Recibe Aleteia gratis directamente por email

¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

​¿Sabes agradecer? Tu felicidad depende de ello

© public domain
Comparte

Dejamos de apreciar el amor recibido como un don y lo exigimos como un derecho

Las vacaciones no son un tiempo para no hacer nada. Más bien es un tiempo que Dios nos da para hacer otras cosas. Para cuidar otros aspectos de nuestra vida. Para leer, para pasear, para visitar, para estar con las personas a las que queremos, para cuidar los momentos de diálogo y descanso con los otros.
 
Las vacaciones son un tiempo privilegiado para crecer, para aprender cosas nuevas, para avanzar en el camino espiritual. También este tiempo de vacaciones nos tiene que llevar a alegrarnos por los regalos de este curso.
 
Dios me habla de muchas maneras y me regala su presencia. A veces el ruido de un árbol que cae no nos deja escuchar el silencioso rumor de los cientos de árboles que crecen.
 
Así es en nuestra vida. Una caída, una derrota, toma dimensiones dramáticas. Dejamos de ver la luz de nuestro camino. Dejamos de alegrarnos con las pequeñas victorias, con las caricias de Dios a veces tan delicadas.
 
Nos olvidamos de dar gracias por las evidencias. Creemos tener derecho a la salud, a una vida ordenada, a ciertas pautas que se repiten en nuestro día a día. Dejamos de apreciar el amor recibido como un don y lo exigimos como un derecho.
 
No reconocemos en la paz que nos rodea una gracia inmerecida. No valoramos los logros pequeños que vamos obteniendo y pensamos que es lo mínimo que podemos tener. Nos quejamos. ¡Qué fácilmente nos quejamos de lo que nos falta! Es una pena, porque no aprovechamos la vida.
 
Un corazón agradecido es un corazón feliz y contento. Cuanto más sepamos agradecer más paz tendremos en el alma. Agradecemos cuando somos pobres de espíritu, cuando no nos creemos con derecho a nada, cuando vemos todo como un don inmerecido. Es la alegría por aquellas cosas de nuestra vida que parecen poca cosa.
 
¿Qué tenemos que agradecer? ¿Qué nos ha ocurrido este año? ¿Cuáles han sido esos regalos que nos ensanchan el corazón? ¿Cómo podemos saborear en este tiempo la belleza de lo vivido? Le ponemos nombre a esos momentos especiales. Son muchos meses.
 
A veces la memoria flaquea y olvidamos. Vamos de experiencia en experiencia sin reflexionar, sin saborear la vida.
 
A veces se nos olvida cómo vivir. Quizás por eso es bueno escuchar a los niños. Contemplar su mirada. Acoger sus respuestas. Porque vivir es algo que no siempre logramos. La vida siempre vuela. Pero no la vivimos

Tags:
alma
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.