Aleteia

​¿Qué diferencia hay entre presbítero y diácono?

©
https://www.flickr.com/photos/bostoncatholic/8815597599
GM3_0587.JPG

Cardinal Seán P. O’Malley ordained five men to the Priesthood on Saturday, May 25, 2013, at the Cathedral of the Holy Cross, Boston.
 
Cardinal Seán said, “The priesthood is a gift from Christ. We are grateful for the generosity these men have given to the Lord’s call to service. They will join their brother priests, dedicated religious women and men and the faithful ministering in our parishes, working to build strong faith communities. We pray that these newly ordained priests inspire the current generation of young men to consider the possibility of a vocation and, as they are called, to join those in formation at our seminaries.” 
 
The priests ordained are:
 
Father John Augustine Cassani 
One of the three sons of Richard and Mary Ellen (Pumphrey) Cassani, Father Cassani was born on June 7, 1980. A son of St. Jerome Parish in North Weymouth, he is an alumnus of Xaverian Brothers High School in Westwood and graduated from Holy Cross in Worcester in 2002. Father Cassani completed his seminary studies at St. John’s in Brighton and spent his deacon year working at Sacred Heart Parish in East Boston. Before seminary, he was a financial analyst for South Shore Savings Bank in Weymouth. Father Cassani will celebrate his first Mass at his home parish of St. Jerome’s in Weymouth on May 26 at 11:30 a.m. He will also be the homilist. 
 
Father Thomas Keith Macdonald 
An alumnus of Rome’s Pontifical North American College and a native of Westford, Father Macdonald is one of the three children (one sister, one brother) of Thomas and Kathleen (Verfaillie) Macdonald. He was born on July 9, 1984. This avid hiker is a fan of reading Catholic writers G.K. Chesterton and Joseph Pieper. Father Macdonald, a son of St. Catherine of Alexandria Parish, Westford, graduated from local schools before attending UMass Amherst. Father Macdonald spent his deacon year at St. Paul Parish in Cambridge. Father Macdonald will celebrate his first Mass at St. Mary Star of the Sea Parish in Beverly on May 26 at 10:30 a.m. The homilist will be Bishop Arthur Kennedy.
 
 Father Jacques Antoine McGuffie 
A native of Port-au-Prince, Haiti, where he was born on June 18, 1946 to the late Dickens and Leonie (Jean-Philippe) McGuffie, Father McGuffie is one of 7 children — five sisters and one brother. He attended high school at Lycée Alexandre Pétion in Port-au-Prince. He received his BA from Northeastern University in Boston and his MBA from Boston University. Before entering and completing his seminary studies at Blessed John XXIII Seminary in Weston, he worked for the Massachussetts Department of Social Services. Father McGuffie spent his deacon year at St. Catherine of Alexandria in Westford. He will celebrate his first Mass on May 26 at 10:00 a.m. at St. Patrick Church in Roxbury; Father Walter J. Waldron will be the homilist.
 
 Father Gerald Alfred Souza 
This son of St. Kateri Tekakwitha Parish in Plymouth was born Nov. 3, 1985 to Paul and Donna (Urquhart) Souza. He has one brother. Father Souza attended Sacred Heart School in Kingston for elementary and high school. Father Souza attended St. Charles Borromeo Seminary in Philadelphia for the first three years of college, before graduation from Franciscan University in Steubenville, Ohio in 2008. He completed his seminary formation at St. John’s in Brighton. His deacon assignment was spent at St. Mary Parish in Lynn.
 
Father Souza’s first Mass will be at St. Kateri Tekakwitha Parish on May 26 at 2:00 p.m. He will be the homilist as well. 
 
Father Christopher William Wallace 
One of two sons of William and Kathleen (Moran) Wallace, Father Wallace was born Jan. 19, 1983. This native of Our Lady of Good Counsel in Methuen, attended local schools before matriculating at Merrimack College in North Andover. Father Wallace completed his seminary studies at St. John’s and spent his deacon year at St. Joseph Parish in Needham. He is an avid Boston sports fan and also supports the Archdiocesan Serra Club for encouraging vocations. Father Wallace will celebrate his first Mass at St. Theresa Church in Methuen on May 26 at 10:30 a.m.
 
