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Músicos palestinos e israelís en búsqueda de la paz

Real Maestranza de Caballería de Ronda / Flickr CC
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Barenboim dirige la West Eastern Divan que esta semana se presenta en Buenos Aires en una serie de conciertos que ya marcaron un hito inolvidable en la historia musical argentina.

Este notable músico nació cuando los Beatles, pero eligió otros caminos musicales. Suelen recordar los sobrevivientes de la mítica banda de Liverpool que usaron su piano para su inolvidable A day in the life, que era utilizado por el músico en cuestión en otra tanda de grabación en el estudio de Abbey Road. Es argentino, sí, pero descendiente de una familia judía de origen ruso, nacionalizado israelí y español, con la ciudadanía honoraria palestina, y con residencia en Alemania. De hecho es la primera persona en tener tanto la ciudadanía palestina como israelí.

En 2012 dirigió ante Benedicto XVI en Castel Gandolfo su renombrada orquesta que esta semana presenta en su Buenos Aires natal: la West Eastern Divan Orchestra. La West Eastern Divan, dirigida por el maestro Daniel Barenboim, reúne verano europeo tras verano jóvenes músicos talentosos, principalmente palestinos e israelíes, aunque también españoles y de otras nacionalidades, para regalar al mundo un ejemplo de convivencia.

Fundada por el maestro Barenboim y el ya fallecido intelectual palestino Edward Said, la West Eastern Divan se forma en Sevilla y luego sale al ruedo por el mundo deslumbrando con su calidad artística. El destino esta semana es la capital argentina.

Pero más allá del modélico ejemplo de la banda, esta semana de presentaciones del Festival Barenboim en Buenos Aires supone un hito difícil de repetir en la cartelera artística porteña. Acompañan las presentaciones de la banda y del músico en (nada menos que) el Teatro Colón la magistral pianista Martha Argerich, quien conoce a Barenboim de niños, y como él, ha brillado desde su piano en el mundo. Ovación de pie, risueños diálogos de amigos que se entienden con pocas palabras, una “hora española” que reconoce el país que permite gracias al apoyo del ayuntamiento de Sevilla la existencia de la banda, y un cierre tanguero deslumbraron.

Una de las funciones del Festival está destinada a la interpretación de tres fragmentos para dúo de pianos para escuchar en intimidad a estos dos irrepetibles intérpretes. Un lujo, con fragmentos de Mozart, Schubert y Stravinsky. Como si esto fuera poco, la semana de presentaciones será clausurada con una presentación conjunta de estos músicos en el mítico escenario latinoamericano con Les Luthiers, el grupo de músicos humoristas. El 9 de agosto, estos referentes argentinos de la cultura presentarán La historia del soldado, de Stravinski, y El carnaval de los animales, de Camille Saint-Saëns.

La banda, ejemplo de concordia

“No buscamos en la orquesta un consenso político”, explicó sobre la West Eastern Divan el maestro Barenboim, en una entrevista con el periodista Nelson Castro. Y narró la historia de dos de sus jóvenes violinistas, como ejemplo de convivencia pacífica. Cuando conoció y convocó a un joven violinista palestino y a un joven violinista israelí, la familia de ambos se opusieron a que estos integren la banda de la concordia que supone la West Eastern Divan. Para la familia palestina, su hijo no podía ser parte de una orquesta con los “asesinos” israelíes. Para la familia israelí, su hijo podía compartir orquesta con los “terroristas” palestinos.

Barenboim convenció a los padres de que al menos compartan una semana, y éstos accedieron debido a la posibilidad de aprendizaje musical que suponía participar de un taller de tal envergadura. Pero no había atisbo de esperanza para que ambos puedan integrar la banda y participar de las giras. Un día después de conocerse, los mismos jóvenes pidieron al Maestro integrar el cuerpo y ayudaron a convencer a sus padres para que se lo permitan. Descubrieron que se potenciaban mutuamente, y que el talento del otro era beneficioso para ambos.

También narró cómo en un momento de tensión entre Israel y Palestina, que involucraba dolorosas situaciones en la familia de los músicos, hace cinco años, instó a los músicos a llegar a un acuerdo y superar las tensiones o a abandonar el grupo. Incluso dejó a los músicos “encerrados” para que discutan entre sí, y les anunció que a su regreso aceptaría la renuncia de aquellos que quieran abandonar la orquesta. A su regreso, ningún músico le presentó la renuncia.

Sobre la reciente visita del Papa a Tierra Santa y sus esfuerzos por lograr la paz en la región, expresó: “Me emocionó mucho lo que hizo el Papa; pero hay que interpretarlo. No es tan ingenuo como para pensar que invitará a los presidentes de ambos países, para que se den la mano y al otro día haya paz. Este es un problema humano, ni militar ni político. Acá hace falta una dimensión humana, no política». «Tengo mucha admiración por el Papa, es un hombre con mucha inteligencia y coraje. Me gustaría conocerlo”, dijo sobre su compatriota, que, como él, resalta en el mundo por su compromiso por la paz en Medio Oriente.

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