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Los coches de segunda mano y la regeneración de la política

Lovro Rumiha
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¿Por qué no hay mecanismos que exijan la honestidad de los políticos?

Si usted entra a un concesionario para adquirir un coche de segunda mano pero desconoce si lo que venden es de buena calidad o es un cacharro que le podría dejar tirado a medio camino, se encuentra sin duda ante un problema de información asimétrica. El vendedor tiene un conocimiento sobre el producto superior al que dispone el comprador. 

En 1970, el economista y premio Nobel George Akerloff  demostró que este tipo de asimetrías en la información provocan graves ineficiencias en los mercados. La razón es simple: ante la sospecha de que nos puedan timar, nuestra disposición a  pagar por un coche es cautelosamente menor. Cuanto mayor sea nuestro temor menor será nuestra disposición de pago. El problema es que a menor disposición de pago, el único tipo de coche que acabaremos comprando será un cacharro, puesto que nadie que tenga un buen coche lo venderá a un precio de saldo. Sucederá lo que llamamos selección adversa: bajo asimetría de información el producto malo desplazará al bueno. En consecuencia, lo más probable es que salgamos del concesionario convencidos de haber comprado un cacharro.

Para este grave problema, hay una solución muy conocida: los vendedores ofrecen una garantía postventa por un tiempo determinado. Este tipo de solución es útil porque altera los incentivos, pues si vende un cacharro es muy posible que deba hacer frente a costosas averías o incluso a la reposición del vehículo. Las garantías postventa son un buen instrumento corrector para evitar la selección adversa, por eso se imponen en muchos sectores…pero hay uno que se resiste. 

Cuando un político inicia su carrera y pide el voto a los ciudadanos, desconocemos sus profundas intenciones: si desea honestamente servir a lo público o si dispone de intereses espúrios y acabará por servirse de lo público. Esta asimetría de información, de igual manera que en el mercado de coches de segunda mano, provocará una selección adversa. Así como los cacharros desplazan los coches buenos, el político corruptible desplazará al honesto. Esto contribuye a generar la sensación en los votantes de que todos los políticos son iguales. Regenerar la política será una utopía. 

Pero, entonces, ¿existe solución a este problema? Como en el mercado de coches expuesto, la solución pasa por exigir garantías postventa. Por lo tanto, la solución consiste en poner en manos de la ciudadanía un procedimiento para que los corruptos puedan ser identificados y se les  pueda exigir explicaciones de forma eficaz. 

En consecuencia, sólo si existen mecanismos creíbles y suficientes de exigencia, a los corruptibles no les será rentable entrar en política y optarán por abstenerse. Sólo así se puede regenerar la política, de igual manera que la garantía postventa consigue reducir la cantidad de cacharros en los concesionarios. 

En España, el excesivo aforamiento tanto en cantidad como en calidad y las listas electorales cerradas evitan que la ciudadanía disponga de mecanismos para exigir la honestidad y operan como mecanismos en sensu contrario a la garantía postventa. Este grado de aforamiento genera un perverso incentivo a que en política sólo entren corruptibles desplazando a quienes tienen una vocación sincera de servicio público.  

Por eso, cada vez crece más la petición por parte de la ciudadanía  de limitar la figura del aforado tanto en cantidad como en el abanico de los casos. No se puede regenerar la política sobreprotegiendo a los servidores públicos en detrimento de que los ciudadanos dispongan de estas garantías postventa. 

Tras las elecciones europeas y la abdicación del Rey de España, ciertas voces se han levantado apuntando a la posibilidad de reducir el aforamiento. No obstante, los grandes partidos políticos aunque se puedan sumar de cara a la galería, procurarán torpedear sobre el terreno cualquier iniciativa en esa línea. Porque tanto tiempo protegidos de exigencia, ha propiciado que sus almacenes se colmen de políticos con poca voluntad de servicio a los demás. El gran problema de estos partidos es que regenerar la política a día de hoy es su hara kiri, pues no van a poder colocar tanto cacharro político con tan poca voluntad de servicio.

 

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