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La familia, esperanza frente a la violencia social

© Andresr/SHUTTERSTOCK
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Preocupa el bullying en México, pero ¿cómo combatirlo y al mismo tiempo no atacar a la familia?

La violencia social, es una realidad  en  la cual los medios han dado relieve al fenómeno del bullying  en nuestro país, México. Se trata de una violencia que se manifiesta en todos los órdenes humanos aunque en este caso se refiera solo a la que se da en el contexto escolar.

Es un indicador de descomposición social que las nuevas generaciones consideran “normal” al no conocer otro estado de cosas. Principalmente porque ven los valores humanos perdidos entre la bruma que parten desde sus propios hogares.

Ante el alud de las   noticias, el gobierno se lanza a la solución en el necesario protagonismo de lo que es “políticamente correcto”. Lo hace con más leyes, de esas que suelen quedar en letra muerta dando la impresión de responsabilidad por su parte,  pero que denotan una profunda ausencia de  conocimiento sobre la naturaleza de la familia. La  reacción  de los gobiernos, bien puede graficar con el caso de un enfermo que consulta a su médico por una infección, este le receta medicamentos para los malestares, pero no antibióticos. De momento el paciente se siente mejor, pero poco tiempo después se encuentra aún más enfermo, ya que al haber ocultado los síntomas de la enfermedad, esta, simplemente siguió su curso. Es decir, el medico ofreció soluciones pero no resolvió el problema. Resolver es  atacar la causa no el efecto.

Algo similar pasa en el caso del problema de la violencia social, cuyo origen  se debe en mucho a que siendo la familia una institución natural, no un invento social del hombre; se ha intentado modificar su estructura, reinventándola al antojo, adulterándola, dañándola. Nada puede cambiar la realidad en la que por naturaleza, la familia es la primera escuela de las virtudes humanas, en cuya esencia se integra toda la persona al ser educada por amor,  para la benevolencia en todas las relaciones humanas; y se atenta contra esta vital realidad.  Aquí se encuentra el verdadero origen de muchos males sociales que parece ignorarse, por lo que  no se atiende el problema en su causa para redescubrir, sanar y vigorizar las inmensas posibilidades que las funciones  estratégicas  de  la familia, tienen en el seno de la sociedad.

Veamos cinco de estas funciones y algunas de las enormes contradicciones de los marcos legales e ideologías que atentan las mismas, con medidas o conductas que lejos de resolver alientan el curso de sus enfermedades, entre ellas la violencia social.

1. La familia es el agente protagonista del recambio generacional en un plano insustituible de enorme riqueza afectiva y cuidado de los hijos. Al aumentar la expectativa de vida y nacer cada vez menos personas, la población tiende a envejecer, quiérase que no, con sus consecuentes problemas sociales.

Quienes con esfuerzo generosamente aportan hijos al sano desarrollo del tejido social, en  donde la vejes sea sustentada por el trabajo de  las nuevas generaciones, son testigos de la actitud egoísta de quienes optan por garantizarse  la buena vida en el insolidario aquí y ahora, en  donde los hijos estorban.  Ahí está la  oferta antinatalista que amasa fortunas de quienes producen preservativos, pastillas y demás; el eslogan simplista del gobierno “pocos hijos para darles mucho”, o el cacareado derecho de la mujer sobre su propio cuerpo para legitimar el asesinato del más indefenso, solo porque es “no deseado”, por no decir que estorba.

2. El aspecto educativo es tan propio de la familia, que si este falla resulta imposible suplirlo, pues estructura la personalidad armónica de los individuos mediante la identificación y experiencias vividas con aquellos referentes de la identidad: el padre, la madre, los hermanos, los abuelos, que sustentan el equilibrio psicológico y la adquisición de los valores necesarios para alcanzar la madurez.

Pero ahí están las leyes divorcistas con su respectivo apoyo cultural, las corrientes desintegradoras que atentan contra su naturaleza, como el mal llamado matrimonio del mismo sexo; el concepto familiar de nuevo cuño  de padre o madre soltera; la oferta de bancos de semen para hijos a la carta en que corresponden más a un capricho que a la aceptación de un don y que hacen innecesario  la plenitud del amor humano en el matrimonio.

3. La convivencia en la familia, junto con la experiencia de los vínculos afectivos entre diversas generaciones, hace de la familia el mejor ámbito para asimilar la cohesión intergeneracional que luego redunda en la cohesión social entre los ciudadanos de una comunidad.Constituye pues, una garantía de arraigo para las generaciones jóvenes y también una garantía de cohesión social hacia el futuro. Un futuro en un mundo que experimenta cambios acelerados y perdida de raíces e identidades, en el que la familia es, casi, lo único estable en la vida del individuo: siempre se es y se será hijo, hermano, tío, etc.

Se promueve tecnología para que la familia se entretenga individualmente con contenidos que provocan el uso excesivo de telefonía móvil, música auricular, tv, etc… Que van haciendo caduco el trato personal en la intimidad familiar del que dependen las posibilidades de enriquecimiento de cada  uno de sus miembros para luego extenderlo a  su vocación, a vivir en comunidad.

4. La familia ofrece la mejor protección social. El núcleo familiar es la fuente primaria de seguridad personal, esta seguridad no hace referencia solo al apoyo en  lo material o económico para los miembros que se encuentren en dificultades, sino también a la esencial  ayuda y compañía mutua.

Pero en algunos países se promueve la eutanasia por “conmiseración, reconocimiento al derecho del enfermo y respeto a su dignidad”, sobre el aliento del amor sin medida de los parientes y  el auxilio de cuidados paliativos. Se parte de suponer la existencia del desamor y egoísmo como  una “nueva realidad” entre familiares, y como un hecho insanable.

5. la familia es el primer ámbito de socialización, aprendizaje y trasmisión de pautas de conductas y de valores.  El buen funcionamiento de las familias, es clave para la estabilidad social y solución de problemas como el bullying.

La familia nada contra la corriente legaloide de un permisivismo de licencias para expendios de alcohol en cada esquina y a cualquier hora; pornografía en panorámicos, quioscos de revistas y cajas de pago de  supermercados;  tv violenta; música anticultura; corruptelas de drogas, antros, etc.

Así las cosas, mientras no se reconozcan, promuevan y protejan las cualidades naturales de la familia, las soluciones no atacaran el problema de raíz, y la enfermedad seguirá un curso en donde se le puede considerar “normal”, pero el estar enfermo, no lo será.

El estado es “para la familia” entendida esta como institución natural, pero faltan políticas familiares que las promuevan y sirvan de apoyo para sacar adelante sus propias cualidades. El grave problema es que se parte de una idea equivocada del hombre, del matrimonio, de la familia; y por lo tanto de la vida en sociedad. Lo que hace difícil entender de fondo los problemas  de la misma y saber resolverlos.

Por Orfa Astorga de Lira. Artículo publicado por la Revista Ser Persona 
 

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