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Fulton J. Sheen seguirá, por tiempo indefinido, en su tumba de la catedral de San Patricio

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Jaime Septién - publicado el 13/09/14

La historia actual de un sacerdote que tocó el corazón de millones es la disputa por dónde habrá de terminar su cuerpo

El pasado 3 de septiembre, el obispo de la diócesis de Peoria y presidente de la Fundación Fulton J. Sheen, monseñor Daniel R. Jenky, C.S.C., anunciaba “con inmensa tristeza” que la causa de beatificación de monseñor Fulton J. Sheen se suspendía por un tiempo indefinido.

El proceso para verificar un posible milagro atribuido a monseñor Sheen había ido muy bien y solamente se esperaba el voto de los cardenales que forman parte de la Congregación para las Causas de los Santos y la aprobación del Santo Padre Francisco para que el carismático divulgador mediático del cristianismo, nacido, justamente en Peoria, Illinois, fuera declarado beato, de camino a su canonización.

El cuerpo no se mueve

Sin embargo “el gozo se fue al pozo” pues la arquidiócesis de Nueva York, donde tantos años estuvo monseñor Sheen, rechazó la petición del obispo de Peoria para trasladar el cuerpo.  Tras una ronda de conversaciones con Roma, se decidió que se detuviera la causa y se archivara hasta mejores tiempos.

La tristeza se extendió en esta diócesis que ocupa el centro del norteño Estado de Illinois.  Muchas personas habían trabajado, codo con codo con el obispo Jenky, para la causa de monseñor Sheen y daban por descontado que el cuerpo del prelado que motivó tantas conversiones al catolicismo en Estados Unidos, volviera a su tierra natal.

Incluso monseñor Jenky –quien junto con la Fundación que preside y la feligresía de Peoria habían trabajado en este tema los doce últimos años– se aseguró, en varias ocasiones, que el cuerpo del ya venerable Fulton J. Sheen sería trasladado desde Nueva York sin ningún problema. 

Algo pasó en Nueva York que, justo cuando se encontraba ya al final de la etapa de beatificación, el cardenal Timothy Dolan, a través de su cuerpo jurídico, negó el permiso de traslado.

Una fe crítica e informada

El hecho levantó ámpula no solamente en Peoria o en Estados Unidos, sino en muchos lugares del mundo, donde la figura y los innumerables escritos –todos dedicados a la Virgen María—de monseñor Sheen han formado legiones de católicos en la fe, pero en una fe crítica e informada.  Tanto así que el obispo Jenky se vio obligado a dar una serie de “aclaraciones adicionales” dos días más tarde de que estallara la bomba mediática.

Según la canciller de la diócesis de Peoria, Patricia Gibson, el obispo Jenky “solamente se comprometió a impulsar la causa de beatificación de Fulton J. Sheen después de que estuvo seguro de que la arquidiócesis de Nueva York no tenían ningún interés en la búsqueda de la causa, sino que apoyaría los esfuerzos de Peoria”.

En concreto, el obispo Jenky fue informado por el entonces cardenal Edward Egan de Nueva York, en septiembre de 2002, que esa arquidiócesis “no estaba interesada en la búsqueda de la causa”. Asimismo, el cardenal Egan indicó que en el “momento apropiado” se facilitaría el traslado del cuerpo a Peoria. El mismo escenario planteado por el cardenal Egan al obispo Jenky se reprodujo en diciembre de 2004.

Con la seguridad del apoyo de la arquidiócesis de Nueva York, el obispo Jenky pidió a la Congregación para las Causas de los Santos, en 2005, el permiso para trasladar a Peoria el cuerpo del venerable Sheen. 

El momento adecuado

La Congregación respondió, entonces, que "la transferencia no era oportuna en este momento, porque la investigación diocesana apenas si se había iniciado en la diócesis de Peoria”. Sin embargo, con la causa completa y la aprobación de un milagro, pensó monseñor Jenky, ahora sí era “el momento adecuado”.

Pero el 27 de junio de 2014, la diócesis de Peoria recibió una comunicación de la arquidiócesis de Nueva York en la que su abogado declaraba que “nunca permitiría” ni el examen del cuerpo, ni la obtención de reliquias o el traslado del cuerpo. Con esa declaración, el obispo Jenky no tuvo “más remedio que detener sus esfuerzos y suspender la causa”.

En las aclaraciones, la canciller Gibson agregó: "Es esencial darse cuenta de que el obispo Jenky ahora siente una gran responsabilidad de ser fiel a los miles de seguidores en Illinois, la nación y el mundo, en lo que respecta a la situación de la causa. Desde el principio, el obispo Jenky pidió garantías de que Nueva York no quería emprender la causa y apoyaría los esfuerzos de Peoria”.

Para el obispo Jenky y para su feligresía era ya un hecho el traslado del cuerpo de monseñor Sheen a la casa donde pasó su infancia para, tiempo más tarde, ser colocado en una capilla en la Catedral de Santa María, donde fue ordenado sacerdote.

Peoria se había preparado para la beatificación de su hijo predilecto, pero Nueva York dijo, finalmente, que no, que monseñor Sheen se hizo obispo y un hombre admirado y seguido por las masas a partir de sus apariciones en televisión, en la década de los cincuenta del siglo pasado, y que su tumba en la Catedral de San Patricio no va a quedar vacía.

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