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Fueron enemigos durante la guerra y hoy se abrazan en la misma fe

© Linda Hess Miller
Combatientes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional
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Un testimonio de reconciliación desde El Salvador entre un ex militar y un ex miembro del FMLN

Cada minuto, cada día están muriendo seres humanos en el mundo, víctimas inocentes los más o por ser los protagonistas de la violencia… fraguada en odios ancestrales e intereses del poder y el poseer que se justifican y maquillan con falsos argumentos según la historia reciente ha demostrado.
 
Julio de 2014 ha impactado al mundo por lo que en Occidente se informa de Palestinos e Israelíes. Por ello el testimonio de Ramiro y Nelson es un oportuno signo que muestra un camino hacia la paz y la fraternidad…
 
Pilar de la fe en la parroquia Nuestra Señora del Monte Carmelo (Reedwood, CA, USA)  es su grupo de oración, por lo fervoroso y diverso… Sus miembros, inmigrantes latinos y norteamericanos, no requieren mayor explicación cuando escuchan al Papa valorar la cultura del encuentro. Ramiro Castro y Nelson Rivera, miembros del grupo, oriundos de El Salvador, pueden dar testimonio efectivo de la fuerza transformadora de la fe, la oración, del amor. En esta tierra de California finalmente pudieron abrazarse como hermanos…
 
Si estos hombres se hubieren encontrado treinta años antes, seguramente uno de ellos, o ambos, podría haber muerto bajo las balas o el machete del otro. Las guerras tienen su maléfico e irracional código… y así ocurrió durante la década de los ’80 en la fratricida confrontación padecida por los salvadoreños. Ramiro era parte entonces de la Guardia Nacional y Nelson pertenecía a la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Eran enemigos.
 
La venganza se estrella en el amor
 
El año 2002 Nelson Rivera acudió por vez primera al grupo de oración en la Parroquia Nuestra Señora del Monte Carmelo. En uno de esos primeros encuentros compartió parte de su historia de vida y cómo fue que en su juventud entró a la guerrilla, movido por sentimientos de venganza… “Mi papá era un hombre muy bueno, no se metía con nadie, pero un día el ejército lo sacó de la casa y lo mató porque buscaban a unos primos y vecinos que sí pertenecían a la guerrilla”.
 
Desde ese día Nelson se prometió empuñar las armas y así comenzó su entrenamiento en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Largas caminatas y pruebas de sobrevivencia en el monte eran habituales para los novatos. Luego vendría el manejo de armas y las charlas de formación; ideologización que buscaba evitar deserciones y aminorar el miedo. Tenía habilidades y en el entrenamiento su buena puntería aseguraba que sería un buen francotirador.
 
Pero Nelson había sido bien formado en la fe por su padre y el día en que tenía en la mira de su fusil a un capitán del ejército Salvadoreño, su enemigo frontal, no le pudo disparar. “De repente un aire frío me tocó y vi a mi padre vestido muy elegante como si fuera un rey; una voz me dijo que si lo mataba de nada serviría clamar la gloria de Dios”, contaba Rivera en su grupo de oración, donde emocionado le escuchaba un ex miembro del ejército Salvadoreño, Ramiro Castro.
 
Continuando su relato Nelson confiesa que desde ese momento comenzó a buscar la forma para escapar de la guerrilla, cuestión que lograría un par de años después “con la ayuda de Dios”, precisa, y luego recuperando el sentido para su vida con las prácticas de fe en la Iglesia “como aprendí de mi padre”.
 
Un encuentro que confirma la primacía de la Paz
 
Ramiro, el ex miembro del Ejército Salvadoreño, al escucharle, ya no pudo contenerse y poniéndose de pie abrazó a un sorprendido Nelson. Luego en breves palabras narró su propia historia y la presencia de Dios en todo, quedó expuesta…
 
Por más de una década Ramiro Castro había cumplido sus órdenes combatiendo a la guerrilla salvadoreña y aprovechando un período de tregua –recordó ante el grupo de oración- pidió su baja para emigrar en seguida a Estados Unidos. “La parroquia y la oración”, confesó, “fueron el medio para encontrarme con el Señor”.
 
Comentando al semanario diocesano El Heraldo aquél significativo encuentro con Ramiro, Nelson destaca que “el amor de Dios todo lo puede y este es un buen ejemplo para mostrar que no hay lugar para los odios, las guerras; pues todos somos iguales, somos hijos de Dios”. Por su parte, Ramiro acota que gracias este encuentro extraordinario con Cristo “hoy nos abrazamos por una misma causa, por una misma fe”.



Artículo publicado originalmente en Portaluz

 
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