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Mons. Georg Gänswein, puente entre los papas Francisco y Benedicto XVI

© ANDREAS SOLARO / AFP
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“Es posible vivir con dos señores”, bromea

¿Quién iba a pensar que el hijo de un herrero nacido el 30 de julio de 1956 en Riedern, un pueblito de tan sólo 450 habitantes en la Selva Negra de Alemania, empleado como instructor de esquí y cartero, estudiante de teología, terminaría en los libros de la historia de la Iglesia?

Justamente una vida intensa en nombre de la fe es la que lo ha llevado a una situación absolutamente sin precedentes en la historia la Iglesia: es el único prelado que tiene dos jefes en el Vaticano y tal vez es el primero en la historia que ha servido a dos papas contemporáneamente.

Monseñor Georg Gänswein es prefecto de la Casa Pontificia, arzobispo titular de Urbisaglia, Doctor honoris causa en Comunicación y Relaciones Públicas y sobre todo -como algunos dicen- la mano derecha de dos papas. Está al servicio del Papa Francisco desde el 2013 y a cargo del papa emérito Benedicto XVI desde el 2005.

Como él mismo dijo en una entrevista concedida a Reuters: «Dicen que tengo dos señores. En cierto sentido esto es cierto y añado que también es posible vivir con dos señores. Desempeño mi servicio en plena armonía con los dos Papas, tratando de ser como un puente entre ambos. Hasta ahora ha funcionado muy bien y espero que mis dos jefes estén contentos».

¿Un puente entre dos puentes? «Es un juego de palabras –observa mons. Gänswein–, pero en el fondo es justamente así».

De hecho, en la mañana, monseñor Gänswein sirve en el Palacio Apostólico: como prefecto de la Casa Pontificia supervisa todas las audiencias papales, reuniones y visitas oficiales. Por la tarde se traslada al monasterio Mater Ecclesiae que se encuentra en una zona muy tranquila dentro de los jardines del Vaticano, donde desempeña el papel de secretario personal de Joseph Ratzinger.

Así, Don Giorgio, como lo llaman en Vaticano, describe su trabajo: “el prefecto de la Casa Pontificia es responsable, junto con sus colaboradores, de todas las audiencias públicas del Papa, en primer lugar de la general de los miércoles en la plaza San Pedro”.

“También se ocupa de las audiencias pontificias con los jefes de estado y de gobierno, los cardenales, los obispos; como también de las vistas de las conferencias episcopales y representantes de la vida cultural y política", explica.
“Organiza y coordina todas las audiencias en estrecha colaboración con el papa y con algunos organismos de la Curia Romana, principalmente la Secretaría de estado”, continúa.

“También es la Prefectura la que se encarga de las vistas del Santo Padre en su diócesis, es decir, en Roma y en sus viajes al exterior –añade-. A esto se agrega que tiene la responsabilidad de importantes edificios dentro del Vaticano como el Palacio Apostólico donde se tienen las audiencias privadas del papa. No olvidemos que en Vaticano hay una gran riqueza artística y cultural que se debe tutelar y conservar».

Hasta aquí es la actividad que desarrolla en la mañana. Luego, a las 13.30, retorna al monasterio Mater Ecclesiae donde lo esperan Benedicto XVI y las cuatro Memores Domini, las seglares consagradas de Comunión y Liberación que asisten al papa emérito. «Almorzamos juntos, Papa Benedicto XVI, las memores y yo», señala.

A continuación tiene su tradicional paseo con Benedicto XVI por los jardines para rezar juntos el rosario. En la tarde asiste al papa emérito con la correspondencia y organizando las visitas que recibe. Hay muchos que piden una audiencia con Ratzinger y él se ve obligado a decirles que no. También lo ayuda en su actividad de lectura y estudio.

Para lo personal y el ocio, la verdad, no le queda mucho espacio, como ya bien dijo: «Ciertamente atender a todas las necesidades de ambos papas tiene un precio en términos de tiempo, fuerza, sacrificio, ideas. Pero, pensándolo bien, estoy bien dispuesto a pagarlo. Soy un gran amante de la naturaleza, el senderismo en las montañas, en todas las estaciones. Me encanta la música y la lectura. Y en verano me concedo una visita de dos semanas a mi pueblo, a ver a mi familia, mis hermanos, mis primos y a dedicarme un poco a la parroquia».

