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El fútbol es un regreso al Paraíso. Palabra de Joseph Ratzinger

© JEWEL SAMAD / AFP
UNITED STATES, Houston : Israel's goalkeeper Ariel Harush leaps in the air in an fail attempt to stop a goal kicked by Honduras' midfielder Roger Espinoza during their World Cup preparation match at the BBVA Compass Stadium in Houston, Texas, on June 1, 2014. Israel won the match 4-2. AFP PHOTO/Jewel Samad
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Una reflexión que data del 1985 sobre el mundial de fútbol y sobre por qué este deporte logra transportar a tanta gente

El aficionado que no esperas. Se llama cardenal Joseph Ratzinger y en 1985 son publicadas una serie de reflexiones sobre el fútbol en el libro “Buscar las cosas de arriba”. Un volumen escrito antes del campeonato del mundo del ‘86, llevado a cabo en México que se abre con una pregunta algo elemental y profunda: ¿por qué este deporte logra transportar a tanta gente? Reproponemos hoy, a dos días del inicio del Mundial en Brasil, sus respuestas más agudas.

¿Dónde se funda el atractivo por el fútbol?

“Regularmente cada cuatro años el campeonato mundial de fútbol se demuestra como un evento que fascina a cientos de millones de personas. Ningún otro acontecimiento sobre la tierra puede tener un efecto tan grande, lo que demuestra que esta manifestación deportiva toca un elemento primordial de la humanidad y se termina preguntando en qué se basa todo este poder de un juego. El pesimista dirá que es como en la Roma antigua.

Regreso al Paraíso

La palabra de orden de la masa era: panen et circenses, pan y circo. El pan y el juego serían los contenidos vitales de una sociedad decadente que no tiene otros objetivos más elevados. Pero si se aceptara esta explicación, no sería absolutamente suficiente. Se debería preguntar también: ¿en qué reside la fascinación de un juego que asume la misma importancia que el pan?

Se podría responder, haciendo referencia a la Roma antigua, que la petición de pan y juego era en realidad la expresión del deseo de una vida paradisíaca, de una vida de saciedad sin afanes y de una libertad satisfecha. Porque eso es lo que se entiende en última instancia con el juego: una acción completamente libre, sin objetivo y sin constricción, que al mismo tiempo compromete y ocupa todas las fuerzas del hombre. En este sentido el juego sería una especie de intento de vuelta al Paraíso: la evasión de la seriedad esclavizante de la vida cotidiana y la necesidad de ganarse el pan, para vivir la libre seriedad de lo que no es obligatorio y por eso es bello.

El juego une

De esta manera el juego va más allá de la vida cotidiana. Pero, sobre todo en el niño, tiene también el carácter de ejercicio a la vida. Simboliza la vida misma y la anticipa, por así decir, de una manera libremente estructurada. Me parece que la fascinación del fútbol esté esencialmente en el hecho que enlaza estos dos aspectos de una manera muy convincente. Obliga al hombre a imponerse una disciplina de modo que obtenga con el entrenamiento el domino de sí mismo, con el dominio, la superioridad y con la superioridad, la libertad. Además le enseña sobretodo una camaradería disciplinada: en cuanto a que es un juego de equipo obliga a la inserción del individuo en el equipo. Une a los jugadores con un objetivo común; el éxito y fracaso individual están en el éxito o fracaso colectivo.

Riesgo de contaminación especulativa

Además, enseña una rivalidad leal, en donde la regla común, a la que se somete, permanece el elemento que conecta y une en la oposición. Finalmente, la libertad del juego, si se desarrolla correctamente, anula la seriedad de la rivalidad. Participando, los hombres se identifican con el juego y con los jugadores, y participan personalmente a la camaradería y la rivalidad, a la seriedad y a la libertad: los jugadores se vuelen un símbolo de la propia vida; lo que repercute, a su vez, en ellos pues saben que los hombres representan en ellos a sí mismos y se sienten confirmados. Naturalmente todo eso puede ser contaminado por un espíritu especulativo que somete todo a la densa seriedad del dinero, transforma el juego de juego a industria, y crea un mundo ficticio de dimensiones espantosas.

Libertad y disciplina

Pero ni siquiera este mundo ficticio podría existir sin el aspecto positivo que está en la base del juego: el ejercicio a la vida y la superación de la vida en dirección al paraíso perdido. En ambos casos se trata de buscar una disciplina de la libertad; de ejercitar consigo mismo la armonía, la rivalidad y la entendida obediencia a la regla.

Más allá de la diversión

Quizá, al reflexionar sobre estas cosas, podríamos nuevamente aprender del juego a vivir, porque en él es evidente que hay algo fundamental: no sólo de pan vive el hombre, el mundo del pan es sólo el preludio de la verdadera humanidad, del mundo de la libertad. La libertad se nutre de la regla de la disciplina, que enseña la armonía y la rivalidad leal, la independencia del éxito exterior y del arbitrio, y se vuelve, de hecho, verdaderamente libre. El juego, una vida. Si vamos más profundamente, el fenómeno de un mundo apasionado de fútbol puede darnos más que sólo un poco de diversión.

 

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