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El amor romántico ¿era denigrante con la mujer?

© EMprize/SHUTTERSTOCK
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El amor romántico parte de que a las mujeres se nos trata, por principio y siempre, estupendamente

Leo atónita que la directora del Instituto Canario de Igualdad considera que es necesario «deconstruir el modelo de amor romántico” por sexista y promotor de la violencia contra las mujeres.

Lo leo varias veces y no doy crédito porque creo honradamente que es justo al revés lo que sucede. Que una igualdad mal entendida sea la que hoy facilite determinadas situaciones de violencia.

Yo veo tratar a muchos chicos y hombres a las mujeres y me da vergüenza. Claro que también me la da cuándo veo a ellas tratarles a ellos o dejarse tratar por ellos.

Todos como carreteros y todos mal, ellos y ellas. Empezando por el lenguaje y siguiendo por las formas, una pena.

El amor romántico, aunque hay mil acepciones de qué sea eso, parte de que a las mujeres se nos trata por principio y siempre estupendamente. Se nos abre la puerta, no se nos deja llevar peso y todo se hace con delicadeza. Luego, además, se nos tiene una consideración especial si se nos pretende, que decía mi abuela.

Entonces el cuidado se dobla y se mantiene. El amor romántico también parte de que los hombres son caballeros aunque no tengan caballo. Es decir, se supone que son fuertes aunque sean enclenques, se les atribuye una capacidad de protección, de defensa y algo que se llamaba honor antiguamente.

El amor romántico no es el 14 de febrero, ni los bombones en forma de corazón, ni toda la parafernalia de estupideces cursis hasta la extenuación. Ni mucho menos, como indica la directora del Instituto Canario de Igualdad, que las mujeres aguanten carros y carretas, precisamente porque lo que pregona el amor romántico es que si me quieres me cuidas como lo más preciado de tu vida y siempre.

Pero hoy somos bobos y pasamos de la cursilería y la horterada más espantosa a la brutalidad más evidente.

Efectivamente, la estética va unida a la moral, y en las relaciones esto se nota de una forma palpable. Feos los modos, el tratamiento y el comportamiento.

Porque hemos perdido las más elementales formas de educación, entre las que se encontraban ese modo diferente de tratar a las mujeres, más delicado y con más atenciones que si es tu compañero de rugby.

A la vez creemos que nos podemos utilizar mutuamente sin hacernos daño, como un deporte donde todos acabamos perdiendo. De eso va la liberación sexual, no es otra cosa diferente.

Nunca ha habido más presión sobre las mujeres para que tuvieran un ligue, como también sobre ellos, y, a la vez, nunca una sociedad ha sido menos pro pareja estable, matrimonio, que es lo que hoy no se lleva.

Ese toma y deja y salta al o a la siguiente, ese no pasa nada cuando algo se rompe, sal y diviértete, pero sola no estés porque hay que tener un lío o algo, lo que sea, constituye todo un panorama desolador de las relaciones.

Y no diré que las mujeres somos las que más salimos perdiendo porque pienso honradamente que los hombres también pierden. Pero eso no es consecuencia del amor romántico, es justo lo contrario a éste.

El amor romántico servía de inspiración, un toc toc en la mente, para que las mujeres conscientes supieran que ellas valían siempre el mayor de los esfuerzos y se hicieran valer.

Y también para que supieran, porque tontas no eran, que un príncipe no es nunca un heredero a la corona, sino el héroe cotidiano del que te puedes fiar hasta la muerte, el que tira contigo del carro común aunque esté cansado y no le apetezca, el que se compromete.

Escrito por Aurora Pimentel en Adiciones

 

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