Muy pocos saben que Don Giorgio es de origen humilde: padre herrero, madre ama de casa, es el mayor de cinco hermanos. Vivió su niñez sencilla y serena, «todavía tenemos una pequeña granja, en donde muchas veces hemos tenido que “apretarnos el cinturón” para salir adelante”.

“Mi padre también era muy activo en la política del municipio y en muchas asociaciones, por lo tanto rara vez permanecía en casa por la noche –recuerda-. Así que nuestra madre tuvo que cargar mucho más con el deber y la crianza de los hijos. Con mis hermanos tuvimos una infancia tranquila y despreocupada, obviamente de vez en cuando discutíamos entre nosotros.»

Luego vinieron los años de la adolescencia y, por supuesto, con ella una cierta dosis de rebelión: «Escuchaba a Cat Stevens, Pink Floyd y algunas otras celebridades de nuestro tiempo, incluidos los Beatles. En ese tiempo llevaba el cabello largo y rizado. Esto no agradaba mucho a mi padre; y las discusiones eran seguidas sobre pedir hora para ir al peluquero».

Amante del deporte, en particular, fútbol, esquí y tenis, para ganar algo de dinero de joven trabajó como cartero en bicicleta recorriendo el pequeño pueblo en la Selva Negra.

Por supuesto, no faltaron los amores y las chicas. A Radio Vaticano dijo: «tengo sentidos sanos y quien tiene sentidos sanos los utiliza». Ninguna vergüenza con las mujeres: «tengo dos hermanas y varias primas, por lo cual me acostumbré desde niño a comprender el universo femenino. Crecí en forma totalmente natural, completamente a gusto».

Apenas tuvo la nómina de secretario de papa Benedicto XVI inmediatamente se convirtió en el favorito de todas las mujeres. En una entrevista a Sueddeutsche Zeitung, le preguntaron si recibía cartas de amor, a lo que contestó: «Sí, de vez en cuando».

 También le preguntaron qué pensaba sobre los comentarios de la revista People de la gente que se desmaya ante el “Niño soleado con Sotana” o del diario suizo Wltwoche que le llama “el más guapo hombre en sotana que se ha visto en el Vaticano” y al hecho de que Donatella Versace le dedicó una línea de moda.

«No que me pongo rojo, pero me ha irritado algo –confesó-. No me hiere, es banal y no es ningún pecado. Nunca me había confrontado a algo tan frontal y directo. Así, me he dado cuenta de que esto es mayormente una expresión de simpatía: un bonus, no un malus, lo puedo manejar bien. De hecho me gustaría que alguien no se detuviera en mi apariencia, sino en la sustancia»
 
Pero más que como el padre Ralph de “El pájaro canta hasta morir” (“El Pájaro Espino”), monseñor Gänswein es más bien como “Don Matteo” de las series de televisión. Con olfato de detective, ha desenmascarado y entregado ante la justicia al mayordomo Paolo Gabriele, que sustraía documentos confidenciales del Papa Benedicto XVI para luego publicarlo en la prensa.

Pero cuando Joseph Ratzinger decidió presentar su dimisión, el 11 de febrero de 2013, Don Gänswein confiesa haber llorado: «Nunca olvidaré cuando apagué las luces del apartamento pontificio con lágrimas en los ojos».

Por meses, bajo secreto Pontificio, supo del deseo de Benedicto XVI de renunciar al papado, sin ser capaz de convencerlo a no hacerlo: «cuando el papa me confió su intención instintivamente le contesté que no era posible, que no podía hacerlo. No me fue fácil aceptar esta decisión. Sólo ahora puedo entender mejor el significado y el alcance de este acto tan valiente».

Sin embargo, hoy lo vemos muy confiado y tranquilo en su labor como “puente entre dos puentes”.
 
Fuentes: Il mio papa, Reuters, Radio Vaticano, Sueddeutsche Zeitung.

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