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¿El WhatsApp puede matar el diálogo en la familia?

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Riesgos y oportunidades de esta nueva forma de comunicación

La moderna tecnología ha inventado medios de comunicación excelentes que otorgan inmediatez y facilidad para la comunicación entre las personas, las empresas y también entre los miembros de una familia. Sin embargo, su uso cada vez más exagerado en los miembros de una familia puede comportar que se corte el necesario diálogo entre padres e hijos y entre los mismos esposos.

Es el caso de los mensajes y del WhatsApp. Los adolescentes se comunican muy a menudo por las redes sociales, creando en ellos a veces una introversión debido al uso excesivo de estas, pues sustituyen el diálogo interpersonal entre padres e hijos, entre hermanos y entre amigos por mensajes. Muchas veces se utiliza el WhatsApp cuando dentro de una misma vivienda se quiere comunicar un hijo con su padre o madre, simplemente porque no se atreve a decirlo en palabra, o para “no molestar” si están viendo un programa de televisión o una película. El uso cada vez más frecuente de este medio crea una barrera de silencio, cae un telón del silencio en las familias.

Por ejemplo, si una familia va a comer con otras familias, o simplemente va a un restaurante o a un picnic es fácil ver cómo la madre utiliza el WhatsApp, los hijos –y cada vez más pequeños– pasan mensajes o se entretienen jugando con el móvil. Hace poco, en un lugar de montaña, me encontré con un matrimonio y un hijo en una cabaña comiendo. El hijo, de unos 8 años, tenía un juego de ordenador para jugar mientras comía pasta y patatas fritas, el padre estaba con el móvil y la madre enzarzada enviando mensajes. Los tres estaban en silencio y solo se oía a veces al niño que daba algún bufido cuando no le salía bien el juego. Puse oír solamente unas palabras durante toda la comida, y después sumirse de nuevo en sus instrumentos electrónicos.

 Fue en ese día que decidí escribir este artículo porque me di cuenta que las redes sociales, los juegos y el WhatsApp, buenos y útiles muchas veces, pueden matar el diálogo en la familia. El WhatsApp es útil para dar un  mensaje rápido, pero a veces no es más que una excusa para decir lo que se debería decir a la cara mirando a los ojos. Los hijos prefieren comunicarse con los padres por medios escritos si tienen miedo a recibir un “no” o disgustarse. Los mismos padres cuando no se atreven a advertir o amonestar a los hijos de una cosa, mejor ponerla en el WhatsApp. O cuando en los colegios las madres se comunican por WhatsApp para saber qué se van a poner sus hijos al día siguiente o cualquier banalidad. Á veces circulan por la red indiscreciones, interioridades de la familia, sin pensar que es una red abierta. Vemos muchas veces a parejas por la calle o en las terrazas de los bares que mientras uno va mirando al cielo, el otro está con su móvil o su iPad. Se habla cada vez menos.

Por otro lado, los hijos, especialmente los adolescentes, no tienen el menor reparo en decir o colgar imágenes de cualquier tipo en las redes sociales sin saber que estas imágenes podrán ser utilizadas por desaprensivos. Aquellas imágenes muchas veces quedan expuestas al público con el paso de los años cuando a lo mejor un/a joven se avergonzaría de ellas a los pocos años. Que quede claro de todas formas que una cosa es usar los medios de comunicación modernos y otra es tener una dependencia y adicción a ellos, o usarlos mal.  

El papa Francisco, en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales afirma que “no podemos vivir solos, encerrados en nosotros mismos, necesitamos amar y ser amados”. Necesitamos de la palabra vivía que la da la relación interpersonal y no el mensaje por WhatsApp. El Papa reconoce que gracias a las redes sociales el mensaje del Evangelio se puede difundir y se difunde “hasta el extremo de la tierra”. Son pues unos instrumentos muy valiosos  para evangelizar y “redescubrir la belleza de la fe”.

 El documento de trabajo o “documentum laboris” del próximo Sínodo Extraordinario sobre la Familia que se celebrará en octubre en Roma, alerta a las familias del uso de los medios de comunicación y de las redes sociales. Los medios de comunicación, dice el documento, tienen muy a menudo un “impacto negativo” sobre la familia, “debido en particular a la imagen de familia transmitida y al hecho de que ofrecen antimodelos, que proponen valores equivocados, que confunden” (n. 68). Por otra parte, causa problemas de comunicación entre los miembros de una familia. “De hecho, la televisión, smartphone y ordenadores pueden resultar un impedimento real al diálogo entre los miembros de la familia al fomentar relaciones fragmentadas y alienación: también en familia se suele comunicar cada vez más mediante la tecnología”. El riesgo está en que “el mundo virtual se convierta en una auténtica realidad sustitutiva (en particular en Europa, América del Norte y Asia)”. De hecho roban el tiempo libre para la familia porque estos medios se han apoderado de ese tiempo.

Además, dice el documento sinodal, las conferencias episcopales opinan que el “fenómeno creciente” de internet crea un exceso de información “al que con  frecuencia no corresponde a un aumento de su calidad” y resulta muy difícil si no imposible “verificar siempre la credibilidad”. En consecuencia, falta una educación al uso adecuado de los medios de comunicación en la familia,  pues “el progreso tecnológico (n. 69) es un desafío global para la familia, en cuyo seno causa rápidos cambios de vida respecto a los valores, las relaciones y los equilibrios internos”.
 

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