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De refugiado a jugador del Boca Junior

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Testimonio de un joven de Ghana que ahora juega en la juvenil del equipo argentino Boca Juniors, casa futbolera de Maradona y Tévez. «Mi sueño jugar un mundial con la camiseta argentina».

Huérfano debido a las luchas tribales en Ghana, Bayan Mahmud, a la edad de 16 años decide de escapar de su país.  En 2010 se embarca como polizón en un buque de carga que lo lleva sin saberlo a Argentina. “Tenía miedo, pero el lugar donde estaba también me daba miedo y no tenía ninguna opción” dijo. 

Para un refugiado tener la oportunidad de poner en campo el propio talento es una lotería. Sin embargo, ACNUR Américas en ocasión de la Jornada Internacional del Refugiado (JMR) que se celebra este viernes en todo el mundo, ha compartido el testimonio de Bayan para subrayar la necesidad de apoyar la integración de estas personas en el lugar de destino. 

Un joven con un talento futbolistico natural y una voluntad de hierro que le ha dado la posibilidad de aspirar a jugar en las juveniles del Boca Junior, el equipo que ha sido la casa de jugadores de la talla de Diego Armando Maradona y Carlos Tévez

Al inicio, la gente le daba de comer, no hablaba español, vagaba por las calles. “Un día estaba caminando en la plaza Dorrego (de Buenos Aires) y unos chicos me dijeron si quería jugar. Allí una persona me llamó para hacer una prueba en Boca”. El observador de talentos, Ruben Garcia lo escritura en el equipo de la bombonera. 

El Boca Junior lo acogió en una de sus casas para talentos y le ha ayudado a traer a su hermano mayor al país. El joven de 19 años aspira a jugar profesionalmente y un día pisar un mundial de fútbol vistiendo la camiseta argentina, su patria de acogida. De hecho, el talento le corre por las venas; su padre fue un jugador reconocido en la ciudad de Kumasi. 

Bayan recuerda con nostalgia el sueño de infancia de seguir los pasos paternos y la tragedia del asesinato de sus  padres. Bayan pateaba la pelota en campos polvorientos en su país, pero "la vida era bonita" como admite el mismo en una entrevista al Daily Telegraph. “Jugaba  siempre, sin zapatos, en campos donde no había ni siquiera arcos”.

Las cosas cambian radicalmente a los diez años. Un día regresando a su casa junto a su hermano mayor encontró los cuerpos sin vida de sus padres masacrados por los miembros de una tribu adversaria, los Mamprusis. 

“La muerte de mis padres fue una tragedia para nosotros. Nos llevaron a un orfanato, pero cinco años después el instituto fue atacado por hombres armados y he pensado que si me quedaba en Ghana, moriría. Por esto decidí viajar. Pensé ir a Europa, pero me embarque en la primera nave que encontré”.

Bayan ahora es uno de los casi 5.000 refugiados que viven en Argentina. La agencia de refugiados de Naciones Unidas recuerda que “la promoción de la integración local y la autosuficiencia de las personas con necesidad de protección internacional es una de las prioridades” recordando el espíritu de la celebración de JMR. 

Para ello, existe la Declaración de Cartagena sobre los Refugiados que fue firmada por los mandatarios de la región en 1984. Esta declaración es un instrumento en América Latina y el Caribe para el desarrollo del asilo en el Continente. La declaración de Cartagena cumple este año 30 años. 

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