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La guerra de los obispos norteamericanos contra la pobreza

UN Development

Mark Gordon - publicado el 02/07/14

La Conferencia Episcopal de Estados Unidos anuncia subvenciones para el desarrollo humano

Para la mayoría de los católicos norteamericanos, la pobreza es una abstracción, un asunto que puede ser leído o visto en las estadísticas, pero raramente es una experiencia vivida en primera persona.

Como resultado, nuestra reflexión sobre las causas y efectos de la pobreza puede ser igualmente abstracta y tiende a adaptarse a nuestras inclinaciones ideológicas o partidarias.

Pero el Papa Francisco nos dice que esto no es suficiente. “Es imposible hablar de pobreza abstracta. ¡Eso no existe! La pobreza es la carne de Jesús pobre en ese niño con hambre, en esa persona enferma, en esas estructuras sociales injustas”.

La verdad de las situaciones individuales de las personas en situación de pobreza siempre escapa a los análisis fáciles y a los remedios teóricos. “Amar a Dios y al prójimo no es abstracto, sino profundamente concreto”, dice el Papa.

“Esto significa percibir en cada persona el rostro del Señor, para servirlo concretamente”.

Y la verdad estadística sobre la pobreza en Estados Unidos es esta: en 2012, alrededor de 46,5 millones de personas vivían por debajo de la línea de pobreza federal, el índice más alto desde que la pobreza comenzó a ser asignada por el US Census Bureau, el instituto de censo de Estados Unidos, hace 54 años. El 13% de todos los hombres, el 15% de todos los ancianos, el 16% de todas las mujeres y el 22% de todos los niños, o uno de cada cinco, viven en pobreza en el país más rico del mundo. Entre las familias norteamericanas, el 6% de las encabezadas por el padre y la madre casados están en pobreza, pero el número sube al 30% en el caso de las familias encabezadas por madres solteras. La pobreza es más dominante en el área rural (17%) que en las ciudades (14%) del país.

En la últimas cuatro décadas, la respuesta de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos (USCCB, la sigla en inglés) a la realidad concreta de la pobreza ha sido la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD). La CCHD está financiada por una campaña anual de recaudación de donativos en la mayoría de las diócesis, el domingo anterior al Día de Gracias, así como por donaciones privadas. La CCHD tiene una doble misión: “Ayudar a las personas de bajos ingresos a participar en las decisiones que afectan su vida, familia y comunidad” y “proporcionar educación y promover el entendimiento de la pobreza y sus causas profundas”.

Son administrados tres programas de subsidios por la CCHD.

Los subsidios para el Desarrollo Comunitario se centran en la “educación, la defensa, el desarrollo de políticas y organización” y son provistos para las organizaciones locales cuyos consejos estén formados por lo menos por el 50% de miembros de bajos ingresos. Igualmente, los beneficiarios del trabajo de la organización deben incluir al menos el 50% de personas de bajos ingresos. Esas ayudan varían de 25.000 a 75.000 dólares y son renovables hasta seis años.

Los subsidios para el Desarrollo Económico son orientados a “empresas sociales, instituciones financieras alternativas, activos comunitarios y cooperativas de trabajadores”, además de otras instituciones de desarrollo económico. Los consejos deben incluir el 33% de miembros de bajos ingresos. Las ayudas también varían de 25.000 a 75.000, pero son renovables sólo tres años y deben incluir una contrapartida del mismo valor que la subvención.

Finalmente, los subsidios para Programas Estratégicos Nacionales son concedidos a grandes organizaciones presentes en varios estados y que trabajan en áreas como la “reforma de la justicia penal, la reforma de la inmigración, la justicia económica, la justicia ambiental, la preservación de un círculo de protección en torno a los pobres y vulnerables, la justicia racial y el desarrollo económico equitativo”. Los subsidios pueden llegar a los 500.000 dólares y son renovables hasta cinco años.

Todos los beneficiarios de las subvenciones deben garantizar por escrito que cumplen la Doctrina Social de la Iglesia y que no están involucrados en actividades político partidarias. Los obispos locales deben revisar y aprobar las solicitudes antes que los fondos sean concedidos.

Este mes, la USCCB anunció que su subcomité para la CCHD, presidido por el obispo de Sacramento, don Jaime Soto, aprobó 14 millones de dólares en subsidios para el 2014-2015. El montante incluye 10 millones para el desarrollo económico y comunitario y 4 millones para la subvención estratégica nacional. Los beneficiarios de este año serán anunciados en julio. Entre los del año pasado, están el Instituto para la Democracia en el Trabajo, un brazo de la Federación Norteamericana de Cooperativas de Trabajo, la Sociedad Nacional de San Vicente de Paulo y la red californiana de clínicas médicas Birth Choice Health Clinic, que ofrece una gama de servicios pre y post natal para mujeres embarazadas.

No hace mucho tiempo hubieron controversias significativas en la comunidad católica en cuanto a algunos beneficiarios de la CCHD. La campaña fue acusada de destinar fondos a organizaciones que también promovían el aborto, la anticoncepción y el matrimonio homosexual. La CCHD negó las acusaciones, pero surgieron evidencias preocupantes de que algunas organizaciones que recibieron fondos mantenían, de hecho, agendas secundarias o terciarias que contradecían la doctrina católica. Desde entonces, la CCHD redobló los esfuerzos para garantizar que entre las organizaciones beneficiadas no hubiera ninguna en contradicción con las enseñanzas de la Iglesia.

El Papa Francisco nunca deja de recordarnos que la pobreza, así como el aborto, la guerra, el tráfico sexual y otros males, es un crimen contra la dignidad fundamental de la persona humana. El apoyo que los obispos norteamericanos ofrecen a las organizaciones locales que luchan contra la pobreza es un ejemplo concreto de la “opción preferencial de la Iglesia por los pobres” y un recordatorio de que el servicio a los necesitados es un camino primario para vivir la vocación cristiana.

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