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Convivencia: ¿Deberíamos vivir juntos antes de casarnos?

© auremar/SHUTTERSTOCK
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La convivencia no ayuda a prepararse para el matrimonio; a veces lo socava

El matrimonio es una de las decisiones más importantes que una persona puede hacer en su vida. Cuando uno piensa en los altos índices de divorcios y que muchas personas que salen o que se comprometen ya han experimentado el divorcio de sus padres, se entiende que muchas parejas se lo piensen dos veces antes de dar ese paso.
 
Algunas veces sucede que uno de los dos está dispuesto a casarse, mientras que el otro tiene dudas. El que está dispuesto podría pensar: “Quizás podemos comprometernos e intentar vivir juntos un tiempo. Quizás así convenza a mi pareja para dar el próximo paso”.  En otros casos ninguna de las partes se siente preparada para el matrimonio. Ellos pueden pensar: “podemos vivir juntos para ver si somos compatibles. Según va pasando el tiempo, si todo va bien compartimos casa y gastos. Si las cosas no funcionan entre nosotros, no necesitamos divorciarnos y todo el drama que conlleva. Además necesitamos llegar a conocer a una persona antes de asumir el compromiso de estar juntos para siempre”.
 
Parece lógico pensar que vivir juntos nos puede ofrecer una previsión de lo que sucederá en el matrimonio. Sin embargo, los sociólogos han descubierto que “la expectativa de una relación positiva entre la convivencia y la estabilidad matrimonial se han roto en los últimos años, según estudios realizados en varios países occidentales”. [2]
 
Los estudios afirman que si quieres un matrimonio con éxito es mejor convivir solo después de la boda. ¿Cuál es la razón?
 

  • Muchas parejas que viven juntas nunca llegan a casarse, pero aquellos que lo hacen tienen una tasa de divorcio más alta del 80% que aquellos que esperan a convivir después de la boda.[3]
  • Las parejas que conviven antes de casarse tienen muchos problemas conyugales y una peor comunicación, y visitan con más frecuencia a consejeros matrimoniales.[4]
  • Las mujeres que conviven antes de casarse tienen tres veces más posibilidades de engañar a sus maridos que las que no convivieron antes.[5]
  • El Departamento de Justicia de EEUU observó que las mujeres que conviven tienen 62 veces más probabilidades de ser agredidas por los novios con los que viven que con sus maridos.[6]
  • Las mujeres que conviven tienen 3 veces más probabilidades de sufrir depresión que las casadas.[7]
  • Las parejas que cohabitan están sexualmente menos satisfechas que aquellas que esperan a casarse.[8]

Desde el punto de vista de la duración del matrimonio, la paz marital, la fidelidad, la seguridad física, el bienestar emocional y la satisfacción sexual, la convivencia no es la receta para la felicidad. Incluso el USA Today afirma: “¿Podría ser amor verdadero? Averígüelo en el cortejo, no en la convivencia”. [9]
 
¿Por qué la convivencia las parejas tienen tasa de divorcio más alta?
 
Si las cosas van medianamente bien las parejas que conviven llegan al matrimonio, pensando: “No peleamos demasiado y después de vivir tanto tiempo juntos, estamos seguros de no querer empezar con otra persona. ¿Por qué no lo hacemos oficial?”. A menudo estas parejas encuentran problemas para explicar exactamente lo que es el matrimonio. Creen que es celebrar una gran ceremonia y que luego vuelven a sus quehaceres anteriores. Esto socava el significado del matrimonio como un pacto que dos personas hacen ante Dios. Como piensan poco en el matrimonio, están menos preparados para preservarlo. Es más, la ruptura de una pareja que convive sin casarse puede ser tan desgarradora como un divorcio real.
 
Una segunda razón para tan alta tasa de divorcio es la capacidad que tiene la intimidad sexual para unir a una pareja emocionalmente mientras les protege de los problemas en su relación. Los meses y años pasados antes del matrimonio deben constituir un momento de serio discernimiento. Mantener relaciones sexuales en ese tiempo obstaculiza la capacidad de discernir con claridad. La intimidad sexual puede incluso impedir que vean que su relación carece de verdadera intimidad. Imagina que al estar ya comprometido, te dieras cuenta de que es mejor cancelar la boda. Piensa en lo difícil que sería cancelar el compromiso si ya estás durmiendo con tu prometido/a.

