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¿Qué es ser agnóstico? ¿Es lo mismo que ser ateo?

© Stuartpilbrow

Steven Neira - publicado el 25/07/14

Una cosa es la negación de la trascendencia, y otra la pereza para buscarla

No quisiera que se malinterprete este artículo, pues mi intención no es, ni la de atacar a los que se llaman a sí mismos agnósticos, y mucho menos hacer una apología para defenderlos, sencillamente pretendo aclarar ciertos puntos clave para comprender a un agnóstico, y a su vez, espero que este crash course sirva para que, quienes no saben “qué cosa son” se definan en una postura de una buena vez.

¿Qué es el agnosticismo?

Entendamos el agnosticismo como una postura que limita el conocimiento a la experiencia sensorial o empírica verificable, al puro estilo de “si no veo, no creo”. Rechazando toda posibilidad de conocimiento sobrenatural y por tanto la posibilidad de saber si Dios existe.  Es DIFERENTE del ateísmo. Kant fue quien preparó el camino para la popularización de esta postura, sin embargo la palabra “agnosticismo” es de T.H. Huxley, para quien significó el rechazo de la metafísica. Es importante tener en mente que agnóstico y ateo NO son iguales. La premisa del agnóstico es que no se puede saber si existe o no Dios. Por eso rechaza cualquier pronunciamiento a favor o en contra de la existencia de Dios.

Y… ¿es verdad o no?

Por supuesto que no. Una de las premisas antropológicas – muy errada por cierto – del agnosticismo, es considerar al hombre como un ser incapaz de llegar al conocimiento de la verdad absoluta, es más, – y esto atropella a la filosofía – un agnóstico no puede concebir en su cabeza la existencia de una verdad absoluta.

Partiendo de esta apreciación de la realidad, plantearle a un agnóstico la pregunta de si Dios existe o no, sería como obligarlo a aceptar la trascendencia del hombre y de las demás realidades… en otras palabras, que no solamente lo que se puede ver y tocar existe, sino que, existen otras realidades espirituales que van más allá de lo físico.

¿Ver para creer?

Podríamos decir – con el perdón de los exégetas[1] – que santo Tomás (el apóstol) fue un agnóstico de los tiempos apostólicos, pues fue uno de los primeros en lanzar la premisa de “ver para creer” ante el relato de sus hermanos[2], que afirmaban haber visto a Cristo Resucitado.

Sin embargo, esta premisa, que incluso muchos se sienten orgullosos de profesar como una especie de “estandarte de la ciencia”NO es en nada científica. Sabrán ustedes que gran parte de los descubrimientos comenzaron por una intuición, a veces por un accidente. Se plantea después una hipótesis en torno a la cual se investiga. Debe quedarnos muy claro que la verdad no comenzó a existir con la prueba, más bien, la prueba solo abrió el camino para tener certeza de la verdad.

Frente a esto, hay verdades que trascienden a la física y los sentidos y no se pueden someter al laboratorio. ¿Han visto el amor, la paz, el perdón? ¿Son estas realidades espirituales inferiores o superiores a las cosas materiales? Los sentidos nos dan pistas, como por ejemplo, cuando alguien entra a un hogar y ve los rostros de las personas, puede intuir que hay amor, pero lo que vemos no es más que un reflejo, pues la verdad espiritual es mucho más que los sentidos.

La bandera de batalla de un agnóstico 

Dado que el agnóstico debe responder de alguna manera a las exigencias morales y de convivencia en esta vida, uno de los mejores justificativos que encuentra para seguir manteniendo su postura de indiferencia religiosa es: “yo no soy una persona egoísta, ayudo a los demás dentro de lo posible, pienso en el prójimo y no hago mal a nadie, mi vida sería como la de un buen cristiano, sólo que sin Dios”, sin embargo, este grito de batalla carece de fundamentos.

La pregunta lógica que sigue a esta sentencia es, ¿cómo sabes que eres buena, que existe la bondad, que es bueno pensar en el prójimo, que no debemos hacer el mal? ¡Exacto!, éstos son valores universales que Dios ha impreso en nuestros corazones, y es esta una de las tantas

pruebas que podrían ser útiles para conocer la existencia de Dios y relacionarse con Él.

El Catecismo nos enseña que:

“El agnosticismo reviste varias formas. En ciertos casos, el agnóstico se resiste a negar a Dios; al contrario, postula la existencia de un ser trascendente que no podría revelarse y del que nadie podría decir nada. (…) puede contener a veces cierta búsqueda de Dios, pero puede igualmente representar un indiferentismo, una huida ante la cuestión última de la existencia, y una pereza de la conciencia moral.”[3]

Frente a esto, entendemos que existen varias formas de declararse agnóstico, a lo que la más común es negar la capacidad de conocer la verdad.

Sin embargo, existen otras formas de agnosticismo menos saludables aún. Como por ejemplo el agnosticismo por conveniencia, en donde la persona prefiere ser indiferente a la búsqueda de la verdad, rayando en una especie de ateísmo práctico, debido a que, de ser cierto lo que el Cristianismo plantea, habría que hacer un cambio de vida que no muy pocas veces es no sólo incómodo sino doloroso. Ya lo decía san Agustín, “Nadie niega a Dios, sino aquel a quien le conviene que Dios no exista”.

Quisiera aclarar que, he enfocado el término agnóstico de una manera contemporánea, puesto que dicho término ha ido evolucionando en su significado y aplicación. En otras palabras, los agnósticos de los primeros siglos, no son los mismos que algunos de ahora, que admiten la existencia de una “energía”, un “no sé qué” o un “no sé cómo” que fluye en el Universo y que tiende hacia el bien (un bien muy subjetivo, entiéndase).

De manera que, para todos aquellos que dicen ser agnósticos, pero en realidad lo que tienen es pereza mental para leer y formarse, les pido se declaren amantes de la ignorancia, y a mis amigos agnósticos les invito a dar un desafiante “salto de fe” hacia el estudio de aquello que trasciende las realidades sensitivas. Después de todo, la vida les exigirá definir respuestas frente al bien, el mal, la muerte y el sentido de trascendencia.

Postdata para los intelectuales que me leen:

Este artículo pretende dar un bosquejo muy sencillo y general del agnosticismo, sin embargo si gustan de un diálogo más profundo o incluso un debate formal del tema, están cordialmente invitados a hacerlo: @stevenneira (Twitter)


[1] Si no sabe usted lo que es un exégeta, ¡búsquelo! Investigando es cómo un agnóstico empieza a salir de su postura, y si es usted católico y no sabe lo que es “exégeta”, le hará bien formarse un poco más. J
[2] Juan 20, 19-31
[3] Catecismo de la Iglesia Católica, 2127-2128

Tags:
ateismodios
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