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Las cárceles y la tortura

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Khashayar Kouchpeydeh | Unsplash | CC0

Alicia Peressutti - publicado el 22/06/14 - actualizado el 07/03/23

¿Acaso los privados de libertad no tienen derechos? Una reflexión impactante de la activista Alicia Peressutti

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«Las cárceles son para disciplinar a los pobres», me dijo una vez un anciano obispo, que me dejó sin palabras para acotar. Y mi abuela siempre dijo: «las cárceles son para los pobres».

Es decir, de una manera u otra la idea de estos espacios termina confluyendo en un solo concepto: a las cárceles no van los delincuentes, sino sólo los delincuentes pobres, y a veces quizás sólo pobres inocentes y perejiles del momento.

Esta idea también atraviesa a quienes trabajan en ellas, y que quizás a veces se sientan tan presos como los condenados.

Es decir comparten la condena del horror, de la injusticia (en un lugar donde debería hacerse justicia) y de la desesperación.

Pobres contra pobres, en un círculo infinito de locura y muerte, para que unos pocos se sientan seguros de que esos pobres, ya sean privados de la libertad o guardias, les garanticen una sociedad disciplinada, donde el hambre y la falta de derechos no se griten en las calles.

Un lugar para pobres

Las cárceles son para los pobres, para ladrones de poca monta, para perejiles de la mafia, para violadores sin buenos abogados.

¿Qué político o empresario procesado y condenado va a la cárcel? Quien tenga un listado me lo pasa.

Los políticos que delinquen tienen tan aceitado el sistema, que nunca van a los pabellones sin vidrios, sin luz, sin frazadas, donde los pibes de apenas 18 años portan el catarro eterno del frío en los huesos. La tos infinita de la humedad en el alma, el dolor sin consuelo de sobrevivir a lo que sea, a sus compañeros y a los guardias que tienen el poder de decidir cuándo viven o cuándo mueren.

Me cansé de escuchar a cientos de políticos y políticas hablar y hablar de derechos humanos, haciendo un slogan de dos palabras que significan demasiado para ensuciarlas en tanto acto, sin sentido.

¿Recuperación o perdición?

¿Qué políticos entraron o entran habitualmente a las cárceles? ¿Acaso los privados de la libertad no tienen derechos?

¿En qué se diferencia una cárcel moderna de las antiguas mazmorras del medioevo? ¿En vez de concebir a las cárceles como espacios para enterrar vivos a las personas, no podríamos pensarlas como espacios de recuperación? 

Las cárceles son espacios de venganza. Se ha vuelto habitual, ver imágenes de cárceles, donde los privados de la libertad aparecen en situaciones de tortura, horror y muerte. Y como sociedad callamos, y agradecemos que no nos pase.

Un sueño

He admirado a una compañera de trabajo que tenía, que visitaba a privados de la libertad que querían seguir una carrera terciaria, y los trataba con respeto, con esperanza, y la verdad que conseguía cosas impensables.

Un día nos sentamos a conversar y con lo ojos llenos de lágrimas me dijo: «Yo no quiero saber qué hicieron; si no, no puedo pensarlos como lo que son, personas».

A veces tengo un sueño que me desvela: siento que me muero, llego donde está Jesús que me mira con tristeza y me dice: «estaba desnudo y no me vestiste, tenía hambre y no me diste comida, tenía sed y no diste agua, tenía miedo y no me consolaste, estaba solo y no me acompañaste, me golpeaban, me torturaban y nunca te importó de mí».

Entonces yo le digo: «pero Señor, no puede ser… ¿dónde estabas que no te vi?» Y Jesús doblemente triste, me dice: «en la cárcel»…

El problema con los sueños es que a veces se hacen realidad, o quizás surgen de la realidad….

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