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Papa Francisco el Mundial: sólo sonríe, «que gane el mejor»

Vincenzo Pinto/AFP
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El jefe de protocolo vaticano, el argentino Guillermo Karcher, cuenta cómo vive el Mundial junto al Papa

El oficial de protocolo de la Santa Sede asegura que el pontífice sonríe cuando le dice: "¡Viva Argentina!", aunque admite que ya no se le puede pedir que hinche por la albiceleste.
 
No obstante, revela, que prueba con su mirada cuando le exclama: "Qué gane el mejor" y que "todos los pueblos festejen y hagan »»la ola»» hasta desbordar las tribunas".
 
En un artículo titulado "Una mirada desde el Vaticano, junto al Papa, del Mundial 2014", escrito para la agencia de noticias argentina DyN, Karcher admite que el deseo mundialista de Jorge Bergoglio es que todos los pueblos aprendan la ola de la solidaridad".
 
El oficial de protocolo comenta en su nota el reciente videomensaje del Papa para la apertura de la Copa y afirma que éste le sugiere "algunas ideas que me parece pueden ser consideradas como imágenes en »»cámara lenta»» para ser vistas y revistas, como en un »»re-play»», para vivir con espíritu deportivo y fraterno este campeonato".
 
Éste es el artículo completo:

Una mirada desde el Vaticano, junto al Papa
 
Charlando con el Papa Francisco, y comentando su reciente videomensaje con motivo de la apertura del Mundial de fútbol 2014 en Brasil, me fueron surgiendo algunas ideas que me parece pueden ser consideradas como imágenes en "cámara lenta" para ser vistas y revistas, como en un "re-play", para vivir con espíritu deportivo y fraterno este campionato.

Ante todo, estamos hablando de un acontecimiento que supera, como bien dijo el Papa, las fronteras lingüísticas, culturales y nacionales, es decir un "evento que hermana a los pueblos".

El Mundial es una invitación al "encuentro", a compartir con alegría y entusiasmo y, por qué no, con un sano fanatismo, las jugadas y los resultados, mientras se siguen los partidos a través de los medios de comunicación social.
Es también una ocasión para adherir cotidianamente a las "hinchadas" de cada estadio, alimentando la simpatía y el conocimiento recíproco, sin degenerar jamás en la falta de respeto y en "barras bravas".

En el Mundial se aprende a valorar la importancia del "entrenamiento", es decir del esfuerzo y del sacrificio que, como en la vida, cuando hechos por nobles ideales, provocan satisfacción personal y compartida para el bien del otro.

Quiere ser una escuela de estrategias de "juego en equipo" y de "juego limpio", que descarta el protagonismo de quien "se come la pelota" y tiene en cuenta al compañero con su talento, que complementa y perfecciona la propia jugada.
En cada partido el desafío consiste también en respetar al adversario, que no es un enemigo al que bajar con faules, sino alguien a quien superar mientras se avanza ganando terreno hasta alcanzar el área y el arco del equipo contrincante.

Se podrían hacer muchas otras consideraciones, sobre todo desde un lugar como el Vaticano en que se vive la "internacionalidad" y el servicio al mundo entero.

Charlando de todo esto con el Papa, por supuesto yo digo: "¡viva Argentina!", pero él sonríe. Es cierto, ya no se le puede pedir que haga la hinchada en modo explícito por el equipo blanco-celeste (pues tiene que mantener un espíritu neutral y "super partes"). Pero entonces: ¡Qué gane el mejor! Y que al final todos los pueblos festejen y "hagan la ola" hasta desbordar las tribunas aprendiendo a hacer también la "ola de la solidaridad". Y él aprueba con su mirada.
 
Artículo originalmente publicado por Valores Religiosos
 

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