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Estrategia universal contra las drogas

© Wiros
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Solo las autoridades religiosas y la sociedad civil tienen independencia para intervenir

Recientemente Aleteia se hacía eco de las palabras de agradecimiento de Rodrigo Granda, portavoz de la guerrilla colombiana, a la intervención del Papa Francisco a favor de la paz.

Antes de comenzar el vigésimo cuarto ciclo de diálogos de paz dedicado a las “drogas ilícitas”, Granda aseguró que se está trabajando con la mayor voluntad, y que el gobierno también muestra una actitud análoga. Subrayó después la complejidad del problema: “No es un problema que atañe exclusivamente a los colombianos y no lo podemos resolver solo el Gobierno y las FARC, es un problema universal que exige la corresponsabilidad de las grandes potencias que son las que producen los insumos químicos y además son los que más consumen, las drogas son un problema económico, militar, político, social, ético, tiene demasiadas aristas y es multinacional”.
 
Efectivamente, el negocio de las drogas tiene muchas aristas y está creando desequilibrios importantes en aspectos muy diferentes.

Desequilibrio económico de grandes  movimientos ilegales  de mercancías y dinero entre países; blanqueo de ese dinero en negocios “tapadera” y complementarios; entre ellos, la trata de personas y el negocio de las armas.

Desequilibrio político por financiación fraudulenta de partidos e instituciones políticas, sobre todo, en democracias emergentes,  que quedan a merced de los intereses del narcotráfico.

Desequilibrio social con múltiples manifestaciones: barrios, ciudades y países enteros bajo la influencia del microtráfico, sociedades que pasan de ser “zona de paso de drogas” a zona de consumo. Inseguridad ciudadana generada por el tráfico y consumo, con índices alarmantes de delincuencia, criminalidad, sicariato, corrupción de autoridades civiles, cuerpos militares y hasta de los especializados en la lucha antinarco.

Desequilibrio social en la  moral de jóvenes en situación marginada que ven en la droga, por un lado la posibilidad de “evadirse” de los problemas reales y por otro lado, la oportunidad de hacer dinero fácil y rápido. Desquiciamiento de ejecutivos bien posicionados que buscan en la droga el “refuerzo”  para alcanzar la competitividad y agresividad necesarias para escalar comercial y profesionalmente.

Desequilibrio social de familias destrozadas ante un problema que les supera médica y económicamente y que tampoco los servicios sociales de salud pública alcanzan a resolver.
 
Efectivamente, la definición de Rodrigo Granda es correcta: la magnitud y complejidad del problema, no solo supera a las FARC y al gobierno colombiano, sino a todos los gobiernos e instituciones políticas multinacionales que realizan estudios, investigaciones y declaraciones pero, no tienen capacidad de tomar medidas concretas de freno al narcotráfico, porque los poderes representativos de los países están con las manos atadas, por no decir manchadas. Por desgracia, las instituciones políticas supranacionales no son independientes, obedecen a intereses que,  ellos mismos, no pueden denunciar. No se puede, por tanto,  contar con la corresponsabilidad de las grandes potencias, conforme sugiere Rodrigo Granda
 
Las autoridades de las grandes instituciones espirituales el mundo se están poniendo de acuerdo para defender la familia, para combatir la trata, el comercio, de personas, y han hecho críticas muy severas del “gran negocio” de las drogas.

Quizá las grandes creencias religiosas, organizadas con la sociedad civil, sean las únicas con autoridad moral e independencia para hacer un frente común, también  en este grave problema, y trazar una estrategia a medio y largo plazo. Sabiendo que se van a encontrar con una oposición  mediática  pero, sabiendo también, que entrarán en sintonía con una sociedad atemorizada por los estragos de la droga.

El Cardenal Bergoglio, antes de ser Papa, en Argentina, auspició una Red antidroga en coordinación con un grupo grande de organizaciones religiosas y sociales que está empezando a dar resultados (ver aleteia…). Quizá sea un modelo a seguir en otros países.
 

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