de este gran Papa y la encíclica aludida.

-El próximo Sínodo de la familia abordará ésta y otras cuestiones que afectan a la institución, ¿podemos esperar conclusiones prácticas que nos hagan valorarla más en este momento en la que está en revisión por las propuestas de otros tipos de familia? …

Sin duda no uno, sino los dos sínodos que nos esperan sobre la familia serán de gran trascendencia. No solo por las conclusiones sino por los mismos fundamentos. Se redescubrirá el origen “trinitario” de la familia como “invento de Dios”. Se resituará el fundamento de la familia: el amor auténtico entre hombre y mujer. Y se volverá a revalorizar la familia como la “célula básica y corazón de la sociedad”. Sin olvidar que la familia es la “iglesia doméstica”. Todo ello sin complejos de inferioridad ni de superioridad; proponiendo y no imponiendo. La verdad se defiende sola.

-¿Algo más?…

Mi agradecimiento más sincero a su publicación por la entrevista, y mi agradecimiento al  Papa Francisco, a través del Pontifico Consejo para la Cultura, por esta distinción inmerecida que ha tenido a bien hacerme. El mejor pago, por mi parte, será el servicio generoso y desinteresado. Ojalá sepa poner acento hispano en mis humildes colaboraciones y hacer de puente entre las dos orillas: la iglesia que peregrina en España y la Santa Sede (la catolicidad).

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