Francisco presenta las tres claves para lograr la reconciliación entre los dos países hermanos, mientras el régimen comunista ofrece una patética demostración de fuerza
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Mientras el Ejército de Corea del Norte disparaba este jueves tres misiles de corto alcance para dejar clara su animosidad bélica contra los hermanos del Sur, el Papa Francisco presentaba tres claves para lograr la reconciliación entre las dos Coreas.
Los ejercicios militares, con el lanzamiento de misiles, forman parte ya de un patético ritual con el que Corea del Norte suele dar la bienvenida a figuras destacadas que visitan el Sur.
Esta vez el eco de las explosiones parecía surreal, si se tiene en cuenta que el Papa había tramitado una invitación para que representantes de Corea del Norte participaran en el momento culminante de esta visita, que tendrá lugar el 18 de agosto, su último día en este país, con la misa final por la paz y la reconciliación entre las dos Coreas.
La Asociación de los Católicos Norcoreanos, institución controlada por el Partido Comunista, ha comunicado, en una carta a la arquidiócesis de Seúl, que se ve obligada a rechazar esta invitación, pues Corea del Sur no ha cancelado los entrenamientos militares conjuntos con los Estados Unidos.
La Constitución norcoreana garantiza la libertad religiosa, pero de hecho en la práctica está prohibida. Quien no respeta estrictas normativas, regalando por ejemplo una Biblia, corre el riesgo incluso de ser condenado a muerte.
Los misiles norcoreanos muestran cómo las heridas de la terrible guerra de Corea, en la que perdieron la vida un millón doscientas mil personas, entre 1950 y 1953, siguen sangrando.
En su primer discurso, ante la presidente Park Geun-hye y las autoridades civiles y militares de Corea del Sur, reunidas en la “Casa Azul”, el palacio presidencial, el Papa consideró que Corea logrará la paz con “la escucha atenta y el diálogo, más que con recriminaciones recíprocas, críticas inútiles y demostraciones de fuerza”.
Las tres claves que dejó el Papa para que las dos Coreas puedan reconciliarse son “superación del odio”, “justicia” y “solidaridad”.
“Se trata del reto permanente de derribar los muros de la desconfianza y del odio promoviendo una cultura de reconciliación y de solidaridad”, aclaró.
Según el obispo de Roma, “la paz no consiste simplemente en la ausencia de guerra, sino que es ‘obra de la justicia’”.
“Y la justicia, como virtud, requiere la disciplina de la paciencia; no se trata de olvidar las injusticias del pasado, sino de superarlas mediante el perdón, la tolerancia y la colaboración”, aclaró.
“Requiere además la voluntad de fijar y alcanzar metas ventajosas para todos, poner las bases
para el respeto mutuo, para el entendimiento y la reconciliación”.
El Papa concluyó su primer discurso en tierra coreana proponiendo que cada uno de los días de su visita sirva para edificar la paz y “reforzar nuestra determinación de conseguirla”.
Sus palabras han tenido un eco mucho más amplio que el estallido de los tres patéticos misiles.