 
Una tercera razón para tan alta tasa de divorcio es que la convivencia socava el compromiso. Si uno de los dos encuentra suficientes fallos en el otro, él o ella es libre de irse. El deseo de ponerle a prueba muestra una carencia de fe en el amor por la otra persona. Por un lado la pareja está manifestando su deseo de intimidad completa, pero por el otro lado quieren vía libre si la pareja no “llega al nivel”. Esto siembra semillas de duda y desconfianza desde el principio.
 
Los matrimonios con éxito no son el resultado de la falta de características molestas en el cónyuge, sino el resultado de la elección de amar y perdonar al otro todos los días, con todas sus imperfecciones. Es la capacidad de sacrificio la que mantiene al matrimonio unido, no la ausencia de molestias. Es más, el deseo de “probar al otro” demuestra una falta de comprensión sobre el funcionamiento del matrimonio.
 
¿Qué deberíamos hacer si ya estamos viviendo juntos?
 
El primer paso es reservar la intimidad sexual para el matrimonio. El amor es paciente, y las parejas que confían en su amor saben que tendrán el resto de sus vidas para disfrutar del sexo. Pero ahora es un tiempo único para preparar el matrimoino y poner las bases del resto de sus vidas juntos. A través de este tiempo de espera paciente, las parejas descubrirán que las relaciones sanas no exigen el sexo para poder intimar.
 
Esperar para compartir el don del sexo no debería ser visto como un pasivo retraso de la pasión sino como un entrenamiento activo en la confianza. Después de todo ¿no quieres saber antes de la boda si tu cónyuge será capaz de resistir las tentaciones después de la misma? Muchas de las virtudes que mantienen a un matrimonio unido se desarrollan cuando una pareja practica la castidad, por ejemplo la humildad, el auto-control, la paciencia y el deseo de sacrificio.
 
La voluntad de renunciar a una intimidad sexual no es solo una forma de obediencia a la Iglesia. También es la expresión del amor a Dios, que dice: “Si me quieres obedecerás mis mandamientos” (Jn 14,15) y hacia tu pareja, porque estás haciendo lo mejor para su alma. En la Biblia, se anima a los maridos a amar a sus mujeres como Cristo amó a su Iglesia, dispuesto al sacrificio para poder llevar a su novia ante Dios “sin mancha, ni arruga ni algo parecido, para que fuese santa y sin mancha” (Ef 5, 25-28). No importa lo que sucedió en el pasado si una pareja convierte su corazón a Dios. Para comenzar el proceso, deberían volver al Sacramento de la Reconciliación.
 
Si una pareja no entiende estos principios, quizás no entienden el matrimonio. ¿Es solo un trozo de papel?¿O es el mismo Dios que establece un lazo sobrenatural, un pacto en la pareja que solo la muerte puede romper? La noche de bodas, la unión marital es la expresión visible de esta unión invisible bendecida por Dios.
 
Cuando los esposos se hacen una sola carne, sus cuerpos dicen la verdad: “Soy enteramente tuyo”. El sexo fuera del matrimonio, por otro lado, es deshonesto. No tiene importancia si no puede decir: “Soy enteramente tuyo”
 
¿Qué más se podría hacer?
 
Además de practicar la castidad, lo mejor para la pareja es dejar de vivir juntos. Es tentador exagerar las dificultades de hacer esto. Alguno podrían preguntarse: “¿Por qué mudarme si podemos simplemente dejar de dormir juntos?”. En primer lugar la pareja sigue teniendo la ocasión de pecar, es más fácil volver a caer en los viejos hábitos. En segundo lugar, la pareja es culpable de escándalo, lo que significa que ellos están dando un pésimo ejemplo a los demás.
 