(Photo credit: George Martell/The Pilot Media Group) Posted under a Creative Commons No-Deriv Attribution license.
Comparte
Comenta

El presbítero tiene algunas potestades sacramentales específicas, el diácono asiste al sacerdote

El sacramento del Orden tiene tres grados: episcopado, presbiterado (el presbítero es a quien denominamos comúnmente “sacerdote”) y diaconado.

Los tres grados son explicados en los números 1554-1571. Es un texto largo, y a él me remito para una exposición completa. Aquí nos limitaremos –esa es la consulta, enviada a Aleteia desde Guatemala a través de Facebook- a las funciones del diácono, y las diferencias al respecto con el sacerdote (presbítero).

El presbítero es propiamente sacerdote; no tiene el sacerdocio en plenitud –eso es propio del obispo-, pero es verdadero sacerdote. Eso le confiere algunas potestades sacramentales, especialmente sobre los sacramentos, pues la celebración de varios de ellos –Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Confirmación- requiere el sacerdocio.

Incluyo aquí la Confirmación porque, aunque normalmente se reserva al obispo, puede celebrarla un sacerdote en ciertos casos.

El diácono ha recibido el sacramento del Orden, pero no es propiamente un sacerdote, y no tiene las mencionadas potestades sacerdotales.

Su principal función es la asistencia al sacerdote –cualificada: no es simplemente “un ayudante”- en esas celebraciones.

Así por ejemplo, en misa, si hay un diácono será él quien lea el Evangelio –las disposiciones litúrgicas no permiten hacerlo a un lector laico- y puede encargarse de la homilía, y distribuirá la comunión junto al celebrante (o él solo, si hay razones para ello).

Hay dos sacramentos para los cuales no es imprescindible la potestad sacerdotal. El primero es el Bautismo, pues puede celebrarlo válidamente cualquier persona (válidamente: lícitamente sólo en casos de necesidad).

El segundo es el Matrimonio, pues aunque muchos tengan la mentalidad de que “les casa el cura”, en realidad son los contrayentes los ministros del sacramento (evidentemente, no lo son de la Eucaristía si se celebra la unión dentro de la Misa), y el sacerdote aquí es una especie de testigo cualificado que recibe el consentimiento de los contrayentes en nombre de la Iglesia).

Pues bien, en estos dos casos el diácono puede ejercer el papel que ordinariamente vemos hacer al sacerdote. También puede dirigir una liturgia de la palabra, y celebrar un entierro, pues no se celebra ningún sacramento en estos casos.

En cuanto al vestido –se incluye en la consulta-, hay que tener en cuenta que un diácono es un clérigo, por lo que le corresponde vestir como tal.

En las ceremonias litúrgicas, el diácono tiene una pieza particular en lugar de la casulla –ésta se reserva al sacerdote-, llamada dalmática. Ciertamente, para alguien que conozca poco los detalles litúrgicos, la dalmática puede parecer una especie de casulla peculiar, pero en realidad son vestiduras distintas.

El diácono, decíamos, está para asistir al sacerdote, pero puede surgir alguna confusión en lugares en los que no hay sacerdote y sí diácono. En vez de asistir tiene que suplir. ¿Qué puede hacer el diácono en estos casos? Lo que puede; o sea, todo menos lo que requiere una potestad sacerdotal, pues no la tiene. No puede celebrar la misa, ni confesar, ni confirmar, ni dar la Unción de enfermos.

En estas situaciones suele suceder que los domingos se celebre una liturgia peculiar en vez de la misa. Consta de la liturgia de la palabra, y, si ha pasado por allí un sacerdote que al celebrar misa ha dejado Hostias consagradas, se añade la liturgia de la comunión. O sea, de las tres partes de la Misa, se celebra la primera y la tercera, pero no la central.

No es central solamente por estar en segundo lugar, sino por que es verdaderamente el centro de la celebración: el sacrificio eucarístico. Más no puede hacer el diácono.

Como suele coincidir esta circunstancia con lugares donde la formación cristiana es bastante incompleta, es natural que se piense que lo celebrado es una misa. Pero no lo es.

Newsletter
Recibe Aleteia cada día