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¿El síndrome postvacacional es un invento moderno?

Ivonne Wierink

Salvador Aragonés - publicado el 03/09/14

Soluciones a esta crisis que cada año muchos experimentan después de unas semanas de descanso

El mes de septiembre es para muchísimas personas que viven en el hemisferio norte el final de las vacaciones de verano y la reanudación del trabajo y de las ocupaciones ordinarias. Desde hace unos años, en el mundo occidental al terminar las vacaciones se afirma que padecemos –al menos una buena parte—el llamado síndrome postvacacional. Antes no era así, ¿por qué? ¿Es un invento moderno o un cuento chino?

En qué consiste el síndrome postvacacional

¿En qué consiste este síndrome? Las personas al volver al trabajo y a la vida ordinaria cambian radicalmente sus horarios, su alimentación, sus amistades, su administración del tiempo. En una palabra, se terminó la vida plácida del dolce far niente para entrar de nuevo en horarios precisos, en encontrar colegas de trabajo a veces poco amables, jefes insoportables, y sobre todo una nueva organización del tiempo en el que las horas y los minutos viven muy apretados. 

Dice el doctor Francisco Javier Lavilla Royo, del servicio de nefrología de la Clínica Universitaria de Pamplona que este síndrome “no está aceptado internacionalmente como una enfermedad”. (Si lo estuviera habría una enorme cantidad de bajas y las vacaciones durarían más). No existía hace años aunque los síntomas postvacacionales existen, añade, y “causan un malestar importante con una repercusión en la calidad de vida”. 

Sufrimos unos síntomas típicos de toda readaptación al ambiente, que en determinados casos –los graves—puede terminar en depresión, estrés, ansiedad, insomnio, taquicardias y tristeza. Los sufren personas que tienen problemas de adaptación a los cambios, por eso “es necesario un proceso progresivo de adaptación” a la vida activa, dice el doctor Lavilla Royo. 

Actitud positiva

Sin embargo, hay otras personas que ven la vuelta al trabajo como algo positivo, como un reto, con unos proyectos personales de futuro importantes: “he vuelto con las pilas cargadas”, dicen, y se les nota una actitud positiva en el trabajo, en el trato con los compañeros y en la familia. La vuelta de vacaciones supone iniciar el trabajo de modo distinto, creativo, vivo, positivo. Son normalmente personas que han vivido o pasado sus vacaciones de manera activa, sin pasar mucho tiempo en la tumbona. Las vacaciones son en realidad un cambio de actividad, pero actividad al fin. 

Un sentido en la vida

Reducir el “síndrome postvacacional” sale también del interior de la persona. Toda persona busca “un sentido en la vida”, decía el psiquiatra austríaco Víktor Frankl, y con ello cambiarán las actitudes y desaparecerán muchos o todos los síntomas molestos después de las vacaciones, aunque hay personas, especialmente las madres de familia jóvenes, que se estresan inventando cosas para los niños todo el verano sin la ayuda de su marido o de sus familiares. No paran, no descansan, porque no cambian de actividad.

 El síndrome postvacacional aparece en las personas que regresan al trabajo con pereza. Cuando vuelven dicen: “quedan once meses para volver a la buena vida”. Otros llegan con mucha morriña de su pueblo natal donde se vive sin estrés y los vecinos parecen felices, a pesar de tener menos comodidades: añoran volver.

Otras se ponen entre ceja y ceja que trabajar es malo, es un castigo, que no están hechas para el trabajo o al menos para “este” trabajo. Lo ven todo negativo: sus jefes son unos explotadores y sus compañeros unos hipócritas y postizos personajes con los que tiene obligatoriamente que convivir unas cuantas horas al día, a lo mejor hasta comer con ellos: “¡Qué asco!”. 

Los tres ejes de nuestra vida

Estos últimos se la pasan mal, no tienen cintura suficiente para aceptar y afrontar la realidad de la vida “ordinaria”. En realidad el hombre vive sobre tres ejes que marcan su vida personal: sus creencias religiosas, su familia, el trabajo.

Las sociedades de influencia materialista y marxista consideran el trabajo como “alienante”, como algo malo en sí, y el hombre  luchará para “liberarse” del trabajo. En otras sociedades de influencia capitalista el trabajo es el medio para el único fin por el que vale la pena trabajar: hacerse rico y poder vivir con el máximo confort posible. 

En la sociedad cristiana, sin embargo, el trabajo es una tarea que Dios puso en manos del hombre, pues lo creó “ut operaretur”, para que trabajara, para que transformara la Tierra. Por lo tanto, desde el punto de vista cristiano, el trabajo es liberador.

Esto se entiende más fácilmente en las épocas de crisis cuando el trabajo falta: el hombre y la mujer necesitan realizar un trabajo con el que no solo se ganan la vida, sino que contribuye a su realización personal y social. El cristiano, además, trabajará no sólo a gusto, sino que realizará un trabajo bien hecho, como un sacrificio que se ofrece a Dios, y en este sentido no caben tristezas, malos rollos con los jefes y con los compañeros, críticas constantes, inadaptaciones e incumplimientos de las obligaciones y responsabilidades propias. 

Si durante las vacaciones hemos adaptado nuestro cuerpo a horarios muy extraños como irse a dormir a las dos o tres de la madrugada, comilonas excesivas, etc., es natural que la persona tenga un problema de adaptación a los horarios fijos, a la disciplina en el trabajo, a las responsabilidades familiares. Estas personas sufrirán sin duda síndromes postvacacionales más o menos intensos. 

Lo mejor para evitar el síndrome postvacacional

Lo mejor es intentar volver de vacaciones dos o tres días antes para adaptar el cuerpo al clima y a los horarios normales, e iniciar el periodo de trabajo con más normalidad. Desaparecerá el malhumor, la cara de sueño y las pocas ganas de hacer un buen trabajo. El optimismo y la alegría no pueden faltar en los aun en los momentos críticos en la vida como puede ser el periodo postvacacional.

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