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Si cavas en tu alma encontrarás…

© Pato Novoa / Flickr / CC
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¿Hemos descubierto ya nuestro propio tesoro, nuestro camino? ¿Hemos excavado hondo?

El hallazgo del verdadero tesoro nos hace cambiar de vida. Abandonamos lo que poseíamos, nuestros bienes, lo que nos daba seguridad, para comprar lo que viene de Dios. Nos desprendemos para poseer el verdadero tesoro.
 
El otro día leí un cuento que contaba Jorge Bucay sobre un tesoro escondido: Había en la ciudad de Cracovia un anciano piadoso que se llamaba Izy. Durante varias noches soñó que viajaba a Praga y llegaba hasta un puente sobre un río.
 
Soñó que a un lado del río y debajo del puente se hallaba un frondoso árbol. Soñó que él mismo cavaba un pozo al lado del árbol y que de ese pozo sacaba un tesoro que le traía bienestar y tranquilidad para toda su vida.
 
Después de pensarlo mucho se puso en camino a Praga. No había muchos ríos, ni muchos puentes. Así que rápidamente encontró el lugar que buscaba. Todo era igual que en su sueño: el río, el puente y, a un lado del río, el árbol debajo del cual debía cavar.
 
Pero había allí soldados de guardia. Izy no se animaba a cavar mientras estuviera allí el soldado, así que acampó cerca del puente y esperó. A la segunda noche el soldado empezó a sospechar de ese hombre.
 
Le preguntó y le contó la verdad. El guardia empezó a reírse a carcajadas. Y le dijo: «Hace tres años que yo sueño todas las noches que en la ciudad de Cracovia, debajo de la cocina de la casa de un viejo loco, de nombre Izy, hay un tesoro enterrado. Pero, ¿crees que estoy tan loco como para ir a comprobarlo?».
 
Izy regresó a su casa muy animado. Necesitó la burla de un soldado sin fe para comprender la verdad. El tesoro estaba muy cerca. Al llegar cavó un pozo debajo de su propia cocina y encontró el tesoro que siempre había estado allí enterrado.
 
A veces la vida es así. Buscamos fuera lo que tenemos dentro, lejos lo que está cerca. Deseamos encontrar un tesoro que está enterrado en nuestra alma. Deseamos hallar fuera a Dios, cuando vive en el corazón.
 
¡Qué poco tiempo invertimos en cavar en nuestra alma! En la vida vamos detrás de tesoros. Muchas veces creemos encontrar el tesoro que nos va a dar la tranquilidad para siempre. Nos aferramos a él con fuerza. No queremos perderlo. Nos da miedo quedarnos sin ese tesoro. Lo protegemos.
 
A veces ese tesoro está fuera de nosotros y en la vida lo podemos perder. Cuando eso ocurre nos desesperamos. Es como si hubiéramos perdido el sentido de todo. Es duro perder y tener que comenzar de nuevo. Es duro dejar de poseer lo que nos daba tranquilidad.
 
Jesús, en cambio, nos habla del Reino de Dios en nuestra vida, de ese tesoro que nada ni nadie nos podrá arrebatar nunca. Es ese el tesoro más importante. Perderemos otros tesoros, pero ese, el que encontramos excavando en el alma, siempre permanecerá y nos dará paz.
 
Cada uno tiene su camino para encontrar su tesoro. Tiene su forma, su estilo para hacer realidad el Reino de Cristo en su vida. Cada uno tiene su pozo, su tesoro original. ¿Hemos descubierto ya nuestro propio tesoro, nuestro camino? ¿Hemos excavado hondo?

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alma
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