Sin lugar a dudas, no es fácil someter los deseos personales a la voluntad de Dios. Pero Él bendice abundantemente la voluntad de ponerle a Él en el centro de la relación. Tomarse tiempo para ir juntos a Misa los domingos, así como prepararse en las catequesis prematrimoniales de vuestra diócesis.

 
Si estás comprometido, considera por un momento el don de tu pareja. Mira lo generoso que Dios ha sido contigo. Cuando vayas al altar ¿no quieres darle a Dios otro regalo a cambio? No vayas con las manos vacías. Haz el sacrificio de mantener puro tu compromiso para que puedas ir al altar con este regalo para Él.
 
Dormir juntos y despertarse en la misma casa todos los días es un regalo que debería estar reservado para el matrimonio. Como todas las parejas vuestro sueño también es que el amor sea duradero. Si te planteas seriamente hacer que esta relación funcione, salva tu matrimonio antes de que empiece y comienza a convivir después de la boda.
 
“(Las parejas que se preparan para el matrimonio) comprobarán que este tiempo es una prueba para el respeto mutuo, un aprendizaje de fidelidad, y la esperanza de recibir al otro desde Dios. Ellos deberían reservar para el matrimonio las expresiones de afecto que pertenecen al amor esponsal. Así se ayudarán mutuamente a crecer en la castidad” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2350)
 
“Ser puro, permanecer puro, solo puede comprarse con un precio, el precio de conocer a Dios y amarlo tanto como para hacer su voluntad. Él siempre nos da la fuerza que necesitamos para mantenernos puros como algo bello para Dios”[1]
—Madre Teresa
 
“Ahora, Señor, Tú sabes que tomé esta esposa no por lujuria sino por un noble propósito. Derrama tu misericordia sobre mí y sobre ella y permítenos vivir juntos y llegar felizmente a la vejez” (Tobías 8,7)
 
 
El artículo original se publicó en Chastity.com y ha sido traducido al español por Aleteia con permiso expreso. Todos los derechos están reservados.
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[1] Madre Teresa, prólogo de “Un llamamiento a la Pureza” de Johann Christoph Arnold (Farmington, PA: Plough Publishing House, 1996).
 
[2] William G. Axinn y Arland Thornton, “La relación entre la convivencia y el divorcio: ¿selección o influencia casual?”
 Demography 29 (1992): 357–374.
 
[3] Bunpass y Sweet, Convivencia, Matrimonio y Unión estable: resultados preliminares de NSFH2 (NSFH Working Paper No. 65) Centro de Demografía y Ecología de la Universidad de Wisconsin, Madison, 1995; Bennett, et. al., “Compromiso y Unión Moderna: Evaluación del vínculo entre la convivencia prematrimonial y la subsiguiente estabilidad marital”. American Sociological Review 53:1 (Febrero, 1988): 127–138.
 
[4] Elizabeth Thompson y Ugo Colella, “Convivencia y estabilidad matrimonial: ¿Calidad o compromiso?2 Journal of Marriage and the Family 54 (1992): 263; John D. Cunningham y John K. Antill, “Convivencia y matrimonio: Retrospectiva y consecuencias predecibles”, Journal of Social and Personal Relationships 11 (1994): 90.
 
[5] Koray Tanfer y Renata Forste, “Exclusividad sexual entre el noviazgo, la convivencia y el matrimonio en las mujeres”, Journal of Marriage and Family (Febrero de 1996): 33–47.
 
[6] Chuck Colson, “Matrimonios a prueba: ¿Por qué no funcionan?”, Breakpoint, 20 de marzo de 1995.
 
[7] Lee Robins y Darrell Regier, Desórdenes psiquiátricos en América: Estudio del área de captación epidemiológica (Nueva York: Free Press, 1991), 64.
 
[8] Marianne K. Hering, “Cree bien, vive bien” Atención sobre la familia, Septiembre 1994, 4.
 
[9] William Mattox, Jr., “¿Será amor verdadero? Compruébalo en el noviazgo, no en la convivencia” USA Today, 10 de Febrero de 2000, 15A (www.usatoday.com).
 

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