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Una carta abierta a los evangélicos: “Os necesitamos”

Matt Wagers

Brantly Millegan - publicado el 23/06/14

Otra reforma católica en camino. ¿Os apuntáis?

A mis amigos evangélicos:

Os admiro. Realmente. Y os sorprenderíais al saber que muchos otros católicos también os admiran.

Admiramos vuestro conocimiento de la Escritura y vuestros estudios bíblicos. Admiramos vuestra devoción por la evangelización y las misiones. Admiramos vuestra disponibilidad para levantaros públicamente por vuestra fe incluso cuando signifique que se burlarán de vosotros o seréis humillados.

Pero sobre todo, admiramos vuestro profundo amor por Jesús. ¿Qué puede importar más?

Estas son todas las cosas que la Iglesia Católica tiene, por supuesto, pero los católicos no siempre vivimos nuestra fe muy bien.

Sí, todo el mundo ha pecado, evangélicos incluidos (vosotros seríais los primeros en admitir esto), pero sé que vosotros sois maravillosos porque fui educado en una congregación evangélica y fui al Wheaton College, el así llamado “Harvard de las escuelas evangélicas”. Algunos de lo más devotos, amorosos seguidores de Cristo que he conocido jamás son cristianos evangélicos.

No obstante, en 2010, alrededor de un mes antes de graduarme de Wheaton, me uní a la Iglesia Católica.
Antes de perder vuestra atención, dejadme decir que la mía no es una historia más de conversión – ahora veréis adónde quiero llegar.

No me fui a la Iglesia Católica porque pensara que los católicos tenían la mejor pastoral o la mejor predicación.

No fue que estaba desilusionado a causa de evangélicos hipócritas o que pensara que la Iglesia Católica estaba libre de escándalos (¿han oído algún escándalo sobre la Iglesia católica?). Y tampoco me uní a la Iglesia Católica porque pensara que personalmente conecto mejor con la liturgia o algo así.

No, me uní a la Iglesia Católica a causa de algo que estoy seguro de que podéis entender: Quería seguir a Jesús. Y estaba convencido de que la Iglesia Católica es el lugar establecido por Cristo donde se supone que la gente debe hacer eso.

Pero eso no quiere decir que recuerde mi época como evangélico negativamente. Al contrario, yo, como muchos otros evangélicos convertidos al catolicismo, estamos inmensamente agradecidos por todas las cosas maravillosas que recibimos del evangelicalismo. Me entristece decirlo, pero quizá no habría conocido la Escritura tan bien como hoy la conozco si hubiera sido educado como católico. De hecho, mi época como evangélico me preparó para ser mejor católico.

Lo que me lleva al punto principal de esta carta: os necesitamos.

Nos dice San Pablo en 1 Co 12 que hay muchas partes del Cuerpo de Cristo, cada una con un papel único e indispensable. “El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito», ni la cabeza, a los pies: «No tengo necesidad de ustedes». (v. 21) Como los cristianos bautizados, los evangélicos tienen dones que la Iglesia necesita para llevar a cabo con efectividad su misión de salvar almas – dones que están sumamente ausentes.

Me refiero a un problema que a muchos de ustedes les preocupa: el Cuerpo de Cristo está sufriendo en su testimonio del Evangelio porque no estamos unidos y trabajando conjuntamente.

Ahora, como ya expliqué en otro lado, no cre que la sola scriptura sea suficiente para establecer unidad entre los cristianos.

Llevamos varios siglos de historia protestante, y pienso que le queda claro a todos que sólo lleva a una interminable separación, a un mínimo pluralismo de común denominador, y a un lonerismo. Pero no a la Iglesia.

Por eso, pienso que debemos regresar a la fuente: La Iglesia primitiva, la Iglesia de los mártires y santos, la Iglesia fundada por Cristo, con obispos sucediendo a los Apóstoles, la Iglesia Universal (aka Católica). Es lo que he hecho.

Pero esperen un momento, ustedes dicen, ¿qué la Iglesia católica no es corrupta? ¿No necesita una reforma?

La Iglesia Católica siempre necesita una reforma, al menos en lo que se refiere a la santidad y fidelidad de sus miembros. Era cierto en el siglo I, era cierto en el siglo XVI, y sigue siendo verdad al día de hoy.

Y es ahí donde ustedes entran. Necesitamos su ayuda con otra auténtica reforma católica.

Verán, los reformadores protestantes no fueron los primeros en buscar la reforma cristiana. Muchos de los más grandes santos de la Iglesia fueron reformadores durante épocas de terrible corrupción e infidelidad. Quizá podrían elevar la mirada a algunos de ellos: San Gregorio Magno, San Benito de Nursia, Santa Catalina de Siena, San Ignacio de Loyola, San Francisco de Asís, y muchos otros.

Pero, ¿no recuerdan el mensaje que San Francisco de Asís oyó de Jesús? Si no conocen la historia, él estaba orando en una pequeña y tambaleante capilla fuera de la ciudad cuando Jesús le habló desde el crucifijo, “Francisco, repara mi Iglesia, pues anuncia ruina”. Francisco originalmente tomó este mensaje como una orden de reparar el edificio de la iglesia, pero se volvió claro con el tiempo que Dios lo había llamado a reformar la Iglesia espiritualmente.

Observen que Francisco fue llamado a reparar la Iglesia, no a comenzar una nueva. Necesitamos levantar la Iglesia que Jesús fundó, no llevárnosla con nosotros para comenzar otra.

