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Tras Mosul, próximo objetivo ¿Kirkuk?

DR / AED
diocèse de Kerkuk, Irak
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Los cristianos temen: el ISIL se encuentra a 20 kilómetros de distancia

Kirkuk: Irak en pequeñas dimensiones. Esta ciudad multiétnica, situada al norte del país que tanto sufre es la patria de kurdos, árabes, turkmenos y cristianos. Aquí coexisten diversas religiones, lenguas y etnias. Debido a ello, la convivencia está llena de conflictos, máxime cuando la provincia de Kirkuk es rica en yacimientos de petróleo. 
 
Desde hace años, la ciudad es blanco de atentados; también los cristianos han sido victima de ellos. Tras el avance de ISIS, en junio, los kurdos ocuparon la ciudad y la anexionaron al área controlada por ellos. Los yihaidistas de ISIS se encuentran a tan solo 20 kilómetros de distancia y tienen asimismo la ciudad en su punto de mira. Muchos temen que en algún momento se desate el conflicto armado. 
 
Pero, ¿cómo viven los cristianos en esta situación? «
Tengo el depósito de gasolina siempre lleno. En caso de que se produzca una escalada de la violencia, cojo a mi mujer y a mi hijo y me doy a la fuga. Ahora, hay escasez de gasolina porque hay luchas en los alrededores de una refinería de grandes dimensiones. Para ahorrar combustible, voy en bicicleta al trabajo. No quiero correr ningún riesgo».
 
Karam tiene 23 años. Este joven padre de familia, y, como otras 5.000 personas en Kirkuk, es católico caldeo. Su mujer está a punto de dar a luz al segundo hijo. «Nunca pensé que llegaría el momento de pensar en irnos; pero ahora no solo soy responsable de mí mismo». 
 
Mohand asiente con la cabeza; es el hermano mayor de Karam y tiene 26 años. Es seminarista y está estudiando Teología; dentro de unos años será ordenado sacerdote. «Si todo sale bien, ya solo me quedan tres años», dice. «Entiendo a mi hermano; tiene mujer e hijos. En el seminario hablamos mucho de esto.
 La emigración de nuestros fieles es realmente el mayor reto al que nos enfrentamos». Según afirma, no hay una solución ideal. «La gente tiene miedo por sus hijos. Cuando digo a una familia joven: “Quedaos, no os marchéis”, me responden: “¿Y qué pasa si viene alguien a matarnos? ¿Quién asume la garantía por nosotros?”». 
 
Este dilema, tener que perder la patria para conseguir seguridad, está en la mente de muchos cristianos iraquíes. «Son, sobre todo, familias con buena formación y bien situadas, las que están pensando en emigrar. En Occidente, podrán encontrar fácilmente trabajo, como ingenieros o médicos. Los que se quedan es porque no se pueden permitir marchar», dice Mohand. 
 
Este joven desea ser sacerdote desde que tenía 14 años. «Veo al sacerdote como una vela encendida de fe y esperanza. Si se apaga, también se apaga la fe». En opinión de Mohand hay que educar a los cristianos para que comprendan mejor su fe. «A menudo, viven su fe tan solo por costumbre; pero se debe convertir en una convicción consciente ?afirma?. 
Los cristianos hemos de ser la luz del mundo y la sal de la tierra. Los alimentos, sin sal, no saben a nada. Esta es la vocación cristiana, también aquí, en Irak». 
 
Karam asiente a lo que dice su hermano: «Yo amo a mi patria y mi fe; pero nunca ha sido fácil ser cristiano aquí, tampoco antes de que llegara el ISIL». Estudió Agricultura: «Fui el segundo de mi promoción; sin embargo, no encuentro trabajo». Ahora trabaja como conductor del Obispo de Kirkuk. «La Iglesia nos ayuda como puede; pero los buenos trabajos son solo para musulmanes. Para los cristianos es difícil encontrar algo. Por ejemplo, me presenté para un trabajo en Northoil, una gran empresa petrolera de Kirkuk. En ella mandan los chiítas y emplean a su gente; los cristianos quedamos relegados
. Para los cristianos solo hay trabajo en el ejército y en la policía, y solo porque son trabajos peligrosos, que no quiere hacer nadie». 
 
Según Karam, las relaciones con los musulmanes, en general, no son malas. «Nunca he tenido problemas con ellos. Muchos musulmanes nos estiman a los cristianos, porque no somos agresivos ni violentos». Sin embargo ?continúa diciendo? los límites entre las religiones son claros. «Nos limitamos, en la mayoría de los casos, a cruzar unas palabras amables con los vecinos o en las tiendas; solo tengo amigos de verdad entre los cristianos. Vivimos en una comunidad cerrada». Actualmente, la Iglesia se esfuerza por tender la mano a los conciudadanos musulmanes. Unas 500 familias, de las cuales la mayoría son musulmanas, reciben ayuda de la diócesis de Kirkuk en forma de alimentos; solo 20 de esas familias son cristianas. Jóvenes de la parroquia, con religiosas, preparan paquetes para los refugiados que han buscado seguridad en Kirkuk, huyendo de ISIS. Empaquetan, en bolsas amarillas: judías, azúcar, harina y arroz. «Nuestra fe nos enseña a no hacer distinciones; el amor de Dios es para todas las personas, independientemente de que sean musulmanes o cristianos», dice Mohand. «Así es como veo nuestro papel aquí; yo no quiero irme. Jesús mismo implantó nuestra fe en el Próximo Oriente. Mi lugar es este». 
 
Durante los últimos cinco años, 
Ayuda a la Iglesia Necesitada ha prestado ayudas en Irak por valor de unos 2,4 millones de euros.

 

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