Esta es la diferencia entre los santos y los reformadores protestantes. Los santos buscaron una reforma dentro de la Iglesia, mientras que los reformadores protestantes escogieron el cisma – y hemos estado lidiando con el resultado desastroso desde entonces.

Claro que ellos escogieron esa ruta porque diagnosticaron un problema en la Iglesia no meramente moral, sino doctrinal. Pensaron que no podrían estar de acuerdo respecto a la doctrina correcta.

Al día de hoy, no me queda claro que la mayoría de los evangélicos realmente tengan un problema con casi todo el Catolicismo actual. Los católicos creen que la gente se salva sólo por Jesús, que es Dios encarnado y el único digno de nuestra veneración; creemos en la absoluta necesidad de la gracia y misericordia de Dios para la salvación; creemos que la Biblia es la Palabra de Dios inspirada y final en todos sentidos; creemos en el pecado y le juicio, el cielo y el infierno, la urgente necesidad de evangelización, en el arrepentimiento, la fe, la esperanza y la caridad, etc.

Sí, hay áreas de desacuerdo significativo: la naturaleza precisa de justificación, el número de libros en el Antiguo Testamento, el papel de la tradición oral, los sacramentos, etc. Pero es por eso que tenemos una Iglesia, que la Escritura la llama “columna y fundamento de la verdad.” (1 Tim 3.15): para corregirnos cuando estamos mal. Escoger una iglesia porque está de acuerdo con la teología de uno es lo opuesto a cómo la Iglesia debería trabajar.

Y mientras ciertos líderes evangélicos están obviamente muy comprometidos con su particular transformación de esas doctrinas, no estoy seguro de que la mayoría de evangélicos comunes y corrientes estén tan comprometidos realmente con sus posturas. Si eres un evangélico que está más interesado en “sólo seguir a Jesús” que continuar los intrincados debates teológicos de los últimos siglos, te sugiero que no tengas una buena razón para seguir siendo protestante, puesto que fueron esos debates los que causaron el cisma desde el principio. De hecho, el Magisterio vivo de la Iglesia podría ser lo que andas buscando: con su autoridad ejemplar, fundada en Cristo, para establecer barreras para interpretar la Escritura y resolver desacuerdos, ofrece un camino para la gente para superar interminables disputas (pero sin abandonar totalmente la teología) y centrarse mejor en seguir a Jesús.

Claro está, como ya dije, el Catolicismo vivido tiene problemas. Pero me gustaría desafiaros a mirar los problemas de manera distinta. En lugar de usar los problemas como munición contra la unidad cristiana, ¿podrían ayudarnos a mejorar las cosas?

En otras palabras, ¿podríais tomar lo mejor del Evangelicalismo – su fervor por la evangelización, su conocimiento de la Escritura, su compromiso creativo de la cultura, etc. – y traerlos con vosotros a la Iglesia Católica para enriquecerla desde dentro?

Si vosotros lamentáis que la mayoría de católicos no conozcan la Escritura, por ejemplo, entonces venid a la Iglesia Católica y empezad estudios bíblicos. Si lamentáis que los católicos no estén evangelizando, empezad un programa de entrenamiento de evangelización para católicos. O lo que os sintáis inspirados a hacer. Pero intentad arreglar los problemas.

Y no estaríais totalmente solos. Os sorprenderíais de saber que muchos antiguos evangélicos ya están haciendo esto. De hecho, en las últimas décadas ha habido un sorprendente giro en la historia, uno que nadie en el no tan lejano pasado podría haber visto venir: desde los escombros de las tonterías heréticas, escandalosas y sacrílegas que han estado consumiendo a la Iglesia Católica en las últimas décadas, Dios aparentemente ha optado por provocar parte de su reforma a través de un pequeño pero significativo goteo de conversiones de un grupo que ha considerado históricamente al Catolicismo su peor enemigo: el Protestantismo Evangélico.

Realmente, ¿quién vio eso venir? Pero eso es lo que tiene Dios para ti.

Pasad algún tiempo en círculos católicos, y rápidamente os daréis cuenta que muchos (ciertamente no todos) de los católicos que están llevando nuevos ministerios, elaborando nuevos programas, o quienes intentan revitalizar la auténtica vida católica son los convertidos del Evangelicalismo.

Pero hay mucho trabajo por hacer.

Motivo por lo cual os necesitamos.

La puerta está abierta. Os estoy invitando a volver a la comunión plena con la Iglesia Católica para que podamos trabajar conjuntamente y hacer lo que los reformadores protestantes deberían haber hecho: reformar la Iglesia que Cristo nos dio.

Os advierto con toda sinceridad: es un trabajo duro. A veces parecerá que no estamos haciendo ningún progreso. Tendréis resistencias de los católicos acomodados en su status quo, y podríais sentiros a veces tentados de sacar otro Lutero. Pero verdaderamente creo que si, como los santos antes que nosotros, con total dependencia en la gracia de Dios, perseveramos en la humildad, la paciencia, la oración, y la diaria conversión personal, podremos hacer la diferencia.

Luego, fortalecidos con todos los dones del Cuerpo de Cristo trabajando juntos en el camino que Cristo había pensado, podremos ir y salvar almas con más efectividad.

¿Se apuntan?

En Cristo. Brantly

Brantly Millegan es asistente de editor en Aleteia. Es también co-fundador y co- editor de Second Nature y Co-director del International Institute for the Study of Techology and Christianity. Está terminando un master en Teología en el St Paul Seminary School of Divinity y comenzará un doctorado en Teología en la Catholic University of America este otoño. Vive con su esposa y sus hijos en South St. Paul, MN. Su página Web personal es brantlymillegan.com

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